La Justicia condenó la tarde de este martes a Juan José Piña Marín (45), a quien la semana pasada un jurado popular halló culpable del crimen de Kevin Nicolás Muñoz Bustamante (27), ocurrido en noviembre del año pasado en el barrio Campo Papa.
Fue a través de una audiencia de cesura celebrada en la Sala 18 del Polo Judicial Penal, en la que las partes tomaron la palabra y expusieron sus argumentos para pedir la pena que consideraron correspondiente.
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Sin embargo, no hubo diferencias entre las partes, ya que la defensa adhirió al pedido del fiscal de Homicidios Carlos Torres, quien lideró la instrucción, y solicitó un castigo de 12 años de encierro para el llamado “patrón del barrio“, apodo que ganó por su actividad en la venta de drogas del Campo Papa y sus vínculos con la jefa narco Sandra Jaquelina Vargas, alias la Yaqui.
Con ambas partes de acuerdo, el juez técnico Mauricio Juan también coincidió y dictó la mencionada pena para Piña Marín por el delito del homicidio agravado por el uso de arma de fuego, calificación con la que llegó a juicio y sostuvo durante el debate el representante del Ministerio Público.

Acribillado
Fue durante la noche del sábado 18 de noviembre año pasado, pasadas las 23, cuando Muñoz Bustamante salió de su domicilio del asentamiento Campo Papa para supuestamente comprar pan, de acuerdo con la declaración de su pareja. Lo cierto es que llevaba un elemento contundente en una mano y un arma de fuego en la otra.
En ese momento, se escucharon una serie de detonaciones y cuando la chica salió hacia el exterior de la vivienda, halló a la víctima tendida a los pocos metros, con cinco heridas de bala en su cuerpo.
Posteriormente, Muñoz fue trasladado en un vehículo de su familia al Hospital El Carmen, donde los médicos nada pudieron hacer para salvarle la vida y sólo terminaron constatando el deceso.
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Desde el comienzo de la investigación, los testigos apuntaron contra el “patrón del barrio”. Eso, sumado a otras pruebas, condujeron a su caída durante la madrugada del domingo 19 de noviembre, cuando efectivos de la División Homicidios lo capturaron en su domicilio.
Uno de los elementos que lo complicó aún más, fue el barrido electrónico que le practicaron tras su detención, el cual confirmó que presentaba restos de pólvora en sus manos y prendas de vestir, es decir, había disparado un arma de fuego en las horas previas.
Más allá de que el móvil nunca estuvo del todo claro, los pesquisas sospechaban de que el furioso ataque armado estuvo motivado por los conflictos territoriales por la venta de estupefacientes en esa zona del oeste godoicruceño.
