La reanudación de las clases en la segunda mitad del año se concreta en un clima enrarecido. Con todos los gremios del frente estatal llevando adelante medidas de fuerza que incluyen movilizaciones, piquetes y acciones de un corte más virulento que el acostumbrado. El sindicato docente lanzó lo suyo: dos días de huelga sin asistencia a las aulas para martes y miércoles, con la posibilidad latente, incluso, de agudizar las acciones, aunque sujeto al nivel de efectividad y adhesión de la medida.
El gobierno de Rodolfo Suarez aguarda expectante y en alerta total el inicio de la lucha de todos los estatales. La preocupación va en aumento por las consecuencias que podrían desatar la masividad y el éxito de los estatales en las calles y en las rutas, más que nada por un posible desmadre y efecto en la seguridad pública de las personas que por la incidencia del paro en el funcionamiento de la administración del Estado. Por supuesto, en situaciones como la actual, la prioridad en la respuesta oficial debe estar focalizada en la contención de cualquier posibilidad de estallido, aunque se tratase del mínimo.
Mendoza está volviendo del parate invernal con la incertidumbre propia de lo que le deparará de ahora en adelante, como a todo el país, en medio de la convulsión que dejó una semana en donde, una vez más, la política mostró su total y más absoluta ineficiencia para sobreponerse a los problemas económicos, dominarlos, contenerlos y comenzar a ajustarlos. Toda responsabilidad de un Gobierno nacional que hora tras hora demuestra que no tiene un plan y que llegó sin demasiada idea de cómo se encontraba el Estado, imaginando que, con la habitual e histórica expansión del gasto a la que siempre apeló el kirchnerismo se recuperaría la producción por la vía de la estimulación del consumo. En fin, todo lo que ya se sabe y se conoce.
En el gabinete educativo dicen no comprender ese marcado cambio de actitud y de la estrategia que venía cumpliendo el gremio en la relación y en el diálogo que pusieron en marcha las partes. “Estaba mejor esa relación a comienzo de año que ahora; es difícil consensuar cuando te van rotando los pedidos. Y está claro que el más importante y real de todos es el del salario”, se quejó José Thomas, el titular de la DGE el viernes entrevistado por LVDiez. Desde el sindicato, por su lado, además de reiterar ese rosario de reclamos que tiene que ver con la infraestructura, el mobiliario y demás, han decidido hacer foco en la cuestión salarial luego de rechazar el último porcentaje de incremento que el Gobierno les ofreció a todos los estatales por igual en la reapertura de la paritaria, hacia fines de la semana pasada. “El salario docente es bajo, es real que es bajo y que hay que mejorarlo junto a la carrera docente. Es algo que venimos diciendo desde hace tiempo, pero tienen que valorar el esfuerzo que se está haciendo”, agregó Thomas.
Se desconoce, por supuesto, el resultado de los paros y cuál será la respuesta concreta de los docentes que, antes de decidir quedarse en sus casas para no asistir a dar clases, repasan lo que pierden por el impacto que les produce en el bolsillo el ítem aula, perdiendo presentismo, el día, un porcentaje general de lo que cobran y hasta una parte del bono que han acordado cobrar junto al Gobierno. Pero está claro que, más allá de ese punto en particular, no habrá acuerdo en torno a lo salarial, aunque los docentes acudan en masa a las aulas. Y el gobierno de Rodolfo Suarez está dispuesto a no ceder con la cláusula gatillo que reclaman los gremios luego de que se disparara el gasto por tal motivo por obra y gracia de una cesión que hiciera la administración de Alfredo Cornejo, justo el gobierno que más avanzó contra el glosario de condicionamientos que los sindicatos venían imponiendo contra el funcionamiento del propio Estado.
“Después de dos años de la pandemia de COVID-19, el objetivo del gobierno escolar es continuar haciendo hincapié en la importancia de la presencialidad en las aulas, sobre todo para aquellos estudiantes que vieron mermadas sus trayectorias educativas”, afirmó, oficialmente, el Gobierno provincial el domingo, en un parte informativo que distribuyó la DGE ratificando que el inicio de clases y que las escuelas estarán abiertas, además de instar, subliminalmente, a que los padres envíen a los chicos a los establecimientos, en el retorno.
A todo eso, Thomas ya le había apuntado a la decisión del gremio desde el punto de la necesidad imperiosa de mantener las escuelas abiertas, porque no sólo sirve, dijo, la escuela, para alfabetizar e incorporar conocimientos, “sino que a la escuela los chicos van a comer en muchos casos”, un hecho que por años se ha extendido en la Argentina que vive de crisis en crisis.
Y en lo puramente operativo y funcional, Thomas adelantó que con el Gobierno nacional han venido trabajando para firmar un convenio en días más, según sostuvo, para que aquella decisión de aumentar una hora más de clases para los chicos en todo el país, en Mendoza se extienda a siete horas en total (a las 4 horas y media que existen hoy en la provincia, la idea es adicionarle 2 horas y media más). El plan, de inminente aplicación, se comenzaría a aplicar en 100 escuelas vulnerables y rurales que ya han sido identificadas, confió Thomas. Un esquema que se viene a sumar a las 100 salas de nivel inicial que ya cuentan con una hora más; a los 30.000 estudiantes con jornada extendida en todas las escuelas que comienzan a operar desde ahora en adelante y a los 10.000 estudiantes de tercer grado en estado crítico de alfabetización a los que se les reforzará la atención, resumió el titular de la DGE mendocina.
