Minutos antes de que la fiscal especial Claudia Alejandra Ríos iniciara el lunes a las 20.30 la reconstrucción del crimen del policía Jorge Lorenz (38) con los testigos en la manzana D del barrio Coronel Barcala de Maipú, uno de los tres sospechosos identificados con pedido de captura se entregó en la Oficina Fiscal Nº10.
 

Matías Emanuel Rosas, conocido como el Negro Sonrisa, de 26 años, fue llevado a las 19 por un abogado a la dependencia luego de que su madre tomara contacto con él y lo hiciera “reflexionar”, tal como relataron a El Sol los investigadores.

Ayer, la magistrada lo imputó formalmente por los delitos de robo agravado en poblado y en banda, homicidio criminis causa e intento de homicidio, y ordenó su inmediato traslado a la cárcel después de que no hiciera uso del derecho de declarar.

El “Negro Sonrisa” estaba en la mira de los detectives desde un principio. Es más, lo tenían cercado antes de que se entregara. A las pocas horas de perpetrado el asesinato del efectivo, se fugó a la provincia de Neuquén, donde vive su progenitora, y regresó para “esconderse” en un domicilio del barrio Las Torcacitas de Maipú.

A las 13 del lunes allanaron esa propiedad pero su madre, quien estaba con otro hijo, les dijo a los efectivos que no se encontraba allí. Acto seguido, fueron hasta otra propiedad en el barrio Metrotranvía de esa comuna. Allí secuestraron el auto marca Fiat modelo Stilo marcado como el usado para ayudar a escapar a la banda de asaltantes tras el hecho de sangre.

El auto que usó la banda.

El rodado estaba cerrado con llave y “escondido”, detallaron los policías, por lo que tuvieron que llamar a un cerrajero. Ayer lo peritaron y levantaron cabellos que servirán para hacer cotejos de ADN en un futuro con los detenidos. También se encontraron rastros similares en dos gorras que dejaron los asaltantes en la casa asaltada.

El “Negro Sonrisa” estaba en la mira de los detectives desde un principio.

Si bien con esta captura la instrucción dio uno de los pasos más importantes desde perpetrado el asalto que terminó en tragedia, el jueves 18 durante la noche, resta detener a los otros dos sujetos que están identificados y por los que se ofreció una recompensa de 40 mil pesos. No se descarta que uno de ellos haya abandonado la provincia.
Se trata de Jesús Feliciano Reina (apodado “Buba”), y Emiliano Joaquín Ibañez Difilipo, el “Porteñito”. El primero está señalado como el que disparó una pistola calibre 9 milímetros contra los dos uniformados que llegaron hasta la casa-gomería 14 de la manzana D para evitar un asalto a la familia que reside allí, matando a uno de ellos y lesionando al otro, Héctor García, gravemente.

Dramático

La reconstrucción que se hizo el lunes sostiene que, al menos, fueron cuatro los sujetos que llegaron hasta el domicilio citado con fines de robo. Un testigo cercano a la banda, que habló en la causa y dijo que intentó convencerlos de que no dieran el golpe armado, fue clave para saber los movimientos de la organización, que ya estaba sindicada como autora de otros delitos contra la propiedad en Luján y Maipú.

El “Negro Sonrisa” estaba al mando de un auto en las cercanías –el Fiat Stilo– y los otros tres se metieron a la propiedad. Previamente, uno de integrantes, que vestía remera roja, tanteó el terreno y llevó una cubierta rota para que la repararan.

Armados, abordaron al jefe de familia, lo redujeron y golpearon sin piedad. También atacaron portando cuchillos a su hija, a quien amenazaron con cortarle los dedos si no entregaba más de 10 mil pesos en efectivo.

Un vecino vio el atraco y llamó al 911. Una movilidad policial –Toyota Hilux– con dos uniformados que patrullaban la zona recibió el llamado de alerta y se dirigió a la casa.

Los policías Jorge Lorenz y Héctor García sacaron sus armas reglamentarias e ingresaron. En un principio, los tres asaltantes se rindieron ante la presencia uniformada y se tiraron al suelo del comedor. En ese momento, la situación, describió el policía García durante la medida que lideró la fiscal el lunes, estaba controlada.

El dueño de la casa, que se encontraba inmóvil porque lo ataron con cables de teléfono y había recibido una fuerte golpiza que le produjo una lesión en el tobillo izquierdo, se desató y golpeó en el piso a uno de los sujetos. El policía Lorenz le pidió a la víctima que llamara al 911 para pedir refuerzos, y antes de hacerlo, el gomero les gritó a los efectivos: “Guarda que uno está armado”.

Ese momento de distracción fue aprovechado por el Buba Reina, sostiene la causa, que se levantó y disparó cuatro veces. Uno de los plomos impactó en la cabeza de Lorenz, que habría alcanzado a accionar su pistola. Otros dieron en uno de sus cómplices, Sebastián Gonella Galdeano. Los restantes lesionaron en la cabeza –le rozó– el hombro y una mano del efectivo García, quien se cubrió con el cuerpo de Gonella para salvar su vida.

Lorenz murió antes de recibir atención en el Hospital Paroissien. Su compañero sobrevivió y pudo contar cómo fue el desempeño policial. El cadáver del asaltante Gonella quedó en el comedor de la casa.

El policía Jorge Lorenz.

La investigación que inició Ríos dio sus frutos en las primeras medidas. Es más, sospecha que uno de los sujetos que escapó está herido porque Lorenz alcanzó a disparar.

El lunes, también en Maipú, fue detenido el hermano del malviviente muerto –Gustavo Eduardo Gonella– por resistencia a la autoridad y pidió declarar en la causa porque quiere desligarse, ya que en un principio se lo vinculó al atraco.

Los dos prófugos

La investigación por el crimen del policía Jorge Lorenz sostiene que el autor de los disparos fue Jesús Feliciano Reina, conocido como Buba. Los detectives creen que está desarmado, a pesar de que robaron el arma del efectivo asesinado.

El otro sujeto es Emiliano Joaquín Ibañez, el Porteñito. Este sujeto podría estar en otra provincia y tiene antecedentes por robos agravados en poblado y en banda con la participación
de un menor en el 2012.

Los identificaron porque mandaron mensajes y llamaron por teléfono a Sebastián Gonella, después del hecho. No sabían que su cómplice estaba muerto en el comedor de la casa que habían asaltado.

Además de estos dos, se sospecha que puede haber otro partícipe, por los rastros de sangre encontrados en la escena.