Leandro Emanuel Contreras Sottile.

“Yo soy inocente y no estoy involucrado en el hecho”. Las últimas palabras de Leandro Emanuel Contreras Sottile no alcanzaron para convencer a los 12 integrantes del jurado popular que debieron decidir sobre su responsabilidad en uno de los asesinatos que durante años permaneció abierto en la Unidad Fiscal de Homicidios.

El jurado lo encontró culpable la tarde de este miércoles del homicidio agravado por el uso de arma de fuego de Lucas Fabián Bruno, asesinado a fines de octubre del 2013 durante una balacera en el barrio Santa Ana, de Guaymallén. Tenía 18 años. Un amigo de la víctima fatal también resultó herido, pero, en su caso, el expediente prescribió.

Contreras Sottile tenía 19 años cuando su nombre quedó ligado al crimen y llegó al debate, con 32, después de haber permanecido más de una década prófugo y bajo una identidad falsa en Chile. Frente al jurado, mantuvo su versión de inocencia. Sin embargo, los testimonios de quienes estuvieron aquella noche en la esquina de calles Amigorena y Corrientes tuvieron un peso central en la acusación.

El fiscal de Homicidios Oscar Malla fue quien llevó adelante la acusación durante los tres días de proceso oral y expuso ante los ciudadanos las pruebas reunidas durante una investigación que se extendió durante años.

Entre ellas, los testimonios presenciales que ubicaron a “Chupete” en la escena y lo señalaron como el hombre que descendió de un Fiat 147 blanco con una pistola Bersa calibre 22 y efectuó siete disparos contra un grupo de cinco jóvenes que se encontraba sentado en el cordón.

Uno de esos proyectiles impactó en la cabeza de Bruno y le provocó la muerte. Juan Ignacio Marino Muñoz, otro de los jóvenes que estaba en el lugar, recibió un balazo en la zona dorsal y se convirtió en uno de los testigos centrales del proceso.

La defensa de Contreras Sottile, ejercida por el abogado Pablo Cazabán, sostuvo la inocencia del acusado y cuestionó las pruebas. El imputado incluso había rechazado antes del debate oral un abreviado que se había intentado acordar con el Ministerio Público porque mantuvo su postura de no haber participado del homicidio.

Pero este miércoles, después de escuchar los alegatos de clausura de Malla, la querella y la defensa, las seis mujeres y los seis varones que integraron el tribunal popular llegaron a un veredicto: culpable. La pena se definirá en una próxima audiencia que se desarrollará el viernes a las 8.30.

Arriba: Leandro Contreras en sus últimos años y en la barra de la Lepra. Abajo, Lucas Bruno.

Más de una década prófugo

Después del crimen, Contreras Sottile, quien era conocido por ser barra de Independiente Rivadavia (tocaba la trompeta en la hinchada) desapareció. La investigación determinó que había llegado a Chile y que allí comenzó a utilizar diversas identidades, entre ellas, la de Diego Sebastián Guerrero Paz, un supuesto ciudadano chileno.

Durante años logró moverse con esa documentación, modificó notablemente su aspecto físico y se llenó de tatuajes. La Justicia incluso mantuvo un pedido de captura internacional a través de Interpol mientras la causa por el homicidio continuaba abierta.

El giro se produjo en abril del año pasado, cuando un control de identidad realizado después de un asalto en una cueva de la Galería Tonsa llevó a los investigadores hasta el hombre que se presentaba como Guerrero Paz.

Los detectives de la División Homicidios profundizaron la verificación y el cotejo biométrico terminó revelando su verdadera identidad. El detenido era Contreras Sottile, el mismo joven que llevaba más de diez años siendo buscado por el asesinato de Bruno.

Por ese asalto recibió el pasado 17 de agosto una condena de 5 años y diez meses de prisión. Esa causa avanzó por separado de la investigación por el homicidio y el expediente por el crimen finalmente llegó al debate que concluyó este miércoles con el veredicto de culpabilidad. Ahora resta definir cuántos años permanecerá en prisión.

La escena del crimen en octubre del 2013.

La pena se definirá en la cesura

La próxima etapa será la audiencia de cesura, prevista este viernes por la mañana. Allí volverán a intervenir las partes para discutir exclusivamente la pena que deberá cumplir Contreras Sottile.

La Fiscalía solicitará una pena dentro de la escala correspondiente al delito, cuyo máximo es de 33 años y cuatro meses de prisión. La defensa, en cambio, irá por la sanción mínima: 10 años y 8 meses.

La decisión final quedará en manos del juez técnico Alejandro José Miguel, quien deberá fijar la pena después de escuchar nuevamente los argumentos de las partes.

Lo que no quedó claro en el proceso fue el móvil: si bien entre la víctima y el victimario se conocían, por lo que comentaron fuentes del proceso “había una bronca entre las partes”. Cuando Contreras Sottile se bajó armado del Fiat, gritó, palabras más, palabras menos, “a ver si se hacen los vagos” y comenzó a accionar la pistola que cargaba.