La investigación por el asesinato de Leandro David Ontivero (23), ocurrido la noche del martes, dio un giro este jueves con la definición de la situación procesal de los detenidos y la ampliación de la pesquisa hacia nuevos sospechosos. La fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta imputó a la mujer detenida como coautora de homicidio y, en paralelo, ordenó la captura de seis personas señaladas como partícipes del ataque ocurrido en el barrio Buena Vista, en El Borbollón, Las Heras.
La imputada fue Camila Alexandra Ortiz, quien quedó formalmente acusada por su presunta intervención en la balacera que terminó con la vida del joven. En cambio, ordenó que el otro detenido, Carlos Nicolás Zárate, recupere la libertad luego de que los testimonios incorporados al expediente no lo ubicaran en la escena del crimen.
Tanto la pareja de la víctima, testigo directo del hecho de sangre, como su hermano coincidieron en no señalarlo entre los agresores, pese a conocerlo por su vínculo con el entorno familiar de los personajes que están en la mira. Por lo que declararon las fuentes a este diario, no tuvo nada que ver con el hecho de sangre.

Con esa definición, la causa se reorientó hacia un grupo más amplio. Según la reconstrucción judicial y policial, los protagonistas del ataque serían al menos seis personas, algunas de ellas pertenecientes a la familia señalada por el conflicto previo y otras del mismo entorno barrial. Todos son buscados por efectivos de la División Homicidios de Investigaciones.
El origen del enfrentamiento, según las distintas versiones reunidas en el expediente, se remonta a una disputa aparentemente menor que escaló en violencia: la desaparición de una chancha.
El animal pertenecía a la abuela de la víctima y de su hermano Esteban, y el rumor en el barrio apuntaba a que había sido sustraído por vecinos que viven enfrente de la mujer. Ese señalamiento derivó en un cruce directo el día previo al crimen, cuando el hermano de Ontivero fue a reclamarles por la devolución del cerdo.
Esa tensión se trasladó a la noche del homicidio, aunque con relatos que difieren en puntos clave. La versión de la pareja de la víctima sostiene que no vivían en la zona y caminaban porque iban a la casa de su madre, cuando comenzaron los disparos. Y que incluso alguien advirtió que Ontivero podía estar armado porque “llevaba un bolsito”. En ese contexto, el joven pidió que no tiraran porque estaba con su mujer.
La joven se refugió debajo de un camión y, segundos después, el muchacho recibió un disparo por la espalda, con orificio de salida en el cuello, que le provocó la muerte minutos después cuando ingresó a la casa de su abuela y se desplomó en sus brazos.
El testimonio del hermano del joven ultimado describió otra secuencia: aseguró que fue Leandro quien primero se acercó al grupo para preguntar “con quién hay que hablar” para solucionar el problema de la chancha y que la respuesta fue negativa, tras lo cual comenzaron los tiros.
Ante esto, los investigadores analizaban ambas reconstrucciones y buscaban determinar si la víctima estaba armada o si intervino en defensa de su hermano luego de la pelea del día anterior por la restitución del animal.
Con peritajes en curso, la imputación, la liberación y los nuevos pedidos de captura, la fiscalía intenta esclarecer quién efectuó el disparo mortal y cómo se organizó el ataque. La causa, que se inició por un conflicto barrial, apunta a un grupo identificado y prófugo, mientras la única imputada permanece detenida acusada de haber participado en el homicidio.
