Mientras los cuatro coautores confesaron y recibieron penas de entre 15 y 23 años y medio de prisión en un juicio abreviado por el asesinato durante un asalto del comerciante Norberto Martín Salzmann (51) ocurrido en febrero del 2023, Ariel Iván “Colo” Quarñolo, sospechado de pasar el dato del dinero que tenía la víctima, se mantuvo firme en su postura: aseguró que es inocente y rechazó el acuerdo que le ofreció la Fiscalía de Homicidios, que contemplaba una condena de 13 años y seis de cárcel.
Si no cambia de opinión en los próximos días, el empleado del lubricentro donde ocurrió el crimen enfrentará un juicio por jurado popular a mediados de diciembre, una instancia que pondrá a prueba su versión: que no tuvo ninguna participación en el brutal asalto que terminó con la vida de su propio jefe.
Para la fiscalía, representada en el debate por Fernando Guzzo, la decisión de Quarñolo de rechazar el acuerdo no cambió la solidez de la acusación. Al contrario, la fiscal que investigó la causa, Claudia Alejandra Ríos, sostuvo desde el principio que reunió un cúmulo de pruebas que comprometen seriamente al joven de 30 años y demuestran que su rol fue fundamental para que la banda actuara con precisión dentro del comercio de calle Mitre casi Mathus Hoyos de Guaymallén.
El caso contra Quarñolo se sostiene sobre un pilar central: el Ministerio Público sostuvo (al igual que jueces que dictaron y confirmaron la prisión preventiva) que fue él quien proporcionó información clave a los asaltantes. Datos precisos sobre la distribución del lubricentro, la ubicación exacta de las cámaras de seguridad, la existencia de un candado en la puerta que conectaba el negocio con la vivienda de Salzmann, y uno de los detalles más importantes: que ese día había dinero en efectivo producto de una reciente compra de dólares.
Brian Exequiel Garro, uno de los cuatro condenados y marcado como el conductor del vehículo que utilizó la banda para llegar a la escena, brindó detalles en su segunda declaración: “Cuando llegamos, me pidien que me baje, me pidieron que me quede adelante con el ‘Colorado’, que no necesitaba amenazarlo ni apuntarlo con el arma, porque él estaba con nosotros, él era el que había pasado el dato”. Esa confesión de Garro es considerada una de las pruebas más directas contra Quarñolo.
Pero no es la única. Las cámaras de seguridad del lubricentro, que sirvieron para primero individualizar y luego identificar a los otros integrantes de la banda, también registraron comportamientos sospechosos de Quarñolo. Las imágenes mostraron que a las 15.04 del 16 de febrero el empleado salió a la vereda y encendió un cigarrillo. Exactamente, dos minutos después, la banda arribó al lugar en una camioneta Chevrolet S-10 robada. Para la fiscalía, esa no fue una coincidencia: fue la señal acordada previamente con algunos de los integrantes del grupo de asaltantes.
La banda que asesinó al comerciante en su lubricentro de Guaymallén confesó y terminó condenada
La causa por el crimen de Norberto Martín Salzmann (51), el comerciante de Guaymallén asesinado en febrero de 2023, dio este martes un giro clave: cuatro de los cinco detenidos aceptaron su responsabilidad en un juicio abreviado homologado por el juez…
Durante el hecho de inseguridad, Quarñolo fue supuestamente “custodiado” por Garro, quien debía mantenerlo controlado mientras el resto de la gavilla ingresaba a la casa de Salzmann. Sin embargo, las cámaras captaron algo que contradice esa versión: en ningún momento Garro le apuntó con un arma. Es más, Quarñolo atendió a un cliente que llegó al lubricentro sin que su supuesto captor estuviera siquiera cerca. Las imágenes también registraron que Garro lo dejó solo en al menos dos oportunidades cuando se dirigió hacia el patio de la propiedad.
El Ministerio Público también exploró el vínculo laboral entre Quarñolo y la víctima, y allí encontró otro elemento incriminatorio. Testigos revelaron que la relación entre empleado y empleador estaba fracturada. Salzmann había decidido registrar formalmente a Quarñolo no para darle estabilidad, sino para poder despedirlo con causa justificada ante las constantes llegadas tarde, faltas sin aviso y, según los testigos, problemas de consumo de drogas y adicción al juego.
El mismo día del crimen, le había notificado a Quarñolo un apercibimiento por sus ausencias. El empleado enfrentaba el inminente despido y uno de los testigos agregó que tenía deudas con gente del “casino”. Para la acusación, esos elementos configuran un móvil claro.
Otro punto que comprometió en la instrucción a Quarñolo fue su conocimiento específico del lugar y los movimientos de dinero. Solo trabajaba los lunes, martes y jueves, y el asalto fatal ocurrió precisamente un jueves. Ese día, un hombre fue dos veces al lubricentro, a las 11 y a las 13, para venderle dólares a Salzmann, quien tenía pensado hacer un viaje familiar. Quarñolo estaba presente y, según sospecharon los investigadores con pruebas, transmitió esa información a la banda.
Los asaltantes llegaron con armas de fuego y una barreta de grandes dimensiones, elemento que utilizaron específicamente para forzar el candado de la puerta que unía el comercio con la vivienda. Los efectivos de la División Homicidios y la fiscal del caso ese nivel de planificación solo fue posible gracias a los datos que proporcionó el empleado.
La investigación también detectó irregularidades en el comportamiento del teléfono celular de Quarñolo. Hasta el 3 de febrero mantuvo comunicaciones con Salzmann, pero su línea dejó de estar activa el 6 de febrero, diez días antes del crimen. Quarñolo declaró que le robaron el celular, pero los informes técnicos indicaron que la línea fue dada de baja, no reportada como robada. Para los investigadores, el imputado ocultó información.


Escuchas telefónicas intervenidas a familiares de los otros acusados revelaron que Garro y Martín Carlos Falcón, quien recibió la pena más alta de 23 años y seis meses por ser el autor del disparo fatal, habían ido a ver el lugar del hecho previamente. En esas conversaciones surgió que la banda contaba con información precisa de que en el lubricentro había dinero y que fueron específicamente a “robar la caja fuerte”.
La defensa de Quarñolo, sin embargo, sostiene que su cliente es inocente y que no existen pruebas firmes que lo vinculen con el crimen. Argumentó que las imágenes pueden interpretarse de otra manera y que el testimonio de Garro, quien buscó reducir su propia condena confesando, no era motivo suficiente para condenarlo.
De no cambiar de postura, el caso llegará ahora a manos de un jurado popular, que deberá evaluar si Quarñolo fue el “entregador” que proporcionó los datos clave para que la banda actuara con soltura, o si simplemente fue un empleado que estuvo en el lugar y el momento equivocado.
Está previsto que el juicio con los ciudadanos sea presidido por el juez técnico Mauricio Juan y se espera que se concrete el mes próximo. Será la instancia definitiva para que Quarñolo pueda probar la inocencia que proclama o para que la fiscalía logre sumar una quinta condena en un caso que conmocionó a Guaymallén hace dos años.
Los otros cuatro integrantes de la banda ya están cumpliendo sus condenas firmes: Falcón con 23 años y seis meses, Sebastián Palacio Masmutti y Jorge Romero con 22 años y seis meses cada uno, el citado Garro con 15 años y medio.
Todos confesaron y aceptaron su responsabilidad en el homicidio en ocasión de robo que terminó con la vida de Salzmann de un disparo calibre 9 milímetros, después de golpearlo con una barreta en la cabeza frente a su hija.
