Manuel Adorni atraviesa el momento más delicado desde que desembarcó en el Gobierno. Lo que comenzó como una controversia por el crecimiento de su patrimonio derivó en una crisis política que dejó de circunscribirse a la oposición dura y comenzó a erosionar respaldos que hasta hace pocas semanas parecían garantizados.
Pese a ese escenario, el funcionario no analiza renunciar ni pedir licencia. Con el aval explícito de Javier Milei, eligió resistir. Recluido en su despacho de la Casa Rosada y con una agenda pública reducida al mínimo, concentra sus esfuerzos en atravesar las próximas semanas, un período que dentro del oficialismo consideran decisivo para su supervivencia política.
La crisis por Adorni obligó al Gobierno a postergar cambios en Inocencia Fiscal
El Gobierno nacional decidió postergar el envío al Congreso de las modificaciones a la Ley de Inocencia Fiscal, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Economía que ya se encuentra terminada desde el punto de vista técnico, pero que quedó atrapada…
La situación se volvió especialmente compleja por un dato que preocupa en Balcarce 50: el cuestionamiento ya no proviene sólo del kirchnerismo. Sectores del PRO y de la UCR comenzaron a acompañar la ofensiva parlamentaria impulsada desde la oposición y dejaron al funcionario frente al escenario más adverso desde el inicio de la gestión libertaria.
En la Casa Rosada reconocen que el problema dejó de ser exclusivamente judicial o patrimonial. La discusión pasó a ser política. Y la pregunta que empezó a circular en despachos oficiales y legislativos ya no es qué ocurrirá con la investigación, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse en el cargo.
El blindaje de Milei
Mientras crecen los cuestionamientos, el principal activo de Adorni sigue siendo el respaldo presidencial. Cerca del funcionario aseguran que Milei nunca evaluó desplazarlo y que mantiene intacta su confianza.
“Están tirando todo al asador, pero no hay nada. Hay que entender que el Presidente banca, que esto va a pasar y todo volverá a la normalidad con los cambios que haya que hacer”, afirmó una fuente cercana al funcionario investigado por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos.
La estrategia oficial apunta a transmitir precisamente esa imagen: la de un funcionario que continúa ejerciendo plenamente sus responsabilidades y que conserva el apoyo político del Presidente, que se resiste a desplazarlo bajo el argumento de que sería “entregarlo” ante la presión externa.
En este contexto de parálisis y nerviosismo, los estrategas de comunicación de la Casa Rosada se aferran a factores externos: confían en que el avance de la Selección Argentina en el Mundial ayuden a descomprimir el clima mediático.
Además, en los próximos días, Milei volvería a mostrarse públicamente junto a Adorni en actividades oficiales. En el entorno presidencial consideran que esas señales son necesarias para frenar las especulaciones sobre una eventual salida.
Sin embargo, incluso dentro del oficialismo admiten que el blindaje presidencial ya no alcanza para clausurar el debate político. La presión acumulada durante los últimos meses comenzó a generar costos que trascienden al funcionario y alcanzan directamente al Gobierno.
La apuesta al 2 de julio
Ante el avance opositor, la Casa Rosada activó una estrategia de contención cuyo objetivo principal es ganar tiempo.
El núcleo político que trabaja alrededor de Milei —integrado, entre otros, por Patricia Bullrich, Diego Santilli, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem e Ignacio Devitt— concentra esfuerzos en evitar que la crisis escale durante las próximas semanas y en trasladar el eje de la discusión hacia el informe de gestión previsto para el 2 de julio.
En el oficialismo consideran que esa presentación puede convertirse en una instancia clave para intentar descomprimir la situación. “Ya está resuelto que se presente. Con el informe apostamos a descomprimir el pedido de interpelación”, reconoció un dirigente con llegada a la mesa política oficialista.
La apuesta, sin embargo, está lejos de ofrecer garantías. Distintos sectores del Congreso consideran que la controversia alcanzó una dimensión que difícilmente pueda resolverse con una única exposición parlamentaria.
El PRO rompió el cerco
La señal más inquietante para la Casa Rosada llegó desde el PRO. Hasta hace pocas semanas, el macrismo funcionaba como uno de los principales diques de contención frente a los embates opositores. Ese escenario comenzó a modificarse cuando dirigentes de peso dentro del partido decidieron cuestionar abiertamente la continuidad del funcionario.
Fernando de Andreis fue uno de los primeros en hacerlo. El dirigente macrista sostuvo que el daño político provocado por el caso se volvió demasiado grande y consideró que Adorni no debería continuar en el cargo.
“Claramente Adorni no tenía las cualidades para ser jefe de Gabinete” señaló De Andreis, secretario general del PRO y uno de los dirigentes más cercanos al ex presidente Mauricio Macri, en diálogo con Radio Rivadavia.
Además afirmó este miércoles que la presencia de Adorni como jefe de Gabinete le hace “un daño infinito” a Milei y es perjudicial “para el cambio en la Argentina”. En tal sentido, sostuvo que “lo ideal es que Adorni se vaya, no debería pasar un día más en el cargo”.
Poco después, el jefe del bloque del PRO en el Senado, Martín Goerling Lara, anticipó que su espacio podría acompañar iniciativas opositoras si avanzan en el recinto.
Para el oficialismo, ese movimiento encendió todas las alarmas. La posibilidad de que sectores del PRO y de la UCR coincidan con el kirchnerismo en una ofensiva parlamentaria alteró por completo las matemáticas legislativas y redujo considerablemente el margen de maniobra del Gobierno.
Una continuidad bajo presión
En la Casa Rosada rechazan cualquier escenario de salida inminente. Sin embargo, pocos se animan hoy a garantizar que la situación pueda sostenerse indefinidamente.
La estrategia oficial consiste en resistir, ordenar la defensa política y esperar que el paso del tiempo reduzca el impacto de la crisis. Pero cada semana que transcurre sin que el tema desaparezca de la agenda pública incrementa la presión sobre un funcionario cuya continuidad comenzó a ser discutida incluso por sectores que hasta hace poco integraban su red de respaldo.
Por ahora, Adorni se mantiene en pie gracias al sostén de Milei. El problema para el Gobierno es que, por primera vez desde el inicio de la gestión, ese respaldo parece ser casi el único muro que queda entre el funcionario y una salida que muchos en el sistema político ya consideran una posibilidad concreta.
