Motochorro “especialista” en el robo de vehículos. Casi siempre se movía con un arma de fuego en la cintura y elegía a mujeres como víctimas. Cuando no podía lograr el objetivo de sustraer lo que buscaba o simplemente se sentía acorralado por policías, no dudaba en accionar el gatillo para generar terror e intentar escapar. Agresivo al extremo y vinculado a personajes que integran diversas gavillas del Gran Mendoza.

La alocada vida callejera vinculada al delito de Pablo Andrés Vallejos (31) llegó a su fin la noche del 23 de febrero de este año, al intentar robarle el auto a una abogada del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) en la zona de calles Tropero Sosa y Pringles, en Villa Nueva, Guaymallén, y efectivos lo hirieron cuando inició un fuego cruzado. Previamente, le había disparado a la víctima en la mandíbula. No la mató de milagro.

Desde esa jornada, Pablito Vallejos, como lo conocen, está internado en Terapia Intensiva del Hospital Central. Su diagnóstico reviste gravedad. Permanece en coma en calidad de detenido y no puede salir de ese cuadro. Si sobrevive, quedará parapléjico.

Su caso ganó repercusión cuando la Dirección de Derechos Humanos y de Acceso a la Justicia de la Suprema Corte de Mendoza pidió su libertad por su estado de salud y para evitar que continué con consigna policial en la puerta de la sala donde pasa sus días, tal como reveló El Sol a principios de mayo.

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La fiscal de Homicidios Andrea Lazo se opuso y un juez le dio la razón luego de una audiencia celebrada en el nuevo Polo Judicial. Básicamente, el juez de primera instancia Gabriel Bragagnolo coincidió con la representante del Ministerio Público al entender que no se violaron los derechos del imputado mientras se encuentra internado.

Vallejos algún día puede despertar e influenciar a los testigos de las causas a través de su familia. Por eso –entendió– debía continuar en calidad de detenido y con custodia.

Lazo inició una profunda pesquisa después de la caída de Vallejos. Tanto es así que lo acusó por cinco robos y un asesinato. Armó todo el rompecabezas de hechos ocurridos entre noviembre, con el asesinato de un chapista, hasta que le frenaron el paso cuando fue baleado.

La gravedad del caso que tanto señalan los pesquisas se vio reflejada en las últimas horas en una nueva causa en la que fue imputado: se trata de un violento robo agravado ocurrido el 16 de setiembre del año pasado en una verdulería de calle Matienzo al 1400 de Guaymallén.

Así las cosas, los expedientes en contra de este peligroso malviviente se siguen acumulando en la Unidad Fiscal de Homicidios. Los testigos juegan un rol fundamental a la hora de marcarlo y reconocerlo como su agresor.

Vallejos fue acusado por ese hecho perpetrado a las 21.15 del día citado. Se hizo presente llevando un arma de fuego y atacó a dos mujeres. Una de ellas intentó defenderse del robo tomando un cartel y una bolsa de leña y Vallejos, sostiene la reconstrucción, le efectuó un disparo a corta distancia.

El plomo hirió a la mujer en la pierna izquierda, lo que le produjo fractura de la tibia.

Segundos después de disparar, el malviviente abordó a otra mujer que se encontraba en el lugar comprando. Le quitó las llaves de su camioneta Chevrolet Tracker y comenzó a agredirla cuando ofreció resistencia a perder sus pertenencias. La víctima forcejeó con Vallejos para evitar que escapara con la camioneta, pero el atacante la golpeó reiteradas veces en la cabeza con la culata del arma de fuego.

De la investigación surge que le propinó, al menos, diez cachazos a la mujer para luego darse a la fuga con el vehículo y los elementos de valor que se encontraban en su interior.

Por este nuevo hecho, la fiscal Lazo lo acusa por robo agravado por el uso de arma de fuego en concurso ideal con robo agravado por lesiones graves.

Una por una

Las otras acusaciones que tiene Vallejos también son preocupantes. Una de ellas es el homicidio de Luis Alberto Reymond (58) en Las Heras. Este hecho ocurrió el 2 de noviembre del año pasado.

La víctima, chapista de profesión, fue abordada por este malviviente, sostiene la instrucción, en su taller de calle Lisandro de la Torre al 600, después de preguntar por un presupuesto. El engaño tenía como fin llevarse una Chevrolet Montana de la víctima.

La reconstrucción sostiene que Vallejos le dio arranque y el chapista se colgó de la ventanilla para evitar el robo. El sujeto continuó a toda velocidad y Reymond cayó y golpeó su cabeza contra el asfalto. Murió a los dos días.

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Este hecho no fue impedimento para que Pablito siguiera “cebado” para seguir dando golpes. En una casa de calle Cayetano Silva, de Ciudad, el 28 de enero le robó un Fiat Argo a una mujer, además de 40.000 pesos, un televisor y otros elementos de valor y en febrero se llevó dos veces un mismo auto, un VW Fox.

Primero lo hizo en calle Agustín Álvarez, de Ciudad, cuando empujó a una mujer que se encontraba en el interior, y, luego, de la puerta de la Comisaría Cuarta de Ciudad, dos días después, cuando personal policial lo había secuestrado al detectarlo estacionado cuando tenía pedido de secuestro por robo cerca de un boliche.

Vallejos se dirigió hasta la dependencia policial y, como tenía la llave, se lo llevó frente a los efectivos. Esto dio inicio a una persecución donde no faltaron la voz de alto y los disparos, aunque nada pudieron hacer para capturarlo.

El 19 de febrero fue acusado de robar un VW Bora sobre calle San Martín, de Las Heras. La víctima también fue una mujer y la amenazó de muerte: “Bajate del auto, la concha de tu madre”, le gritó antes de golpearla con la culata del arma y darse a la fuga.

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La estadía en la calle de Pablito Vallejos terminó la noche del 23 de febrero. Intentó robarle un Peugeot 208 a dos mujeres –una de ellas, una abogada sanjuanina que se desempeñaba en el Senasa– y disparó para intentar lograr su objetivo.

El proyectil dio en el rostro de la mujer de 42 años, identificada como María Morilla, y le provocó lesiones de gravedad.

Por el lugar justo pasaban policías que se dirigían a la cancha por el partido de Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima y hubo fuego cruzado. Un plomo calibre 9 milímetros dio en la axila de Vallejos y terminó siendo detenido.

Fue llevado al Hospital Central y estuvo consciente algunos días. Allí amenazó a los médicos con cuchillos de plástico que guardaba debajo de la almohada.

Contrajo neumonía y quedó en coma, por lo que fue alojado en Terapia Intensiva. Con el paso de los días, la fiscal Lazo fue recibiendo y analizando todas las pruebas, y las víctimas y otras pruebas fueron determinantes para concluir que era el autor de todos los hechos.