En una semana marcada por la controversia en torno a las explicaciones del vocero presidencial Manuel Adorni sobre presuntas inconsistencias en su declaración jurada, el Gobierno nacional recibió dos noticias económicas que fortalecen su discurso de estabilización: la inflación de mayo se ubicó en 2,1%, el nivel más bajo desde septiembre de 2025, y el riesgo país descendió hasta los 443 puntos básicos, su menor registro en ocho años.

La caída del indicador elaborado por JP Morgan se produjo luego de varias semanas de estancamiento en la franja de entre 450 y 500 puntos. El impulso definitivo llegó tras la mejora de la calificación de la deuda argentina por parte de Standard & Poor’s, que se sumó a una decisión similar adoptada previamente por Fitch. La reducción del riesgo soberano mejora las condiciones de financiamiento para el país y alimenta las expectativas de un eventual regreso a los mercados internacionales de crédito.

En paralelo, el dato de inflación sorprendió favorablemente al mercado. Las principales consultoras privadas proyectaban un índice de entre 2,3% y 2,5% para mayo, pero la medición oficial mostró una desaceleración mayor a la prevista. Se trata de la segunda baja consecutiva del Índice de Precios al Consumidor después de casi un año de registros estancados o en ascenso, una tendencia que el Gobierno busca consolidar de cara al segundo semestre.

Entre los factores que explican la moderación de los precios aparecen la estabilidad cambiaria, la apertura comercial y la debilidad del consumo interno. Los analistas destacan que los salarios aún muestran rezagos respecto de la inflación acumulada, lo que limita la capacidad de las empresas para trasladar aumentos a los precios finales. A esto se suma un tipo de cambio que permanece relativamente estable pese a las compras récord de divisas realizadas por el Banco Central durante 2026.

Las primeras mediciones de junio también muestran una evolución moderada en el rubro alimentos, el de mayor incidencia dentro de la canasta del IPC. Según datos de la consultora LCG, los precios de los alimentos aumentaron apenas 0,1% durante la primera semana del mes y 0,6% en la segunda, alimentando las expectativas de que la inflación pueda perforar el umbral del 2% en las próximas mediciones.

Sin embargo, los economistas advierten que la desaceleración no garantiza una trayectoria lineal hacia niveles cada vez más bajos. El antecedente de 2025 sirve como referencia: tras tocar un piso de 1,5% en mayo de aquel año, la inflación retomó luego una tendencia alcista que la llevó hasta 3,4% en marzo de 2026. Por eso, el debate ya no gira únicamente en torno a cuándo se romperá la barrera del 2%, sino sobre la capacidad del Gobierno para sostener el proceso de desinflación en el tiempo.

Otro factor que contribuyó a contener los precios fue la política oficial sobre combustibles. En medio de la volatilidad internacional generada por la tensión entre Estados Unidos e Irán, el Gobierno implementó medidas para evitar que el aumento del petróleo se trasladara al mercado local. En ese esquema, YPF absorbió parte de las fluctuaciones externas mediante un mecanismo de compensación que permitió moderar los aumentos en surtidores y contribuyó a que el rubro transporte registrara una suba de apenas 2% en mayo, frente al 4,4% observado en abril.

Las consultoras privadas mantienen perspectivas relativamente optimistas para los próximos meses. Algunas estimaciones ya ubican la inflación de junio por debajo del 2%, aunque los especialistas insisten en que el proceso seguirá sujeto a variables clave como la política cambiaria, la evolución de las tarifas de servicios públicos y el nivel de actividad económica. Mientras tanto, la combinación de menor inflación y menor riesgo país le ofrece al Gobierno uno de los escenarios económicos más favorables desde el inicio de la gestión de Javier Milei.