El cuevero Cristian Javier Ideme Parra no tenía idea de que en la Unidad Fiscal de Homicidios lo seguían investigando por el crimen del prestamista Matías Miralles (33), perpetrado por dos sicarios el 9 de junio del año pasado en su casa de la Cuarta Sección de Ciudad.
El Gordo Javi, como lo conocen, se había entregado este año porque el fiscal Gustavo Pirrello sospechaba que tenía algún grado de participación en el hecho de sangre, pero una jueza determinó semanas después que no había pruebas suficientes para mantenerlo en la cárcel. Debido a esto, volvió a su casa de Guaymallén y continuó con su vida. Sin embargo, los pesquisas no bajaron los brazos y continuaron trabajando en la hipótesis que lo colocaba como uno de los dos hombres que mandó a matar a Miralles por una deuda de 40.000 dólares.
De esta forma, el expediente que lidera Pirrello tiene seis sospechosos complicados y, en las próximas semanas (seguro antes de que termine el año), Ideme volverá a enfrentar una audiencia de prisión preventiva en su contra con una nueva imputación. El representante del Ministerio Público ya solicitó que se fije fecha de audiencia y se desarrollará antes de que termine el año.
De acuerdo con fuentes judiciales, el fiscal modificó los hechos y el Gordo Javi pasó a ser codeudor de los miles de dólares con su amigo Guillermo Sosa (también preso en la causa), lo que complicó su escenario de cara a lo que viene en la instrucción.
No sólo eso: pasó a estar acusado por homicidio agravado por precio o promesa remuneratoria en concurso ideal con homicidio agravado por el uso de arma de fuego en calidad de coautor, arriesgando la pena única de prisión perpetua si es hallado culpable en un juicio por jurado.
Luego de su detención, la que se produjo el domingo de las elecciones presidenciales, cuando fue a votar a un colegio de Guaymallén, le notificaron los hechos y la nueva imputación y ordenaron que pase a la cárcel. Las fuentes agregaron que no declaró como lo hizo cuando se entregó, pero no descartan que lo haga nuevamente una vez que la defensa defina su estrategia.
Tal como reveló El Sol cuando efectivos de la División Homicidios procedieron a su captura en la mesa 798 de la escuela técnica San José de calle Uruguay de Guaymallén (cerca del domicilio de Ideme), trascendió que las nuevas pruebas surgieron del teléfono celular de Sosa, las que no habían sido incorporadas cuando se solicitó la prisión preventiva inicialmente.
Este hombre, dueño de un corralón de Godoy Cruz, tenía una relación de amistad con Ideme. En las conversaciones de WhatsApp que fueron materia de análisis en la fiscalía semanas antes de la captura, hablaban de la deuda que mantenían con Miralles desde hacía cuatro años y de los intereses que iban creciendo con el paso de los meses.
Justamente, Miralles presionaba para cobrar el efectivo y el blanco elegido era Sosa.
Con todo esto, una vez que se realice la audiencia para que la Justicia analice las nuevas pruebas y dicte la medida cautelar que afecta la libertad, la fiscalía buscará clausurar la investigación para elevarla a juicio.
El ataque en calle Montecaseros
La teoría del caso sostiene que, a mediados del año pasado, Sosa González e Ideme se habían atrasado en el pago de una deuda con Miralles. Se hablaba de entre 10 y 20 millones de pesos, producto de un préstamo en dólares (40.000). Los intereses y el valor de la moneda estadounidense aumentaban todos los meses y el comerciante y su amigo cuevero no lograban pagar el total.
A raíz de eso, Miralles exigía con vehemencia que le abonaran lo adeudado y pedía que lo hicieran en billetes. Al parecer, las exigencias del joven prestamista generaron hartazgo en Sosa González e Ideme, quienes decidieron atentar contra su vida para terminar de una vez por todas con esa situación, surge de la pesquisa.
La investigación liderada por Pirrello agrega que Sosa e Ideme se pusieron en contacto con Jorge Ballena Herrera, un hombre que trabaja para el último de los citados en el mundo cambiario de las cuevas.
El Ballena, a través de su hijastro, Lucas Segovia, “contrató” a un menor conocido como el Chongo, y a otro joven llamado Pablo Herrera Brizuela para que actuaran de sicarios. Todos estos jóvenes estaban vinculados con la barra brava de Huracán Las Heras. Les entregaron una pistola calibre 9 milímetros y prometieron pagarles con un kilo de cocaína y dinero en efectivo, aseguró un testigo clave de la causa.
El 9 de junio del año pasado, pasadas las 13, dos sujetos a bordo de una moto y con una mochila de repartos de Pedidos Ya llegaron hasta el complejo de departamentos de calle Montecaseros al 2800, en la Cuarta Sección, donde residía Miralles.
Los sospechosos se hicieron pasar por deliveries que iban a entregar una comida para ganar ingreso al lugar y se dirigieron hasta la vivienda del prestamista, a la mitad del pasillo.

Desde una ventana, los matadores le dieron tres balazos a la víctima y acabaron con su vida en cuestión de segundos, para luego darse a la fuga de la escena a toda velocidad.
La investigación no fue fácil para los detectives, Segovia fue el primero en caer y luego siguieron los presuntos sicarios.
Con las detenciones de Sosa González, Herrera Páez e Ideme Parra, el círculo se terminó por cerrar. Si bien el Gordo Javi recuperó la libertad, las nuevas pruebas volvieron a complicarlo en la instrucción y por eso lo atraparon después de votar.
