Nicolás Stevan Ardila Pérez fue detenido en febrero del 2020 cuando viajaba en un colectivo internacional rumbo a Chile con más de 1.800 dosis de distintas drogas sintéticas. Un año después, recibió una condena de cuatro años y diez meses de prisión efectiva. La sentencia también abrió la puerta a que Migraciones evaluara su permanencia en la Argentina.
Recientemente, tal como reveló este diario, seis años después de aquel procedimiento, el colombiano volvió a quedar bajo la lupa de la Justicia federal en Mendoza: fue detenido en Godoy Cruz con más de dos kilos de cocaína, casi 11.000 dólares y una identidad que despertó sospechas entre los investigadores.
La nueva caída de Ardila Pérez, de 36 años, tiene un antecedente que explica por qué los pesquisas profundizaron las averiguaciones sobre su pasado.
El hombre, nacido en Bogotá el 17 de marzo de 1990, ya había sido condenado por un delito relacionado con el contrabando de estupefacientes y, según la información reunida en la investigación reciente, había sido expulsado del país. La hipótesis que manejan los detectives consultados por este diario es que regresó ilegalmente a nuestro país y habría retomado la actividad vinculada con las drogas utilizando otro nombre, tal como terminó certificando Migraciones.
El procedimiento que volvió a ponerlo en escena ocurrió durante el último fin de semana en un departamento interno de calle San Martín al 978, en Godoy Cruz, a pocos metros del Hospital Español.
Allí, efectivos de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) encontraron dos ladrillos de cocaína que pesaron 2.111 gramos, 10.900 dólares, 42.400 pesos argentinos, un teléfono celular iPhone, una balanza digital, un reloj y documentación.
La intervención también terminó con la detención de Kevin Garro, un joven oriundo del barrio Parque Sur de ese mismo departamento, que había salido del inmueble con otros dos panes de la misma sustancia, identificados por la marca del delfín.
La sospecha es que había concurrido al lugar para comprar droga para luego fraccionarla y comercializarla en pequeñas cantidades a través de alguna organización en diferentes quiosquitos. La vigilancia previa y los elementos secuestrados pasaron a integrar la prueba que deberá sostener la acusación.
Este lunes, la Justicia dictó la prisión preventiva de ambos hasta el 22 de febrero, a pedido de la fiscal de Casos Sencillos María Eugenia Abihaggle.
Ardila Pérez quedó imputado por comercio de estupefacientes, mientras que Garro enfrenta una acusación por tenencia de drogas con fines de comercialización. Los dos fueron trasladados al penal federal de Cacheuta.
La causa, que se inició el año pasado y se había reactivado hace tres meses antes a partir de distintas informaciones sobre una presunta actividad de venta de drogas, todavía tiene interrogantes abiertos.
Los pesquisas buscan establecer si el colombiano operaba por su cuenta o si formaba parte de una estructura con otros integrantes de mayor peso. Para reconstruir ese recorrido, sin embargo, deben volver a un episodio ocurrido en plena cordillera, cuando el ahora detenido intentaba cruzar a Chile con una carga de sustancias sintéticas.
Expulsado del país y con nombre falso: el narco colombiano que cayó con cocaína
La historia de Nicolás Stevan Ardila Pérez tiene un antecedente que vuelve especialmente llamativa su última y reciente detención: el colombiano de 36 años ya había sido condenado en Mendoza por una causa vinculada con drogas y expulsado del país. Sin…
Se hacía el dormido
El primer capítulo judicial de ese caso comenzó el 25 de febrero del 2020. Ese día, personal del Escuadrón 27 Uspallata de Gendarmería Nacional realizaba un control físico y documental de rutina en el puesto fijo de Punta de Vacas. Entre los vehículos inspeccionados estaba un colectivo de la empresa chilena Tur Bus que había partido desde Mendoza y tenía como destino la República de Chile.
Durante la revisión de los pasajeros, un hombre llamó la atención de los uniformados. Ocupaba la butaca número 5, aunque en su pasaje figuraba la número 4. Cuando advirtió la presencia de los gendarmes, simuló estar dormido, una conducta que fue observada por uno de los cabos. El pasajero fue identificado como Nicolás Stevan Ardila Pérez.
La inspección de sus pertenencias permitió encontrar una cantidad importante y variada de drogas de diseño. En una mochila que llevaba entre las piernas había un envoltorio de nylon transparente con 400 pastillas de éxtasis de distintos colores y una bolsa con 406 dosis de anfetaminas, presentadas en forma de estrella roja.
El control no terminó con ese hallazgo. Durante la requisa personal, los gendarmes encontraron en el bolsillo izquierdo de su pantalón dos planchas de troqueles que contenían 1.013 dosis de LSD, además de un envoltorio con 18,8 gramos de MDMA en polvo y varias bolsas pequeñas tipo ziploc.
