La Cuarta Cámara del Crimen será la sala donde hoy se enfrenten, en un careo, Pedro Encinas –acusado del homicidio de un comerciante, a quien mataron de 23 puñaladas, ocurrido en mayo del año pasado en Uspallata– y dos policías. Es que el imputado indicó que los efectivos lo obligaron a firmar una declaración en su contra y que los perros rastreadores que se utilizaron el día del crimen nunca ladraron cerca de su casa. Entre otras cosas, algo que parecía llevarlo a prisión perpetua al sospechoso, de 25 años, es que Encinas habría dicho a los uniformados cuando fue detenido: “Me mandé una cagada”, según consta en el expediente del caso.

    Sin embargo, luego de los alegatos de las partes, el tribunal presidido por Horacio Báez e integrado por Jorge Coussirat y Carlos Díaz, le dio la posibilidad al acusado de homicidio criminis causa de declarar por última vez, tal como corresponde en un juicio, y allí el debate cambió rotundamente. Encinas manifestó que los uniformados lo obligaron a firmar el acta de procedimiento en la que consta que, luego de ser detenido, expresó que había cometido “una cagada”.

    También aseguró que los perros utilizados esa noche en la villa para dar con el homicida nunca ladraron cerca de su casa y que el cuchillo ensangrentado, hallado en un jardín cercano a su vivienda, no era de él. Después de esto, Encinas concluyó solicitando a los magistrados realizar un careo entre él y dos policías, quienes serían los que lo obligaron a poner la firma en el acta. Se espera que hoy los uniformados se sienten frente a frente con el acusado y luego el tribunal pasará a deliberar sobre el futuro de Encinas. En caso de que se compruebe lo que el acusado sostiene, los policías podrían ser sancionados severamente por los magistrados.

EL CASO. El 29 de mayo a las 21.30, una persona ingresó al local de Juan Antonio Zuloaga (69), ubicado en la calle Ejército Argentino y Cerro Barauca, con el fin de comprar una campera. Según fuentes tribunalicias, ese comprador fue Encinas, quien habría querido sacar fiado el abrigo, a lo que Zuloaga no accedió. En ese momento, comenzaron a discutir entre ambos, hasta que el acusado sacó de entre sus ropas un cuchillo y lo apuñaló 23 veces al dueño del comercio en distintas partes del cuerpo, según se confirmó en la necropsia. Luego, el homicida escapó de la escena del crimen.

    Horas después del hecho, un miembro de la policía encontró una bicicleta a pocas cuadras del lugar del crimen y a tan sólo metros de la vivienda de Encinas. El pequeño rodado presentaba manchas de sangre y esto fue el principal factor que llevó a los uniformados a dar con el posible asesino de Zuloaga. Por otra parte, personal policial halló cerca de la bicicleta un celular y un bolso con ropa robada del local de la víctima, además de un cuchillo en un jardín cercano a la casa del acusado. Estas pruebas, secuestradas el mismo día del crimen, más algunas testimoniales que realizó Nazar, fueron determinantes a la hora de detener a Encinas.