“Se evitó un femicidio”, fue la frase con la que un policía resumió el rescate de la joven de 16 años que estuvo más de 24 horas raptada en una casilla, en la que fue abusada sexualmente la semana pasada en Lavalle.
En medio de la conmoción que continuaba por el caso de Agostina Trigo, la desaparición de una adolescente generó un importante despliegue policial en ese departamento del norte mendocino.
Después de más de un día de rastrillajes, efectivos la encontraron maniatada dentro de la casa rodante de una constructora que está trabajando frente al domicilio de la víctima. Al parecer, rodeados por la presencia policial, los autores la dejaron encerrada en ese lugar, donde vivió un verdadero infierno.
La chica aseguró que la habían abusado sexualmente y que le suministraron algún estupefaciente para mantenerla “dopada”. Los primeros peritajes confirmaron la vejación, señalaron fuentes allegadas a la investigación.
Por el hecho fueron detenidos un sereno y un guardia de seguridad de una empresa privada, identificados como Tomás Irala Cardozo (37) y César Rubén Ricarte (51), quienes se encontraban trabajando en ese lugar durante la madrugada en la que la menor fue raptada.
El fiscal de Delitos Contra la Integridad Sexual Gustavo Stroppiana imputó al primero como autor del abuso sexual con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas y a su presunto cómplice por la misma calificación, pero en calidad de partícipe primario. Esto porque se cree que no tuvo una intervención directa en la violación.
Lo cierto es que el representante del Ministerio Público ordenó que ambos pasaran a prisión mientras se desarrollan una serie de peritajes y medidas para avanzar en el expediente.
Frente a su casa
La información a la que accedió El Sol indica que todo comenzó durante la madrugada del jueves, cuando la joven se encontraba junto a sus padres y un hermano mirando televisión en su domicilio, localizado a un costado de la ruta 40.
Alrededor de la 1, sus progenitores se fueron a dormir y momentos más tarde lo mismo hizo su hermano, por lo que la chica quedó sola en el comedor, con la TV aún prendida.
Cerca de las 4, su hermanita menor se despertó para tomar agua. Pero cuando se dirigió hacia la cocina, advirtió que la puerta de ingreso estaba abierta. Ante eso, empezó a llamar a su familiar, quien aún no había ido a dormir, pero no la encontró por ningún lugar.
Asustada, la niña despertó a sus padres y les advirtió sobre la situación. Los progenitores y su hermano comenzaron a buscar a la adolescente por las inmediaciones de su casa, que está rodeada por una finca y campo inculto, pero no había rastros de ella.
Desesperados, fueron hasta la casilla de una conocida empresa que está trabajando frente a su vivienda, por la construcción de la doble vía Mendoza-San Juan. Allí hablaron con el sereno y el guardia de seguridad, quienes cuidan el lugar durante la noche, pero les aseguraron que no habían visto nada.
Durante la mañana la familia de la menor siguió recorriendo las inmediaciones. Le preguntaron a vecinos, familiares y amigos, pero nadie tenía noticias sobre ella. Por eso, cerca de las 16, se dirigieron hasta la Comisaría 17° y radicaron la denuncia de paradero en la Oficina Fiscal N° 7.
Cuando las autoridades tomaron conocimiento sobre la situación, desplazaron a uniformados y efectivos de la Unidad Investigativa Departamental Lavalle (UID), para iniciar las averiguaciones en la escena de la desaparición.

En paralelo, se dispuso iniciar rastrillajes con participación de los jefes policiales de la jurisdicción y la colaboración del Cuerpo de Canes y de la División VANT (Vehículos Aéreos No Tripulados), que recorrieron la zona con un dron dotado con cámara de visión nocturna.
Las tareas se extendieron hasta las 3 de la madrugada del viernes, pero debieron parar por la llegada de la lluvia y, posteriormente, de la nieve en el llano. Pese a eso, desde la Jefatura Departamental se dispuso que una consigna policial se quedara vigilando ese sector.
En las primeras horas de la mañana del viernes se retomaron las labores. Debido a que algunos policías sospechaban de Irala, el sereno que trabajaba en la casa rodante, el ayudante fiscal de turno decidió que lo trasladaran a la sede judicial para prestar declaración.
Fue después de eso que los uniformados advirtieron un leve movimiento de las cortinas de la casilla. Ante las sospechas, miraron a través de la ventanilla y notaron que la joven que buscaban estaba adentro, por lo que rompieron la ventanilla y forzaron la puerta de ingreso.
Cuando entraron, los funcionarios dieron con la víctima recostada y tapada con unas sábanas, en estado de semiinconsciencia. Al sacarle las mantas, descubrieron que tenía las manos atadas.
Con las pocas fuerzas que tenía, les dijo a los efectivos que la habían drogado y luego entró en shock. Por eso, la cargaron a una movilidad y la llevaron rápidamente al Hospital Sícoli, donde la estabilizaron y la derivaron al Hospital Lagomaggiore.
Los primeros estudios que le practicaron en ese nosocomio arrojaron que la menor tenía signos de haber sufrido un abuso sexual. Esa situación también se las relató a los detectives del caso y señaló a los dos hombres a cargo de la seguridad de la obra en construcción, por lo que ambos quedaron detenidos.
La versión de adolescente, que tiene un retraso madurativo, sostiene que había escuchado algunos ruidos afuera de su casa mientras miraba televisión durante la madrugada del jueves
En el instante en el que ella abrió la puerta para verificar qué sucedía, el sereno la abordó con un cuchillo y se la llevó por la fuerza hacia la casa rodante, surge de la investigación.
Justamente, en el interior de la “casilla del horror”, como la denominaron los pesquisas, se hallaron dos cuchillos de grandes dimensiones, los cuales fueron secuestrados.
