Pablo Andrés Luca Vargas.

La violencia ligada a los clanes narcos del Campo Papa de Godoy Cruz volvió a escribir un capítulo este lunes en el Polo Judicial. Esta vez, con la condena que recibió Pablo Andrés Luca Vargas, alias Perita, quien fue sentenciado a 10 años y seis meses de prisión por el intento de homicidio de un joven vecino con el que mantenía un largo conflicto, tal como había solicitado el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello.

El fallo, dictado por la mañana luego de tres audiencias de un debate presidido por el juez Alejandro José Miguel, no solo lo confirmó como autor de una brutal emboscada a balazos, sino también como un actor dentro de la disputa que libran bandas familiares por el dominio del territorio en el corazón de Godoy Cruz.

El condenado es familiar de Sandra Jaquelina Vargas (48), apodada la Yaqui, una mujer sindicada en múltiples causas como cabecilla de una organización narco que opera en la zona conocida como “la línea”, dentro del mismo asentamiento Campo Papa, quien fue nuevamente detenida hace pocos días junto con su hijo y otras mujeres que están sospechadas de vender drogas para ella, como reveló este diario.

En ese contexto, la agresión se interpretó como parte de una secuencia de violencia sistemática que incluyó tiroteos, amenazas de muerte y disputas por viviendas, denunciadas incluso años atrás por la familia de la víctima.

El hecho que derivó en la condena ocurrió el 29 de marzo del año pasado, cerca de las 22, cuando Juan Carlos Páez, hijo del Chicho, un hombre que lleva el mismo nombre y hace más de 10 años mantenía conflictos con gente de la Yaqui, ya que estuvo en la misma escena cuando asesinaron al marido de la mujer, Cristian Mauricio Gelvez en el 2014, caminaba por las inmediaciones del barrio con su pareja, su madre y su hermana.

Según reconstruyó el fiscal Pirrello, el Perita salió encapuchado de una casa ligada al clan Vargas, se acercó a la víctima por detrás y le gritó: “¿Viste que te iba a encontrar?”.

Acto seguido, a poco más de un metro y medio de distancia, le disparó al menos cinco veces, impactándolo en la cadera, el abdomen, la mano y el pie. Así lo declararon los testigos directos.

El joven sobrevivió de milagro gracias a la intervención desesperada de su madre, su hermana y su pareja, quienes forcejearon con el agresor. El atacante huyó hacia “la línea”, pero fue identificado de inmediato por los familiares, que sabían que los Vargas los había amenazado reiteradamente y que ya habían tiroteado su casa. “Es pichón de la Yaqui”, declararon en la causa, apuntando al entramado narco detrás de la tentativa de asesinato.

Los informes médicos confirmaron la gravedad de las heridas: fracturas de columna, hemorragias internas, lesiones en órganos vitales y una intervención de urgencia que incluyó una colostomía.

La víctima permaneció internada seis días. La escena del ataque fue preservada y se hallaron manchas de sangre y vainas calibre 9mm, compatibles con otras causas violentas del mismo barrio, lo que reforzó la teoría de una estructura armada compartida por varios integrantes del entorno narco.

El juez del Tribunal Penal Colegiado consideró probada la intención de matar por parte del agresor luego de los alegatos de las partes, los que se desarrollaron la semana pasada.

En el fallo se valoraron especialmente los relatos de los testigos, que fueron contundentes y coincidentes en todos sus extremos. También se destacó que el ataque fue a traición, en plena vía pública y dirigido a zonas vitales del cuerpo, lo que evidenció el dolo homicida.

De acuerdo con fuentes policiales y de la zona, el Perita se movía como soldado de la Yaqui junto al hijo de la mujer, Mauro Gelvez, recientemente detenido. Sin embargo, también lo marcaron “como traidor” del clan, debido a que después de varios hechos habría unido sus fuerzas con otra mujer apuntada en la zona con la venta de drogas en pequeñas cantidades, Patricia “Pato” Castro, quien supo ser aliada de la máxima jefa narco pero luego empezó su propio negocio.

Hace pocos meses, la Pato fue detenida junto a varios familiares por una megacausa por narcomenudeo. La mujer fue beneficiada con la detención domiciliaria pero continúa ligada a proceso en los Tribunales federales.