En la manzana A, casa 14 del barrio San Vicente de Godoy Cruz, hay una casa que nadie habita, pero que nunca está vacía. Su frente de madera, con tablas clavadas para bloquear la vista, esconde un búnker que desde hace años funciona como centro de acopio y venta de cocaína y marihuana.
Cada vez que la Policía contra el Narcotráfico (PCN) llega hasta la puerta para meterse y allanar, los que están adentro ya saben qué hacer: descartan la droga fraccionada lista para la venta y dejan el lugar prácticamente vacío de pruebas, a pesar de que los pesquisas siempre han logrado obtener datos que confirman sus hipótesis.
Ese juego de gato y ratón volvió a repetirse este viernes durante la tarde. Después de varias semanas de seguimientos, decidieron actuar otra vez: la PCN llegó al domicilio pasadas las 13, irrumpió en el lugar y encontró a dos hombres.
En un sector había un cuaderno con anotaciones de ventas y turnos rotativos. En el patio, escondidos en un desagüe, 31 envoltorios de cocaína listos para el menudeo. También había semillas de cannabis y un celular que podría revelar la red de clientes y los principales responsables del lugar.
Los identificados fueron dos hombres de 31 y 33 años. El segundo fue señalado como responsable del búnker y citado ante la Justicia federal.
Nadie quedó detenido, pero la escena volvió a confirmar lo que los vecinos repiten hace años: los pases de mano nunca se detienen. “No han parado de vender”, aseguraron en el barrio, hartos del movimiento constante de personas y de las peleas que suelen terminar en la vereda.
La Yaqui Vargas quedó presa otra vez como jefa de una organización narco
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La casa está vinculada a un apellido que para las fuerzas de seguridad es sinónimo de narcotráfico. Ariel “Pitu” Vargas, hermano de Sandra Jaquelina Vargas, conocida como la Yaqui (actualmente purgando una pena de 15 años y detenida nuevamente en una megacausa por venta de drogas revelada por este diario), es el nombre que aparece una y otra vez en los informes preventivos.
Nacido el 25 de marzo de 1983, el Pitu lleva más de 15 años bajo la lupa de la Justicia. Ha estado preso por otros delitos, pero nunca fue condenado en las causas que apuntaron a su hermana y a la organización que manejaba. Actualmente, según los investigadores y los habitantes de la zona, no vive en la casa sino que se mueve entre domicilios de familiares de su pareja, pero mantiene el control del lugar.
El allanamiento del viernes no fue el primero. El 6 de mayo, la PCN había irrumpido en la misma vivienda, sin encontrar droga, y en la casa contigua (manzana A, casa 15) secuestró 67 envoltorios de cocaína y detuvo a una mujer identificada como Andrea Beatriz Cruzate.
Los soldaditos de la Yaqui que fraccionaban droga y manejaban dinero y su futuro en prisión
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A fines de junio, la propia Yaqui volvió a caer detenida y el domicilio allanado. A pesar de todos los procedimientos que han desarrollado en el inmueble, el búnker volvió a ponerse en marcha, con nuevos “soldados” que mantienen la venta y cuidan que la clientela no se pierda.
El interior del lugar es un verdadero aguantadero narco: ropa tirada, piezas desordenadas, restos de comida y objetos en desuso eran el común denominador. Aun así, las medidas de seguridad dificultan el ingreso y poder controlar la situación.
De acuerdo con fuentes del caso, el desafío es desactivar el punto de venta de manera definitiva. Las pruebas secuestradas fueron determinantes para establecer la cadena de distribución, a pesar de que el Pitu, cada vez que ingresan los efectivos, no se encuentra en el inmueble.
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