Cape, así llaman al hombre que continúa en la cárcel.

Carlos Alberto Zalazar Ábalos tiene 44 años y una historia criminal que comenzó hace más de 16 años con un homicidio cometido en Guaymallén. Por aquel crimen fue condenado a nueve años de prisión por homicidio simple. Este jueves, después de haber vuelto a quedar detenido por un nuevo asesinato, la Justicia le dictó la prisión preventiva por el asesinato de Hugo Alberto Domínguez Cornejo, cometido el 10 de julio en Maipú.

La acusación es por femicidio transversal, es decir, homicidio agravado con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se ha mantenido una relación.

La jueza Dolores Ramón resolvió que Zalazar Ábalos, quien es conocido como Cape, continúe privado de su libertad mientras avanza la instrucción que conduce la fiscal de Homicidios Andrea Cecilia Lazo.

De esta manera, el acusado quedó más complicado en la causa y, si finalmente llega a juicio y es declarado culpable por la calificación más grave que sostiene la Fiscalía, podría recibir una condena de prisión perpetua. Por la pena en expectativa, el expediente avanzará hacia un juicio por jurados.

El caso que volvió a poner a Zalazar Ábalos frente al Ministerio Público ocurrió durante la noche de un viernes, en la intersección de La Pampa y Blas Parera.

Domínguez Cornejo, de 52 años, se encontraba junto a su pareja y una amiga cuando se presentó el acusado, quien había sido pareja de la mujer.

De acuerdo con la reconstrucción que forma parte de la investigación, Zalazar Ábalos protagonizó una escena de violencia delante de varios testigos.

En ese contexto habría pronunciado una frase que quedó incorporada a la pesquisa: “Sos mía o de nadie”, palabras más, palabras menos. Después tomó un cuchillo tipo carnicero y atacó a Domínguez Cornejo sin piedad.

El puntazo alcanzó al hombre en la zona del pecho y le provocó una lesión mortal. Personal del Servicio de Emergencias Coordinado llegó y constató que la víctima había fallecido. En el teatro del hecho trabajaron efectivos de Policía Científica, la División Homicidios, el Grupo TEN y otras unidades.

El ataque no terminó con la agresión contra Domínguez Cornejo. Según la pesquisa, Zalazar Ábalos escapó hacia un asentamiento cercano y, antes de desaparecer, prendió fuego la casa de su expareja. Desde ese momento permaneció prófugo y la Justicia libró un pedido de captura nacional e internacional.

La División Homicidios de Investigaciones comenzó entonces a reconstruir sus movimientos y logró establecer que se ocultaba en Las Heras.

Los investigadores solicitaron un allanamiento sobre una propiedad precaria, pero cuando ingresaron a la morada, el sospechoso ya no estaba. La búsqueda continuó en los alrededores y finalmente Zalazar Ábalos fue localizado en la vía pública, frente a una vivienda del barrio Arquitecto Alfaro.

La captura se produjo sin el que el sujeto ofrezca resistencia y fue trasladado primero a la Subcomisaría Iriarte y luego a la cárcel. Desde entonces quedó a disposición de Lazo.

Con el avance del expediente, reunieron elementos que permitieron sostener la acusación y ahora la jueza Ramón avaló la prisión preventiva.

Cuando condenaron al Cape, en diciembre del 2010. La foto de la escena del asesinato de su amigo.

El día que asesinó a su compinche

Pero el homicidio de Domínguez Cornejo no es el primer crimen que tiene como protagonista a Zalazar Ábalos. El antecedente se remonta al 9 de junio de 2010, cuando tenía 29 años y asesinó a Oscar Herrera, un hombre con quien se encontraba bebiendo cerveza en una obra en construcción de calle Godoy Cruz al 300, en el distrito San José, Guaymallén.

Durante la madrugada, ambos hombres comenzaron a tomar y, después de varias horas, protagonizaron una discusión que terminó en una pelea. Se desconocieron. Los dos estaban alcoholizados y se enfrentaron cuerpo a cuerpo hasta que Herrera recibió un fuerte golpe en la cabeza con una botella.

La violencia continuó y el Cape utilizó un fragmento de vidrio para cortarle el cuello. La herida tenía unos cinco centímetros y provocó que Herrera se desangrara y muriera en el lugar. El cadáver fue encontrado horas después por el propietario de la obra, quien dio aviso al personal policial.

Los pesquisas encontraron entonces una escena con numerosos elementos que podían haber sido utilizados durante la agresión. Además de la botella rota, fueron hallados una tijera y un cuchillo. El cuerpo presentaba distintas lesiones y tenía las piernas atadas con un cable, al igual que una de sus manos.

Zalazar Ábalos también había resultado herido durante la pelea. Después del crimen escapó caminando y dejó un rastro de sangre sobre la vereda, tal como describió El Sol por aquellos días, que realizó coberturas tanto del hecho como del juicio que tuvo el caso. Esa huella fue seguida por perros sabuesos y permitió a los investigadores reconstruir parte del recorrido que había realizado para alejarse de la escena.

Dos días después del homicidio, personal de Investigaciones logró detenerlo en la vía pública, en las inmediaciones del asentamiento Malcayaes, en Maipú. En aquella oportunidad fue llevado ante el fiscal Diego Lusverti (hoy juez), pero se negó a declarar.

Sin embargo, el desenlace judicial llegó medio año después. El 20 de diciembre, Zalazar Ábalos reconoció la autoría del crimen y acordó una pena mediante un juicio abreviado. Lo condenaron a nueve años de prisión por homicidio simple.