Un jurado popular halló culpables la tarde de este miércoles a los tres imputados por el asesinato de Nelson David Montenegro (37), alias el Caco, quien fue torturado, asesinado y calcinado en mayo de 2018, en el oeste de Ciudad.
De esa forma, Ángel Rafael Farías Toledo, su ex novia Daiana Gabriela Muñoz Núñez y Camilo Páez Reynoso, fueron condenados a prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por la alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas, en calidad de coautores.
Los doce ciudadanos se inclinaron por la hipótesis presentada por la Fiscalía de Homicidios, representada por Fernando Guzzo y Gustavo Pirrello –lideró la instrucción–, la cual sostenía que al Caco lo mataron sus propios amigos, porque sospechaban que se había quedado con un arma de fuego.
Los representantes del Ministerio Público se basaron en en diferentes pruebas y declaraciones, entre los que se destacó el de una interna, apodada Azuquita, quien fue testigo presencial del hecho de sangre.

La mujer había declarado en el expediente y ratificó sus dichos frente a las partes en el debate. Señaló a Farías, Reynoso y Muñoz como los autores y relató con detalles cómo ataron, quemaron con agua hirviendo y mataron a puñaladas a Montenegro, para luego prender fuego su cuerpo.
De la investigación surgió que todo sucedió en el interior de la casa de Farías, donde se hallaron manchas de sangre de la víctima en un garage y en el living, entre el material genético extraído en ese último sector, también había restos hemáticos que pertenecían a Farías.
Otra de las pruebas que comprometieron a los tres matadores, fueron las escuchas telefónicas a un hermano de Farías, en el marco de una investigación que estaba desarrollando la Policía Contra el Narcotráfico y la Justicia federal, por venta de estupefacientes contra Luis Alberto Nievas, cuñado del acusado.
En esas comunicaciones el propio hermano de Farías, dijo, palabras más, palabras menos: “Están reventando la casa de mi mamá, a mi hermano andan buscando, al Rafa, mató a uno anoche y lo prendió fuego“.
En otra llamada, Nievas habló con un sujeto al cual le reveló “El finado era el Caco, hace dos días lo tenían muerto y lo quemaron ayer”.
El acusado narcotraficante, que cayó semanas después del crimen con un 11 kilos de cocaína, declaró en el debate ante el jurado y ratificó que tenía conocimiento sobre el asesinato en el que estuvo involucrado su cuñado.
Justamente, a partir de esa situación elaboraron su estrategia los defensores. La hipótesis que plantearon señalaba que fue la organización narco a la que presuntamente lideraba Nievas, la que mató a Montenegro por una mejicaneada, es decir, porque se quedó con parte de un cargamento de droga que estaba acopiando con sus amigos.

Para darle fuerza a esa versión, Farías declaró en el juicio y explicó que su cuñado sabía que su celular estaba intervenido, por lo que lo inculpó a propósito en la llamada que terminó plasmada en el expediente por el asesinato.
Agregó que era muy amigo de Montenegro y que jamás lo hubiese matado. Y que los autores del asesinato lo ataron mientras mataban al Caco y que luego lo prendieron fuego frente a su casa para comprometerlo.
Pero, aparentemente, la hipótesis del conflicto por tema de drogas no convenció a los jurados, quienes de forma unánime hallaron culpables a los tres acusados bajo la calificación con la que llegaron a juicio.
Tras el veredicto de culpabilidad, las defensas plantearon un recurso de inconstitucionalidad sobre la prisión perpetua, pero la jueza técnica Belén Salido no hizo lugar y sentenció a la máxima pena a Farías, Páez (reincidentes) y Muñoz.
Hace casi un mes Muñoz había sido condenada por el asesinato de Walter Fernando Cardozo (51), alias Pelusa, ocurrido en Palmira. La mujer admitió la autoría y le impusieron una pena de 15 años de prisión, esquivando así el juicio por jurados y la posiblidad de otra perpetua.
El crimen
Fue la mañana del miércoles 30 de mayo de 2018 cuando los habitantes del barrio Alto Mendoza II, un complejo de monoblocks conocido como el Fuerte Apache, ubicado en el interior del barrio San Martín, se encontraron con un cadáver calcinado en uno de los ingresos.
Cuando las autoridades tomaron conocimiento sobre el macabro hallazgo, una comisión de investigadores policiales y judiciales se desplazaron a la escena. En las primeras establecieron que se trataba de Montenegro, por un tatuaje de tela de araña que tenía en un codo y que no había sido alcanzado por el fuego.
El Caco era conocido en la zona por su pasado carcelario y porque tenía al maltraer a los vecinos con su actitud amenazante.
Ese mismo día fueron detenidos Farías y Páez, sindicados por testigos, mientras que Muñoz cayó tiempo después.
De acuerdo con la reconstrucción que realizaron los pesquisas del caso, a Montenegro lo mataron en la casa Farías, en la manzana H del San Martín, ubicada frente al lugar donde hallaron los restos.

El Caco se encontraba en ese lugar junto a los tres autores y la testigo estrella, Azuquita, cuando se produjo una discusión por un arma de fuego que desapareció.
Farías, Páez y Muñoz, culparon a Montenegro y lo ataron a una silla. Durante cuatro horas lo torturaron golpeándolo y arrojándole agua hirviendo, para finalmente quitarle la vida a puñaladas.
Tras matarlo, lo envolvieron en sábanas y lo prendieron fuego. También se constató que intentaron modificar la escena lavando los pisos de la casa de Farías y también lavando zapatillas.
