El debate por el asesinato de la travesti Melody Barrera (27) puede evidenciar un antes y un después en la Justicia de Mendoza. Lo que defina el jurado popular del análisis de la prueba ventilada por las partes marcará la decisión de la jueza que lidera el proceso, Nancy Lecek. Más allá de que se está frente al primer proceso de estas características por un travesticidio, la discusión está relacionada a si un policía tiene esa condición durante las 24 horas o sólo cuando cumple su horario de trabajo en el destino asignado.

Un auxiliar llamado Darío Jesús Chaves Rubio, de 38 años y padre de cuatro hijos, se sentó este lunes en el banquillo del juicio por jurados, y la fiscalía, representada por Fernando Guzzo y Andrea Lazo, le endilgó una batería de calificaciones desde el inicio de la instrucción: de base, el travesticidio (odio a la expresión de género), homicidio agravado por el uso del arma de fuego, por la condición de sujeto activo (su función) y hasta alevosía y ensañamiento. La única pena en caso de ser hallado culpable por los 12 ciudadanos será la de prisión perpetua.

La defensa del sospechoso, quien prestaba servicios en la Comisaría 34ª de Godoy Cruz al momento del hecho ocurrido en agosto del 2020, hizo un repaso de toda la prueba y tiene una postura totalmente contraria.

El letrado Pablo Cazabán no cuestiona la autoría (el quién) pero asegura que se trata de un caso de legítima defensa o exceso de esa figura penal, debido a que Barrera primero le roció la cara con gas pimienta y luego le robó su arma policial. No sólo eso: también discute el travesticidio, la alevosía, el ensañamiento y, principalmente, el agravante de la función.

Justamente, sobre este último existen pocos antecedentes en el país de condena contra un integrante de la fuerza. El asesinato sucedió la madrugada del 29 del agosto del 2020, cuando Chaves Rubio se encontraba franco de servicios, pero los investigadores tienen una teoría sustentada por una serie de fundamentos.

La fiscalía entiende que el imputado continuó con el estado policial por más que no estaba en funciones. Y tiene sus argumentos: presentó como pruebas que utilizó la pistola provista por el Estado para matar a la joven (la reglamentaria, calibre 9mm), que no estaba habilitado para usar otras armas y que hizo cursos de capacitación de tiro que elevaron su conocimiento.

Con base en esto, durante los alegatos de apertura, el jefe de la Unidad Fiscal de Homicidios, Fernando Guzzo, detalló que el efectivo perfeccionó su técnica en las prácticas, utilizando hojas A4 del FBI, y esto lo ubicó como una persona preparada a la hora del manejo de un arma.

La defensa de Cazabán y su equipo (lo acompañan Johana Montero, Juan Pablo Chales y Florencia Suárez) elaboró una teoría opuesta a la acusadora y cuestiona la mayoría de las calificaciones.

Además de sostener que no hubo alevosía (aprovecharse del estado de indefensión de la víctima), porque no todos los tiros fueron por la espalda –uno lo recibió de frente–, señalan que Melody fue la agresora cuando tuvieron un contacto inicial en la zona de la Costanera, en Guaymallén.

Para los letrados, Chaves Rubio no abusó de su función policial más allá del uso del arma o sus prácticas de tiro ni se encontraba vestido con el uniforme o trabajando en la Comisaría godoicruceña.

La normativa, explicó Cazabán a este diario, habla de encontrarse desarrollando tareas al momento del hecho y haber abusado de esa situación. “No forma parte del tipo penal”, aclaró.

Más allá de las posturas, serán los “jueces de los hechos”, como llaman a los jurados, los que tengan la última la palabra luego de los alegatos de clausura, que están programados para los últimos días de esta semana.

Ver también: Comenzó el primer juicio por jurados de un travesticidio en Mendoza

El asesinato

De acuerdo con la elevación a juicio, Chaves Rubio llegó en su VW Bora hasta donde se encontraba Melody Barrera con la intención de contratar servicios sexuales. Hubo una discusión y la joven le arrojó gas pimienta en el rostro.

El imputado se retiró del lugar y frenó la marcha para lavarse la cara. Allí tuvo un contacto con un chofer de Cabify y le dijo, palabras más palabras menos, que “los travas” le habían tirado gas pimienta y que iba a ir a buscar para “cagarlos a tiros”.

Identificar al agresor no fue una tarea sencilla. Fue el trabajador del volante quien se acercó ante los investigadores cuando tuvo contacto con la novedad del hecho después de una serie de publicaciones periodísticas. Ubicó la zona donde había mantenido el encuentro con Chaves Rubio y las cámaras de seguridad captaron ese momento.

Los sabuesos de Investigaciones observaron que hablaba por teléfono y solicitaron a las compañías de teléfono que informaran las llamadas que captaron las antenas en esa franja horaria. Identificada la conversación, supieron el número de teléfono y a quién le correspondía.

Llegaron hasta el policía semanas después y lo ubicaron en la Comisaría 34ª. En la puerta de la dependencia se encontraba el mismo Bora gris que habían captado las cámaras urbanas. Le secuestraron el arma y el resultado del cotejo con las vainas halladas en la escena fue positivo.