Las presiones, las urgencias, el temor a la derrota y la necesidad de consolidarse en sus territorios despertaron la dura embestida de los intendentes contra el Gobierno central que comanda Celso Jaque. El enfrentamiento se transformó en el asunto político del momento y está llamado a convertirse en el gran tema del próximo verano, cuando se comience a armar el escenario para el electoral 2009. Todo parece indicar que tanto Jaque como los jefes comunales, en especial aquellos que acompañan al malargüino en el gobierno pero que hoy, sorpresivamente para el grueso de la sociedad, se le ponen en la vereda de enfrente, quieren imponer las condiciones del juego político.
Uno (Jaque) porque gobierna y no aceptará que los jefes territoriales le marquen el rumbo de una gestión ya por demás tortuosa y gris; y otros (los intendentes) porque ven, desde el inicio mismo de la era Jaque, que asumió débil, que al demorarse tanto en el armado del gabinete de ministros develó escasa preparación y previsión y que luego, con la explosión de la inseguridad y la falta del plan, el gobernador hipotecó políticamente el futuro, y ante eso se creen con fuerza y derecho propio de tomar el control de la administración y salvar lo que a esta altura se pueda para que no los arrastre a todos.
Todos los intendentes reclaman fondos. Los opositores, desde ya. Ahora bien, los peronistas son los que se sienten más obligados y en ebullición. El disparador del enfrentamiento es la falta del cumplimiento de la provincia en el envío de 40 millones de pesos. Pero también lo es la cerrazón y el blindaje que ha hecho Jaque del gobierno que conduce, y desde los mismos inicios, sin dejar a los caciques peronistas una puerta abierta con acceso a donde se toman las decisiones sobre el rumbo del Ejecutivo.
Un lugar, en concreto, para compartir el poder. Cargos varios, ministerios, organismos descentralizados, el manejo de porciones de caja, de efectivo, el acceso a una firma. En fin, todo lo que los intendentes puedan acumular y controlar para sostener sus estructuras. Ese es el fondo de la lucha. La lucha estalló cuando Jaque, a través del ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, les advirtió a los caciques que no tendrían la plata que un mes antes se les había prometido para cerrar el año y que debía salir de la mayor recaudación. Como se cree que no habrá mayores ingresos, esos dineros no aparecerán.
Los intendentes azules (Adolfo Bermejo y Jorge Omar Giménez, entre otros) fueron los que guardaron un poco más las formas por estar más comprometidos con la gestión provincial. El resto se desbocó y como si se tratase de una oportunidad única sacó a relucir toda la furia contenida por el ninguneo político del Gobierno central. El denominado “eje del mal” que conforman Rubén Miranda (Las Heras), Alejandro Abraham (Guaymallén) y Omar Félix (San Rafael) desplegaron una espada flamígera y como llamaradas pidieron y avalaron la renuncia y hasta deslizaron un juicio político contra Cerroni.
Hay una realidad. Los intendentes necesitan ganar las elecciones del año próximo y no entienden que Jaque no los acompañe en ese objetivo como ellos pretenden. Están apurados.Miranda, por caso, quiere plata o que le construyan un hospital en Las Heras para mejorar su relación con la gente. Quienes hablan con el intendente dicen que está convencido de que en Las Heras más que la seguridad, la gente pide el hospital que hasta Cobos se lo había prometido cuando gobernaba.
Y en eso está empeñado. Por eso quiere la plata ya. Abraham, de Guaymallén, necesita que le liberen 9,5 millones de pesos para asfaltar las calles por donde circulan los colectivos. Fundamental para Abraham y para, como MIranda, acercar la gestión a los vecinos. Félix, más que nunca, depende de los recursos que le pueda liberar la provincia. Sus voceros ase guran que sólo tiene margen de acción para lo mínimo, para pagar sueldos y poco más. El resto de los caciques necesita plata para luminarias, para limpiar las calles o para levantar refugios en las paradas del transporte público.
Lo básico para mostrarse en acción ante la cercanía del examen electoral. No hay razones para que la Provincia le niegue los fondos a los mu n i c i p i o s . Salvo que no exista la plata, que no haya de donde sacarla como dice el Gobierno. Los intendentes desconfían de esa afirmación y sospechan que Jaque les pisa los fondos como una estrategia para debilitarlos y contar con ellos, entregados y sin condiciones, en la próxima campaña. Si fuera así, sería muy riesgoso para el gobernador, porque sí o sí necesita de una alianza con los intendentes propios, tanto como Cristina necesita de los gobernadores para hacer frente a la oposición. Por sí sola no le alcanza.
Mucho menos a Jaque. Incluso los propios intendentes cada vez que van por la Rosada vuelven envalentonados con lo que Juan Carlos Mazzón dicen que les dice: “sin los intendentes Jaque no gana”. Pero el malargüino, que no niega el poder territorial de los caciques por propia experiencia, quiere sumarlos pero bajo sus propias condiciones. No con las que, sospecha, le quieren imponer. El mensaje que le mandan los intendentes se basa en un diagnóstico que Jaque no acepta.
Desde las comunas le acercan que la imagen del gobernador es muy baja, mucho más de lo que las encuestas dicen, y que el Gobierno no levanta y que será muy difícil que lo haga. En la intimidad, Jaque sabe que no está bien pero confía en que la situación nacional logre sacarlo del pozo, junto con los resultados positivos que tendrán los acuerdos y pactos firmados con todos los sectores, inclusive los intendentes, para combatir la inseguridad.
Y en todo caso, interpretan de última en el cuarto piso del palacio gubernamental, si hay que morir, se morirá con las convicciones intactas y no preso de los propios intendentes, porque Jaque y los suyos sospechan que, en el fondo, los intendentes buscan salvarse solos y que terminarán licuando el poder que hoy tiene en beneficio de ellos o de un puñado que no es precisamente el puñado que en este momento está instalado en el Gobierno y que tanta urticaria provoca, hacia adentro y hacia afuera
