Diego El Flaco Sarmiento (22) se hizo conocido públicamente a mediados de diciembre del 2006, cuando fue apresado y esposado en una vivienda de Guaymallén. Era la mano derecha de los líderes de la barrabrava del club Godoy Cruz –los hermanos Daniel y Diego Aguilera– y se lo acusaba por dos crímenes ocurridos en el barrio Chile II y La Gloria. Diego El Chino Faba (25) fue depositado en una celda el mismo día que su cómplice en uno de los sangrientos hechos. La tarea de inteligencia para lograr capturarlo se dio después de ser identificado como vendedor ambulante en la intersección de España y General Paz de Ciudad.

    El más chico de los tres, Gerardo El Mayonesa Lera, de 20 años, también fue sindicado como partícipe del cruento homicidio de Miguel Ángel Rojas (32), vecino del barrio La Gloria que recibió cuatro certeros disparos mortales durante un robo. Además de su extenso prontuario judicial, el trío de jóvenes malvivientes era afecto a otra actividad: integrar la barrabrava del club Godoy Cruz. Ayer, luego de varios testimonios y los alegatos de la semana pasada por el juicio contra Rojas, Sarmiento y Faba recibieron la pena máxima en la Séptima Cámara del Crimen: prisión perpetua por el delito de homicidio criminis causa agravado por alevosía y por el empleo de arma de fuego.

    El Flaco fue hallado culpable por ser quien apretó el gatillo, y Faba,por estar en la escena del hecho. El Mayonesa tampoco zafó del proceso oral y público. Fue sentenciado por robo seguido de muerte. Al ser menor de edad, la Justicia Penal de Menores deberá fijar la pena (ver aparte).

TRISTEZAY SATISFECHOS. Tras la sentencia que se ventiló en el primer piso de los Tribunales locales, la familia de los victimarios y de la víctima mantuvieron duros cruces verbales. Gritos de satisfacción y lamento evidenció la parentela de Rojas. “¡Asesinos, asesinos!”, bramaban la hermana y la esposa del hombre de 32 años, que recibió cinco tiros en la espalda, al ver salir a los homicidas con sus cabezas gachas. “Ustedes también tienen mansa conducta”, retrucaban del lado de Sarmiento. Lo cierto fue que los entredichos, en el medio de una fuerte custodia policial del GES, no pasaron a mayores y todos los presentes se retiraron tras el veredicto.

    Pero la historia del resonante crimen perpetrado a las 6.30 del 8 de diciembre del 2006 en la entrada del conventillo ubicado en la manzana A casa 64 de la popular barriada, quedó al descubierto en el debate. De acuerdo con lo aportado por testigos, tanto en el proceso como en instrucción, al menos tres sujetos –entre los que se contaban Sarmiento, Faba y Lera– se acercaron hasta el lugar citado, con la intención de robarles las pertenencias a Rojas, su mujer, Eugenia Magallanes, y su hermano Pablo. La esposa aseguró ante jueces, abogados y la fiscal de Cámara, Susana García, que estaba junto a Rojas y se asustó cuando los increpó el trío de sujetos con fines de asalto.Acto seguido señaló que se fue del lugar con la intención de pedir ayuda pero que no obtuvo resultado.

    “Cuando volví, vi a Faba que sacaba algo brillante y se lo pasó a Sarmiento”, afirmó la mujer, quien quiso defender a su marido pero no pudo. Por su parte, Pablo Rojas también estuvo cerca de la masacre. Caminaba junto a su deudo y la esposa, tras participar en una fiesta e hizo un alto en el camino para orinar en un arbusto. Escuchó las detonaciones, y Magallanes le comentó luego lo que había ocurrido,en el Hospital Central, al que llegó muerto Rojas. Pero la testimonial que más peso tuvo en el debate fue la de una persona de identidad reservada. Un sereno que pasaba por la zona vio cómo era atacada la víctima, por personas que conocía y durante un robo.

    “Dame la plata”, le dijeron los agresores. Su versión coincidió con la de los demás testigos, y esto jugó a favor de la querella. El fallecido recibió cuatro disparos en la espalda, a menos de un metro de distancia, según las pericias. Dos de ellos, mientras estaba en movimiento. Una quinta bala impactó en el cuerpo de Rojas pero cuando este yacía en el suelo. Los proyectiles dañaron órganos vitales de forma irreversible , lo cual provocó el fallecimiento, tal como aseguró Juan Olivares, profesional del Cuerpo Médico Forense.

    Los malvivientes lograron arrebatar la billetera de Rojas y se escaparon de la zona. Sin embargo, varias fueron las personas que vieron el homicidio. Ocho días después, cayeron apresados Sarmiento y Faba.Luego El Mayonesa corrió la misma suerte. Ahora, deberán esperar más de una veintena de años para solicitar la libertad.