El 12 de julio de 2018 por la mañana, una organización criminal con datos y logística cometió uno de los últimos secuestros extorsivos del que se tenga registro en Mendoza: raptaron al joven hijo de un empresario y lo mantuvieron cautivo hasta que su padre pagó un rescate de 200 mil pesos.
Este jueves, a casi tres años del conmocionante hecho, la Justicia federal condenó a la banda que lideró todas las maniobras delictivas que permitieron retener a la víctima.
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El Tribunal Oral Federal Nº1, integrado por los jueces María Paula María, Waldo Alejandro Piña y Alberto Carelli coincidió con los argumentos expuestos por la fiscal de Cámara, María Gloria André, e impuso 15 años de cárcel para Nicolás Agustín Leal, Héctor Alexis Díaz (sumó seis meses más), German Ezequiel Ibargoyen.
En tanto, recibieron una condena de 14 años Oscar Alberto Traico Yancovich (más declaración de reincidencia) y Jorge Sixto Coria. Mientras que Jonathan Exequiel Tempesti, a quien consideraron encubridor de algunas de las pruebas de la causa, fue condenado a cinco años de encierro.

El hecho que motivó una profunda investigación por parte de las autoridades policiales federales y de la provincia, y del fiscal federal Fernando Alcaraz, sucedió el jueves 12 de julio de 2018 entre a las 9 y las 9.45.
Una banda integrada por los condenados (más otro hombre que está identificado pero no fue detenido) actuó cumpliendo distintas funciones para secuestrar a un joven con domicilio en el barrio Jardín Village de Dorrego, en Guaymallén.
La víctima fue amenazada con un arma de fuego en la cabeza por uno de los malvivientes, que lo trasladó hasta la planta baja de la habitación. Allí se encontraba reducida una empleada doméstica: la habían atado y sentado para tener el control total de la escena.
En ese momento, tres hombres ingresaron a la propiedad para prestar apoyo. Acto seguido, le exigieron al joven que les indicara en qué habitaciones se encontraban las cajas fuertes de su padre.
En estado de shock, la víctima los llevó hasta la única que había en el domicilio. La abrió y entregó los 3.000 mil pesos que había en su interior.
Disconformes con el botín, la gavilla se reunió en una habitación y decidió dar su próximo paso: llevarse a la víctima cautiva. “Te vamos a secuestrar y le vamos a pedir un rescate a tu viejo”, le dijeron tal como relató el joven al momento de declarar.
Antes de irse, le expresaron que iban a utilizar su propio teléfono celular para hacer la llamada exigiendo un rescate. Cargaron en una mochila una notebook, una cámara de fotos, más dinero en efectivo (monedas extranjeras como pesos colombianos, reales, y chilenos, pesos dominicanos, Florín de Aruba y dólares) y salieron de la propiedad.
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Minutos después, y mientras circulaban por diversas calles del Gran Mendoza en un VW Gol con vidrios polarizados, la banda llamó al padre del joven y le pidió 4 millones de pesos a cambio de la liberación.
Mayormente, los secuestradores se movieron por calles de Dorrego durante 45 minutos. En un momento, le pidieron a la víctima que les indicara el lugar donde tenía la empresa su padre. De esta forma, cambiaron de rumbo y se trasladaron por el Acceso Este hasta la zona de calle 9 de Julio de Ciudad.
Después de pactar que la entrega del dinero iba a realizarse cerca de la Terminal de Ómnibus en Guaymallén, se dirigieron hasta el área. Allí se encontraron con el padre del joven secuestrado, quien se encontraba en un vehículo Suzuki Gran Vitara, y le pidieron que los siguiera.
El hombre circuló por algunos minutos detrás de los delincuentes, que frenaron en calle Pedro Vargas de Guaymallén. Allí uno de los malvivientes, con acento chileno, se bajó y le pidió el dinero. A través de la ventana de su rodado, el hombre les dio 200 mil pesos en efectivo. Eran cerca de las 11 de la mañana.
Lo cierto es que la organización cayó meses después porque no paró de utilizar los mismos teléfonos celulares que tenían. Esto sirvió para identificarlos y capturarlos. Mientras se encontraban en la clandestinidad, continuaron perpetrando delitos y sumaron al menos tres entraderas.
