La víctima se llamaba Lucas Aguilera. Tenía 42 años y quedó tirada sobre una calle de tierra.

La teoría de un hecho de inseguridad no termina de cerrar a los investigadores policiales de la División Homicidios. Tampoco al fiscal Carlos Torres. La instrucción por el asesinato de Lucas Iván Aguilera Gelvez (43), perpetrado la tarde de este domingo en Lavalle, tuvo como primera hipótesis un asalto del que participaron cuatro malvivientes para robarle 8 millones de pesos que llevaba para realizar una transacción con la venta de un vehículo; pero con el paso de las horas, cuando se conoció quién era la víctima fatal y el hombre que lo acompañaba, que salvó su vida de milagro luego de recibir un balazo en uno de sus hombros, las teorías empezaron a dar un giro de 180 grados.

Aguilera Gelvez era un hombre con pasado carcelario. Es más, en julio de este año había dejado la penitenciaría. Entraba y salía por diversos delitos con penas menores. En los últimos tiempos lo tenían marcado con delitos de amenazas y estafas con la compra-venta de vehículos e intentos de engaños a compañías aseguradoras por robos que no existían.

Recibió un balazo en la cabeza durante el encuentro que terminó siendo fatal en el cruce de ruta 34 y Costa Canal, en el citado departamento del norte mendocino, minutos antes de las 18. En la escena no hallaron vainas servidas.

El hombre que lo acompañaba, quien quedó internado y “recordaba poco del hecho” al momento inicial de hablar con los detectives, fue identificado como Ricardo Darío Ortiz Ortubia, de 56 años.

Las fuentes indicaron que es el responsable de un lavadero en Luján y que había acompañado a Aguilera Ortiz hasta la mencionada intersección, una zona inhóspita, prácticamente deshabitada, para presuntamente comprar un vehículo o realizar una transacción relacionada, llevando 8 millones de pesos. Eso fue lo primero que dijo sobre el hecho. Eran amigos e iba a visitarlo al penal.

La reconstrucción desarrollada por los investigadores señala que Aguilera Gelvez y Ortiz Ortubia fueron abordados por cuatro sujetos que se movilizaban en dos vehículos. El hombre que sobrevivió dijo que corrió al ser interceptado por los delincuentes y que le dispararon a corta distancia, quedando herido a varios metros de donde ocurrió el ataque.

Agregó que le robaron el celular y que, cuando regresó, encontró a Aguilera Gelvez sin vida, con un disparo cerca de la oreja.

Ricardo Darío Ortiz Aguilera recibió un balazo en un hombro.

Ortiz Ortubia relató que caminó herido unos tres kilómetros hasta que finalmente tuvo contacto con personas que llamaron al 911. Algunos vecinos lo auxiliaron y también se comunicaron con el CEO para solicitar una ambulancia. A los pocos minutos, efectivos de la jurisdicción e investigadores llegaron al lugar, preservaron la escena e iniciaron el proceso de recolección de pruebas.

Mientras Ortiz Ortubia era trasladado hasta un hospital, los uniformados analizaron el teatro de hecho donde permanecía Aguilera Gelvez, con domicilio en el barrio Cordón del Plata de Luján: se encontraba muerto arrodillado a la vera de la calle de tierra. Su cabeza también apoyaba el piso. Vestía remera azul, zapatillas y bermudas negras. Los pesquisas que hablaron con este diario agregaron que el disparo fue a corta distancia y que la víctima se desvaneció.

Con el paso de las horas, los investigadores comenzaron a buscar testigos. También esperaban que Ortiz Ortubia, quien presentaba viejos antecedentes iniciados a principios de los 80 por hurtos y desobediencia, declare en el expediente. Si bien dijo que no recordaba mucho de lo sucedido, la primera hipótesis surgió de sus palabras. Fue él quien contó que llegó con Aguilera hasta ese sector para la compra de un vehículo y que llevaban 8 millones de pesos. Pero más allá de eso, no aportó mucho más porque aseguraba “no recordar nada de lo sucedido”.

Por su parte, los investigadores profundizaron la búsqueda de la camioneta en la que llegaron y le sustrajeron, una Toyota Hilux “blanca o crema”. Para eso iban realizar un barrido de las cámaras de seguridad de Lavalle y otras zonas aledañas, debido a que en el sector donde se perpetró el hecho de sangre no contaban con esos aparatos.