El recuento dejó al descubierto el volumen de la carga: 400 pastillas de éxtasis, 406 dosis de anfetaminas, 1.013 troqueles de LSD y 18,8 gramos de MDMA. El procedimiento derivó en su detención y en el inicio de una causa ante la Justicia federal. Por lo que detallaron las fuentes por aquellos días, se trataba de un cargamento “millonario” que podría generar ganancias “extremas” en dólares en el vecino país.
La sentencia llegó poco más de un año después. El 9 de abril del 2021, el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Mendoza, con el juez Roberto Julio Naciff, dictó sentencia mediante un juicio abreviado. Ardila Pérez reconoció el hecho y su responsabilidad penal en el marco de un acuerdo entre la Fiscalía y la defensa.
El juez lo condenó a cuatro años y diez meses de prisión de cumplimiento efectivo como autor de contrabando de estupefacientes, agravado por la cantidad de droga destinada a la comercialización y en grado de tentativa.
La resolución también dispuso una inhabilitación especial de seis meses para ejercer el comercio, una inhabilitación absoluta por el doble del tiempo de la condena para desempeñarse como funcionario o empleado público y la destrucción de las sustancias secuestradas.
El cómputo de la pena estableció como fecha de detención el 25 de febrero del citado año y como vencimiento el 25 de diciembre del 2024.
Pero el fallo incorporó otro dato relevante para entender la situación migratoria del colombiano: ordenó remitir una copia de la sentencia a la Dirección Nacional de Migraciones para que evaluara la aplicación del artículo 29 de la Ley 25.871, que contempla impedimentos para permanecer en el país o motivos para cancelar la residencia de extranjeros condenados por determinados delitos. Finalmente, la normativa se cumplió y Ardila Pérez fue expulsado de Argentina.
Más de 60 movimientos hacia Chile
Los viajes al país vecino fueron otro elemento que quedó registrado en el expediente de la causa por las drogas de diseño. Un informe de la Dirección Nacional de Migraciones incorporado a la causa acreditó que Ardila Pérez había registrado más de 60 ingresos y salidas hacia Chile entre el 2014 y 2020.
El dato adquirió relevancia dentro de la pesquisa por el contrabando de drogas sintéticas, ya que el colombiano fue descubierto precisamente cuando viajaba en un colectivo internacional con destino al país trasandino.
La frecuencia de esos movimientos fronterizos fue valorada en el expediente en relación con el modo en que operaba.
Los registros migratorios también aportaron información sobre su radicación en la Argentina. Ardila Pérez tenía un documento de identidad para extranjeros y registraba como último domicilio uno ubicado en Larrea 570, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La documentación judicial permitió reconstruir así una secuencia concreta: su residencia declarada en Capital Federal, los numerosos movimientos hacia Chile y la detención en Punta de Vacas con una carga de drogas sintéticas. Sin embargo, los datos disponibles no permitieron atribuirle a cada viaje un traslado de estupefacientes ni establecer que todos hayan tenido relación con una actividad ilícita.
El regreso con otro nombre
Cuando la causa por las droga de diseño parecía una cuestión del pasado, la investigación de la PCN comenzó a tomar forma unos noventa días antes del operativo, cuando los efectivos recibieron información que vinculaba a un hombre con la presunta venta de estupefacientes en un complejo de departamentos de calle San Martín.
Los policías montaron una vigilancia sobre el departamento 5 y siguieron los movimientos de las personas que llegaban al inmueble. Durante esas tareas observaron la llegada de un Ford Taunus que se estacionó sobre calle Tropero Sosa. De allí descendió un joven que había mantenido una conversación telefónica antes de ingresar al complejo.
El visitante permaneció unos 20 minutos dentro del lugar. Cuando salió y volvió al vehículo, los efectivos decidieron intervenir. El joven era Kevin Garro.
Durante la requisa, uno de los panes de cocaína se cayó mientras los policías lo interceptaban; el otro lo llevaba oculto a la altura del pantalón. Ese hallazgo llevó a la fiscalía federal de Abihaggle a avanzar sobre el departamento vigilado.
Dentro encontraron a Ardila Pérez y, durante el procedimiento, secuestraron los dos ladrillos más de cocaína que pesaron 2.111 gramos, además del dinero y los otros elementos incorporados a la causa.
Pero hubo un dato que abrió otra línea de investigación. En un primer momento, el hombre dijo llamarse Jorge Vidales Mosquera y presentó documentación y una licencia de conducir con esos datos.
Las verificaciones posteriores no coincidieron con esa identidad. En particular, los registros migratorios no mostraban un ingreso al país bajo el nombre que había proporcionado.
Las averiguaciones de Migraciones permitieron avanzar sobre su verdadera identidad. Finalmente, el hombre de bigotes finos y tez blanca reconoció ser Nicolás Stevan Ardila Pérez, el mismo colombiano que había sido detenido en el 2020 en Punta de Vacas y condenado al año siguiente por contrabando de estupefacientes.
