El último detenido. Tiene 20 años.

El próximo mes se cumplirá un año de que el futbolista Lucas Amarilla (21) fue asesinado cuando quedó en medio de un tiroteo en el barrio Santa Teresita de Las Heras.

La causa tiene a cinco sospechosos imputados: Jesús Sebastián Villalba Elizondo (19) y su hermano, de 17 años (se reserva la identidad por ser menor de edad); sus tíos: Franco Jesús Villalba Quiroga (19), alias el Macaco, y Roberto Armando González Quiroga (44), apodado el Flaco Robert; y Nehemías Miguel Eskers (21).

Más allá de que se logró capturar a casi todos los presuntos agresores que fueron mencionados en el expediente -algunos testigos sostienen que eran seis-, sólo dos de ellos permanecen tras las rejas.

El Macaco y el Flaco Robert quedaron en libertad a mediados de enero, después de que la jueza Patricia Sánchez no hiciera lugar al pedido de prisión preventiva formulado por el fiscal Carlos Torres, debido a que ambos presentaron una coartada y testigos que declararon a su favor.

En caso de que no surjan nuevas pruebas en su contra, podrían terminar desvinculados de la causa. Aunque, por ahora, permanecen acusados y sujetos al proceso judicial.

Por su parte, debido a su edad, el mencionado adolescente acusado quedó alojado en el ex COSE (actualmente Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil), por lo que sólo permanecen en la cárcel Villalba Elizondo y Eskers.

Recientemente, este último declaró en la causa liderada por Torres y se desligó del hecho de sangre. Acompañado por el defensor, Francisco Castro, aseguró que mantenía una cierta relación con la temida banda de los Canavis -comandada por los Villalba-, pero que jamás trabajó para ellos.

De acuerdo con su versión, durante la noche del sábado 25 junio del año pasado, se produjo un primer tiroteo entre miembros de “la banda del Gatito“, un grupo delictivo que tiene base en el Santa Teresita, y policías que estaban patrullando esa zona.

Aparentemente, durante ese cruce armado, la gavilla entró en el territorio de los Canavis, con quienes están enfrentados. Eskers explicó que esa situación generó, horas más tarde, un nuevo conflicto entre las dos facciones.

Eskers había estado en la casa de su abuela, donde residía, en el barrio Sismo V, y luego se dirigió hasta la vivienda de su novia en el Santa Teresita. Fue allí donde, pasada la medianoche, ya entrada la madrugada del domingo 26, escuchó nuevamente detonaciones de arma de fuego.

Debido a que estaba cerca de la casa de los Villalba, decidió salir para ver lo que estaba ocurriendo. Fue allí cuando se encontró a los otros cuatro imputados, enfrentados a “la banda del Gatito“, todos portando armas de fuego: el Flaco Robert una escopeta y el resto pistolas calibre 9 milímetros, sostuvo.

Ante eso, se refugió en una esquina y el Macaco le pidió que levantara las vainas servidas que quedaron en la calle y las ocultara bajo el puente de una acequia. Debido al poder que tienen los Canavis en el barrio, no dudo en obedecer esa orden.

Una vez finalizado el enfrentamiento, señaló que desconocía que la víctima fatal había sido Lucas Amarilla, a quien sólo conocía de vista. Incluso, Jesús Villalba lo invitó a salir a un boliche de El Challao esa madrugada, pero declinó la invitación porque tenía que quedarse con su novia.

Pese a la versión que ofreció Eskers, días atrás la Justicia ratificó la teoría oficial de Fiscalía, que lo coloca como uno de los autores de los tiros y la jueza Sánchez le dictó la prisión preventiva.

No obstante, su defensa insistirá con la coartada y pedirá el cese de la prisión preventiva, a partir de nuevas declaraciones que se plasmarán pronto en el expediente y que podrían acreditar sus dichos.

Inocente

La reconstrucción que realizaron los detectives de Homicidios sostiene que alrededor de las 1.10 del domingo 26 de junio del año pasado, llamadas a la línea de emergencias 911 alertaron sobre un tiroteo entre las manzanas H y L del barrio Santa Teresita.

Los testigos señalaron que dos jóvenes y una mujer habían resultado heridos y fueron trasladados en vehículos particulares al Hospital Carrillo.

Se trataba de Lucas Amarilla, su primo menor de edad -tenía 17 años- y Andrea Lera, de 36. Los tres habían sido lesionados por la lluvia de proyectiles, aunque el futbolista se llevó la peor parte: recibió un impacto de bala en el lateral derecho del cuello y otro en la nuca.

Pasada la 1.30, el deportista falleció en el citado nosocomio, pese a los esfuerzos de los médicos para mantenerlo con vida.

Desde el comienzo de la investigación, los pesquisas sabían que Amarilla y su primo “se la comieron de arriba”. Ninguno de los dos estaba relacionado con el enfrentamiento armado y sólo habían salido a comprar a un quiosco ubicado en las cercanías.

Por su parte, la mujer estaba en la vereda de su casa cuando fue alcanzada por uno de los proyectiles. Una línea investigativa sostenía que los Canavis le habían disparado por cuestiones vinculadas a la disputa del territorio de venta de drogas.

Lo cierto es que el crimen de Amarilla provocó una fuerte bronca e indignación entre los vecinos de la barriada, más aún porque nuevamente la banda de los Villalba estaba en el centro de las sospechas.

Los días posteriores se realizaron marchas en pedido de justicia, encabezadas por la madre de Amarilla, y recientemente se realizó un homenaje en unas canchas de fútbol y familiares, amigos y allegados hicieron una suelta de globos.