Díaz Vilches cuando fue detenido.

Casi un año y tres meses pasaron desde la última vez que Ivana Molina fue vista con vida por última vez. Pese a que jamás se encontró su cuerpo, la principal hipótesis de los investigadores sostiene que fue víctima de un femicidio. La causa que lidera la fiscal de Homicidios Claudia Ríos continúa avanzando y presentó novedades de importancia este miércoles luego de una nueva audiencia en el Polo Judicial.

El juez Juan Manuel Pina González confirmó la elevación a juicio por jurados del expediente en el que se encuentra imputado su ex pareja, Carlos Miguel Díaz Vilchez, y por el que arriesga una pena de prisión perpetua.

Pese a que la defensa, a cargo de los abogados Marcelo López y Ariel Benavidez, había interpuesto un recurso de oposición al requerimiento de citación al debate, el magistrado del Juzgado Penal Colegiado Nº 1 le dio la derecha a la representante del Ministerio Público y a las pruebas que presentó durante la primera audiencia que se desarrolló el lunes 10.

Básicamente, Ríos destacó frente al magistrado la prueba clave del expediente y que más compromete al imputado: los rastros de sangre de la víctima y el sindicado victimario hallados en la batea del baño de su casa.

Desde la defensa sostienen desde que esos restos hemáticos corresponden al constante sangrado que presentaba Molina en su nariz, debido a sus problemas de consumo de drogas; mientras que, con respecto a su cliente, por aquellos días había sufrido una lesión en una pierna a bordo de su moto.

No obstante, esa versión no ha resultado creíble a lo largo de las distintas instancias judiciales que ha ido superando la instrucción, explicaron fuentes allegadas a la investigación.

Otra situación que se trató durante la audiencia fue una pista que aportó un hijo del presunto femicida, quien declaró que una vecina le comentó que Molina estaba viva y se encontraba trabajando en la comuna de Punta Arenas, Chile.

Personal de Investigaciones desarrolló las averiguaciones correspondientes, con la finalidad de verificar si esas afirmaciones eran ciertas. Sin embargo, el indicio no prosperó.

Asimismo, los representantes legales de Díaz Vilchez también solicitaron, en subsidio, la detención domiciliaria del acusado. Sin embargo, el beneficio fue denegado por el juez Pina González.

Principalmente, el magistrado tuvo en cuenta el riesgo de fuga existente, ya que el sospechoso huyó hacia el conurbano bonaerense -donde fue detenido- y cambió la tarjeta de SIM de celular días después de la desaparición de Molina.

Si bien desde la defensa justificaron ese pedido afirmando que Díaz Vilchez sufre un problema oftalmológico que dificulta su estadía en prisión. Ante eso, se le practicaron los estudios correspondientes y le recetaron anteojos, pero su cuadro no evitaría que continúe alojado en un penal provincial.

Así las cosas, la situación del detenido se agravó y quedó a un paso del juicio por jurado. Aunque, en los próximos días hábiles, la defensa tendrá la posibilidad de apelar el fallo de Pina González y, en ese caso, será un Tribunal Penal Colegiado el que defina la situación.

La investigación

El caso de Ivana Molina se inició después de que sus familiares denunciaron su desaparición el lunes 10 de abril en la Oficina Fiscal Nº 6 de la Comisaría Sexta del barrio Cano.

Aunque había pasado más de una semana desde la última vez que tuvieron contacto con ella, su círculo íntimo decidió esperar algunos días, ya que “era normal que la mujer desapareciera por breves periodos de tiempo”, explicaron en su momento.

Tras la presentación judicial, la fiscal Ríos tomó cartas en el asunto e inició tareas junto con los detectives de la División Búsqueda de Personas, de Investigaciones. La pesquisa se intensificó con el paso del tiempo, a medida que se sumaban pruebas y testimonios al expediente.

Una semana más tarde, se activó el protocolo de femicidio y Díaz Vilchez quedó marcado como responsable de la desaparición de la mujer, debido a la relación que mantenían y al ser la última persona que la vio con vida, según la versión oficial.

El hombre quedó con pedido de captura, pero cuando fueron a detenerlo en su casa, no lo encontraron.

Al mismo tiempo, se hicieron rastrillajes con perros especializados en localizar rastros humanos de la ONG Escam (Escuela de Adiestramiento Canino Mendoza) y hasta una excavación en el patio de su casa. Los pesquisas buscaban un cadáver.

Aunque las medidas no permitieron encontrar los restos de Molina, los perros de Escam detectaron rastros de sangre en el domicilio de Díaz, lo que terminó comprometiéndolo.

Finalmente, el jueves 4 de mayo del año pasado, Díaz Vilchez fue capturado por personal de la División Homicidios, de Investigaciones, y de la Policía Federal Argentina (PFA) en la provincia de Buenos Aires. Luego de ser trasladado a Mendoza, fue imputado por femicidio.