Casi un mes pasó desde que el fletero Facundo Caco Martínez fue ultimado de un balazo por un efectivo de la Policía Federal Argentina (PFA) en un confuso procedimiento realizado a metros del centro mendocino.
A días de ser liberado, al resultar beneficiado por un cambio de calificación que desechó un caso de gatillo fácil, el funcionario admitió este miércoles la autoría en el hecho y fue condenado en un juicio abreviado inicial.
El acuerdo para definir el hecho a través de esa modalidad se realizó entre la fiscal de Homicidios Andrea Lazo y la defensa del policía, a cargo de Carlos Moyano.
Existía cierta expectativa con respecto a si la jueza Mirna Montaldi, del Juzgado Penal Colegiado N°1, iba a homologar el pacto entre las partes, ya que al inicio de la investigación hubo una discusión alrededor de la competencia que tenía la Justicia local sobre la causa y si no debía pasar al fuero federal.

No obstante, la magistrada no se opuso y sentenció al integrante de la fuerza a tres años de prisión en suspenso y cinco de inhabilitación para ejercer cargos públicos por el delito de homicidio con exceso de la legítima defensa.
De esa forma, el policía mantendrá su libertad, siempre y cuando no sea acusado en un futuro en otra causa penal, explicaron fuentes consultadas.
Por su parte, la querella, que ejerce Pablo Cazabán, ya había adelantado que no se oponía al acuerdo porque la familia de Martínez consideraba que se trata de una situación “razonable”.
Idas y vueltas de una corta investigación
Lo que se preveía como una complicada y larga instrucción, terminó definiéndose un día antes de cumplirse un mes del homicidio de Caco Martínez.
La investigación pasó desde, en un inicio apuntar a que un supuesto delincuente había sido abatido, a ser un presunto caso de gatillo fácil y terminó con el exceso en la legítima defensa, justificado por una agresión previa del fletero con su auto hacia el policía.
El inicio de la pesquisa se vio empantanado por esas dudas acerca de la competencia que tenía la Justicia mendocina en el hecho. Los detectives locales recién pudieron tomar contacto con la escena unas dos horas después de la muerte de Martínez.
Antes de eso, algunas autoridades y efectivos de la PFA se encontraban en el teatro del hecho, mientras que los uniformados de la Policía de Mendoza sólo resguardaban el lugar.

Lo cierto es que fue alrededor de las 20 del jueves 18 de febrero cuando dos integrantes de la Brigada de Investigaciones de la PFA estaban realizando tareas propias y fueron a identificar a Martínez, quien se encontraba a bordo de su Ford Mondeo rural sobre calle Catamarca, en la Tercera Sección de Ciudad.
Una versión sostiene que los sabuesos federales habían contactado al Caco a través de Facebook, haciéndose pasar por clientes que le querían comprar un frasco de cogollos de marihuana y lo citaron a ese lugar. El objetivo era detenerlo en una especie de acción “in fraganti”.
Cuando el fletero llegó al lugar, los policías, que estaban de civiles, se acercaron para fingir que iban a concretar la transacción, pero una vez que lo tuvieron rodeado, sacaron sus armas reglamentarias y se identificaron con integrantes de la fuerza.
Una mujer policía se encontraba al costado del rodado, del lado del conductor, mientras que el efectivo que fue condenado estaba al frente. Este último casi fue embestido por Martínez, quien aceleró para intentar evitar una inminente requisa.

El funcionario saltó sobre el capot, para evitar ser colisionado. Acto seguido, cayó hacia el costado derecho del vehículo y efectuó tres disparos contra Martínez, uno de los cuales le impactó en el pecho y le quitó la vida.
Según declaró el propio policía, decidió repeler al fletero con su pistola 9 milímetros porque observó que este se inclinó hacia un lado, entendiendo que iba a continuar la agresión con un arma o algún elemento, sostuvieron fuentes de la investigación.
Tras el hecho, se comenzó a manejar la hipótesis de un caso de gatillo fácil, debido a que no estaban claros los motivos por los que el agente federal había disparado contra Martínez, más allá de que luego se hallaron algunos frascos de marihuana en su vehículo.
Por eso, la fiscal Lazo lo mantuvo aprehendido y a los dos días lo imputó por homicidio agravado por la calidad de sujeto activo (policía) en concurso ideal con homicidio agravado por uso de arma de fuego.

Ante esa dura calificación, que prevé como única pena la prisión perpetua, se esperaba el traslado a la cárcel del policía. Sin embargo, continuó alojado en la Comisaría Tercera a lo largo de casi tres semanas.
En ese periodo, la representante del Ministerio Público fue acumulando una serie de pruebas que terminaron por beneficiar al acusado: peritajes psicológicos, testimonios e informes de balística, los cuales avalaron la versión del efectivo.
Con esos elementos, cambió la imputación y el policía recuperó la libertad. Frente a ese contexto, la defensa pidió rápidamente la audiencia de juicio abreviado y llegó a un acuerdo con la Fiscalía.
