En la campaña electoral del 2015, Alfredo Cornejo recorrió la provincia prometiendo orden de las cuentas públicas, eficiencia en el gasto y la reconstrucción de un Estado que tendería a achicarse, a ganar en agilidad, en flexibilidad y sobre todo convertido en una máquina al servicio de los privados para que ellos pudieran desarrollarse, generar riqueza y por sobre todo empleo genuino, de calidad y perdurable.
Cuatro años más tarde, en 2019, cuando los votantes tuvieron que evaluar lo hecho y decidir si dejaban en manos de otro integrante de Cambia Mendoza el próximo período, el aval y la confianza fueron ratificadas. Había sido tal el daño provocado por las últimas dos administraciones peronistas provinciales que antecedieron a Cornejo, y tan vívido el recuerdo del perjuicio en la mente, retina y humor de la mayoría de los mendocinos, que no había mucho lugar a dudas ni a discusiones respecto de que el oficialismo revalidaría el crédito. Pero Rodolfo Suarez, el ungido para seguir la tarea que había iniciado el de Godoy Cruz, se sumergió, así y todo, en la búsqueda de un atributo propio, distintivo, que adornaría su campaña y con el que pretendería movilizar una economía que seguía sin arrancar ni florecer, al mismo ritmo de la nación. Suarez prometía minería –luego supimos que se trataría de una acción infructuosa–, la actividad prohibida y demonizada, gracias a un pacto que se había elucubrado en secreto, casi, con los principales dirigentes de la oposición de entonces.
La “revolución de lo sencillo” de Cornejo avanzó hasta cierto punto. Luego ingresó en una meseta irrelevante. Suarez, con el fracaso de la minería a cuesta, se topó con la pandemia pero, a diferencia de lo que ocurriera con Alberto Fernández en la nación, pudo sacarle todo el rédito posible a aquella coyuntura tan penosa, a fuerza de llevar adelante una administración exitosa y acertada de la crisis, a tono con la percepción y las necesidades que dejaban aflorar los mendocinos.
A una semana de arrancar su segundo ciclo, Cornejo no ha dado todavía señales públicas al menos de la organización que le dará a su plan de gobierno. Se supone que, siguiendo la tónica, el sentimiento y el mandato mayoritario que se presentó en la escena nacional sobre un cambio, rotundo y categórico al funcionamiento de las cosas, es probable que actúe en esa línea.
La especulación conduce a un nuevo reordenamiento del Estado, con algunas estructuras menos, otras nuevas y sin descartar fusiones, para dar muestra de un achicamiento sí, pero medido. Digamos que, a tono con los nuevos tiempos, pero sin exageraciones. Hay diferencias, o parece que existen, entre el Estado de Milei y el Estado del mendocino. Para Cornejo, el Estado no sólo debe existir, sino que al mismo tiempo debe ser lo suficientemente fuerte e inteligente para dar respuestas rápidas a la inventiva y el emprendedurismo y la iniciativa de los privados. Esta vuelta al Ejecutivo se le ha presentado como una buena oportunidad para seguir aquello que se frenó cuatro años atrás por diversas razones y circunstancias, algunas ponzoñosas.
El nuevo escenario le abre a Cornejo un frente más de atención que el de la administración de la provincia y la conducción de ella hacia una recuperación visible y tangible: todo indica que tiene serias intenciones de guiar a la liga de gobernadores que se ha conformado desde Juntos por el Cambio –la que suma diez distritos, contando a Mendoza, en manos de dirigentes jóvenes–, con otra energía e impronta frente a los nuevos desafíos que tiene el país.
Ante la evidente explosión de Juntos por el Cambio –pese a lo que se dice en la superficie–, la liga está llamada a convertirse en uno de los nuevos y variados centros o núcleos de poder de los que girarán alrededor del Ejecutivo que liderará la también novedosa e inédita administración libertaria. Estos gobernadores –capitaneados o apadrinados por Cornejo, quizás, porque es quien ha demostrado ambición en ese sentido–, están llamados a influir seriamente en el parlamento por medio de sus legisladores a medida que avance la discusión sobre la reforma del Estado, los proyectos de desregulación y la modificación del sistema impositivo con lo que pretende Milei darle volumen, existencia y visibilidad a una idea de país que por ahora sólo está descripta en dichos, por sus dichos particularmente, y que se muestra flotando en el aire, en medio de las incertidumbres, muchas dudas, algo de desconcierto, curiosidad y, claro, demasiada ansiedad.
Así también, Cornejo recibe una provincia con menos recursos de la coparticipación, una detracción oficializada y confirmada tras los cambios en Ganancias que Milei avaló siendo diputado y que Mendoza comenzó a discutir ante la Justicia. El cálculo hoy es de unos 80 mil millones de pesos menos, lo que equivale a dos nóminas salariales, pero que en el 2024 puede que ascienda al doble por los aumentos ya previstos en la paritarias y los cambios en el monto del salario mínimo, vital y móvil (SMVM), según lo previsto en Hacienda. A todo esto, es posible que Milei pretenda cortar el grifo de los adelantos del tesoro nacional (ATN), como parte de las partidas discrecionales y no automáticas con las que se ha manejado ese Estado argentino conocido hasta la llegada del libertario. Pero se trata, más allá de las intenciones admitidas por el presidente electo y con lo que recorrió el país como propuesta anti casta y anti gasto discrecional que iba a parar a los bolsillos de amigos y allegados, de medidas que encontrarán resistencia en los gobernadores, y sin que esto tenga que ver con el mayor o menor beneficio que las provincias de estos gobernadores recibieron durante el kirchnerismo que está terminando.
Todo, en definitiva, se pondrá en discusión, en análisis y bajo negociación, en la nueva arena en donde se sucederán los hechos políticos de un inédito país que está por nacer, al menos según lo prometen los libros y todo ese bagaje de teoría verbalizada con la que se ha venido machacando a lo largo de un año duro, durísimo en el que las elecciones han ordenado dar un giro, veremos si total, de 180 grados, dispuesto por la misma sociedad. Ese mandato también rige para Mendoza, se extiende sobre todas sus cosas, aunque se crea que por estos lados se vive en una isla, ajeno a lo que ha pasado en el resto del país.
