“Al Lucho le gusta vender droga: y, por más que tenga un imperio, lo mismo va a seguir vendiendo droga, porque le gusta y ya. Y ni el penal lo detuvo…”.
La que habla es Luciana Farías. Esta mujer de 35 años fue condenada este martes a 15 años de cárcel por comercio y tenencia de estupefacientes y lavado de activos. Su pareja, Luis Nievas Quesada, el Lucho, también fue sentenciado por esos delitos pero, en su caso, la pena fue mayor: 17 años de encierro.
La mujer fue captada en una conversación con otra persona mientras esperaba conectarse a una llamada. Con el teléfono en la oreja, hablaba con alguien cercano y le comentaba sobre el modo de vivir de su pareja.
Esta fue una de las pruebas que confirmaron que se estaba frente a un hombre con dedicación exclusiva al comercio de drogas.
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La Justicia federal cerró el martes con penas altísimas una de las causas de narcocriminalidad más grandes de los últimos años.
Además de los citados, otros familiares, un señalado “soldado” y hasta un testaferro fueron hallados culpables en el debate desarrollado en el Tribunal Oral Federal Nº1 de Mendoza, que contó con María Gloria André como fiscal.
La banda que lideraba el Lucho Nievas Quesada no era menor. Se movía en el oeste de Capital pero tenía llegada a varios departamentos del Gran Mendoza. Godoy Cruz, San Martín, Junín y Las Heras, por citar algunos, eran los destinos preferidos para la distribución y la comercialización de los estupefacientes, principalmente, cocaína.
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La organización operó, destacaron fuentes policiales y judiciales, durante más de diez años. Y esto provocó ganancias económicas importantes a sus integrantes. Tanto es así que, Nievas y compañía comenzaron a invertir en bienes muebles e inmuebles.
Transformaron los recursos ilícitos en legítimos: seis viviendas, locales en un persa y también autos y camionetas. Hasta adquirieron un camión.
De allí la importancia del debate oral y las condenas luego de una investigación desarrollada por la Policía contra el Narcotráfico (PCN) de la provincia, debido a que el señalado cabecilla y su pareja expandieron su poderío y movieron el dinero para blanquearlo cuando las ganancias eran extremas.
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Durante la instrucción, estos personajes intentaron despegarse del procesamiento por lavado de activos y el comercio de las sustancias ilegales. Pero, sus palabras de poco sirvieron. Para los pesquisas, fueron excusas para intentar zafar de una pena más elevada.
En su defensa, el Lucho Nievas le aseguró a la Justicia que nunca vendió estupefacientes. Adujo que tenía un local de comidas en calle San Martín sur, un restobar, y que lo vendió. Agregó que, con las ganancias obtenidas, comenzó a comprar autos y terrenos y así comenzó a mover el dinero.
Nievas declaró que ayudó a su pareja a comprar un local en un persa y que la plata que tenía en una de las oportunidades que fue detenido (lo apresaron en el 2017 y en el 2018) la había juntado por la venta de vehículos y de un negocio en un centro comercial del Centro.
Tanto para la fiscalía como para los jueces, las versiones que dieron Nievas y Farías no sirvieron para desligarse de las acusaciones. Se cayeron por los diferentes peritajes contables desarrollados por los investigadores.
Básicamente, entendieron que los dos locales de venta de ropa que administraban en un persa servían de pantalla para intentar justificar el incremento patrimonial que habían conseguido con la adquisición, el fraccionamiento, la distribución y la venta de drogas en grandes y pequeñas cantidades.

Negocio millonario
Al momento de su segunda detención, el 1 de junio del 2018 mientras festejaba su cumpleaños 36, la PCN le secuestró a Nievas Quesada 11 kilos de cocaína. Y, por los estudios realizados por los investigadores, cada kilo comercializado le redituaba 300.000 pesos.
Esto, determinaron los pesquisas, le permitió en tres años adquirir seis inmuebles, seis autos (la mayoría cero kilómetro) y un pesado rodado.
De acuerdo con los informes recibidos en la Justicia, cada local del persa facturaba entre 2.000 y 4.000 pesos diarios por venta de ropa. Estos importes no fueron suficientes para justificar el gran número de vehículos y propiedades adquiridos en los últimos años.
Además, la pareja Nievas-Farías no contaba con ingresos formales registrados, según informes de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).
Cómo sólo recibían subsidios sociales vinculados al pago de la Asignación Universal por los hijos del matrimonio, se explicó que los inmuebles y los vehículos fueron adquiridos como consecuencia del tráfico de sustancias prohibidas.
Y, para eso, Nievas contaba con un “aceitado” mecanismo en la organización que lideraba. Coordinaba todo con su mujer, Farías, y tenía a sus vendedores en distintos quiosquitos.
Uno era manejado por su suegra, Mirta Nélida Toledo (65), en Las Heras, y otro, por Michael Boli Araya (38), en Godoy Cruz.
Ambos fueron condenados a 6 años y medio y 4 años de cárcel, respectivamente.
También fue sentenciada una hermana del Lucho, Laura Nievas. Esta mujer recibió 6 años de prisión por comercio de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas y lavado de dinero.
Su pareja, Diego Cristian Senatore, recibió 3 años de prisión en suspenso por lavado de activos. Tenía dos vehículos a su nombre.
A lo largo de la instrucción, Senatore intentó justificar por qué estaban a su nombre una camioneta Chevrolet Tracker y un Renault Duster.
Dijo que lo hizo como “una gauchada” para su cuñado Nievas, debido a que la ex mujer le estaba pidiendo dinero para la manutención de sus hijos y tenía miedo de perder los rodados.
Así las cosas, se cree que Nievas y Farías lavaron en tres años y hasta el 1 de junio del 2018, casi 20 millones de pesos en viviendas y más de 2 millones en vehículos.
Debido a esto, además de la pena a cumplir en la cárcel, el tribunal le fijó a la pareja una multa millonaria: casi 90 millones de pesos.

