El hombre condenado venía de estar encerrado en Chaco.

Hay internos que recorren buena parte del sistema penitenciario federal argentino. Se tornan prácticamente incontrolables. Pasan de una cárcel a otra, acumulan traslados, sanciones y conflictos. En la jerga judicial son los que “agotan el circuito”.

Hugo Alejandro Insaurralde integra ese grupo, tal como detallaron fuentes consultadas por este diario. Condenado a 20 años de prisión por integrar una organización dedicada a secuestros extorsivos en el conurbano bonaerense, su último destino fue el Complejo Penitenciario Federal VI de Cacheuta, en Luján de Cuyo. Pero ni siquiera allí logró evitar nuevos problemas que le generen un expediente en su contra.

En los últimos días, la jueza federal María Paula Marisi homologó un acuerdo entre la fiscalía, a cargo de Facundo Martín Atencio, y la defensa y le impuso dos meses más de prisión efectiva por un par de hechos de daños ocurridos dentro del penal mendocino. La nueva condena también derivó en la declaración de reincidencia del interno, que ya cumple una pena de larga duración y cuyo vencimiento está previsto para junio de 2032.

Los incidentes ocurrieron con apenas 24 horas de diferencia durante octubre del año pasado. Según la investigación, el 22 de ese mes Insaurralde se acercó a la celaduría de la Unidad Funcional 1 del pabellón A y comenzó a golpear con un palo el vidrio del puesto de vigilancia hasta romperlo.

Mientras causaba los daños, insultaba al personal penitenciario y reclamaba ser trasladado a otro establecimiento. Al día siguiente volvió a protagonizar otro episodio: colocó un trozo de tela en la puerta de una celda y le prendió fuego, provocando daños en la pintura. Ambos casos quedaron registrados en sumarios internos del Servicio Penitenciario Federal y terminaron convertidos en una nueva causa penal.

El reclamo por el traslado no era casual. Fuentes judiciales describieron a Insaurralde como uno de esos internos federales que han pasado por numerosos establecimientos del país. Su último destino antes de llegar a Mendoza había sido una cárcel de Resistencia, Chaco.

El recorrido por distintos penales suele responder a cuestiones de seguridad, convivencia o conducta, y en algunos casos deriva en conflictos reiterados dentro de las unidades donde son alojados.

La historia criminal que lo llevó a prisión comenzó mucho antes. En septiembre de 2014, el Tribunal Oral Federal N° 2 de San Martín lo condenó a dos décadas de encierro por integrar una asociación ilícita dedicada a cometer secuestros extorsivos en la zona oeste del conurbano bonaerense.

La banda actuó entre marzo y mayo de 2012 y fue considerada responsable de al menos cinco secuestros. Los investigadores determinaron que el grupo utilizaba armas de fuego, vehículos robados, chalecos antibalas y una compleja estructura para concretar las capturas y negociar los rescates.

Aquel juicio oral se extendió durante casi dos meses y terminó con quince condenados. Insaurralde recibió una de las penas más altas del proceso: 20 años de prisión, sólo superada por la de Jonathan Palavecino, quien fue sentenciado a 22 años.

Los magistrados concluyeron que la organización había cometido secuestros extorsivos agravados, robos armados y otros delitos vinculados a su funcionamiento. Además, ordenaron el decomiso de numerosas armas, municiones y vehículos utilizados por la banda.