Foto: El Sol.

Unas horas antes de llegar a Mendoza para ser parte del Encuentro de Seguridad Interior, dio la impresión que Luis Petri se ocupó por lanzar una señal política que a la postre sabría se incrustaría en el interés que por el armado electoral ha comenzado a apoderarse de la dirigencia. Aquel convite del domingo para que, junto con Alfredo Cornejo, el PRO mendocino y lo que hay de la incipiente Libertad Avanza provincial comenzaran a dar forma a una fuerza particular en apoyo a Javier Milei con vistas al 2025 tiene el humor, o al menos se mueve alrededor de su inercia e influencia, de esa operación real y efectiva que está motivando a Karina Milei, la hermana y “el Jefe” del presidente, a construir las bases del futuro movimiento nacional que saldrá a bancar los trapos del liberalismo en las elecciones de medio término de octubre del año próximo. De no haber sido así, a esta altura de las circunstancias y a la vista del proceder de un presidente en apariencia de pocas pulgas, que vine de remover a una pieza clave en el organigrama de gobierno como lo fue Nicolás Posse, y de ratificar y sostener con fiereza a una cascoteada Sandra Pettovello en Capital Humano en medio del escándalo por los alimentos no repartidos y las sospechas de irregularidades con los contratos tercerizados del área, Petri podría estar contando la anécdota y su experiencia como ministro desde afuera. Sin embargo, tras esa “aventura” político-partidista-electoral por tierras mendocinas en las que se arrogaría mostrar la dirección del nuevo armado hacia adelante, el ministro de Defensa cuando volvió a su puesto, en la Rosada, recibiría el abrazo afectuoso de Milei durante la asunción de Guillermo Francos en remplazo de Posse, de inmediato se haría cargo, vía el Ejército, del primer operativo de la demorada entrega de alimentos vía Conin, la fundación creada y desarrollada desde Mendoza hacia el resto del país por el pediatra Abel Albino y se asomaría, como lo hizo ayer, al histórico balcón de la casa de gobierno nacional junto a presidente saludando a un grupo de alumnos que paseaban por la Plaza de Mayo.

Observado desde afuera y desde lejos, el movimiento de fichas de Petri en un escenario, el electoral, que todavía no está inaugurado, supone algo de apuro y también de ansiedad. Pero todo está indicando que son las urgencias de un elenco de Gobierno, el liderado por Milei, las que impulsan y alimentan el paso. Un marcado clima ansiedad y nerviosismo está amenazando a una administración que a poco de cumplir seis meses de gestión no ha obtenido éxitos políticos concretos, más allá de todo aquello de características histriónicas y fuertemente simbólicas de las que hace alarde y con las que ha ganado consideración en el plano internacional. Pero los éxitos conseguidos afuera no mejoran ni han mejorado la situación interna del país carcomido desde sus bases por una crisis de características inusitadas, comparable con la del 2001/2002, con la de aquellos meses aciagos que jaquearon a Ricardo Alfonsín en 1989 y por qué no con el otoño de Carlos Menem en el poder, con aquel tiempo que daba señales de la muerte de la convertibilidad. Pobreza en crecimiento, la permanente amenaza del desempleo y la pérdida paulatina del poder adquisitivo.

Milei necesita dar confianza y seguridad y para ello requiere de las leyes que le demora el Congreso, la Ley Bases y el paquete fiscal, condiciones indispensables –todo así lo indica según los informes técnicos, más que políticos a la vista– para desatar el cepo y disminuir la presión impositiva vía la eliminación o baja de retenciones y todas las trabas y trampas que el populismo sembró contra el desarrollo y crecimiento a lo largo de los años. El armado político completa ese cumulo de falencias que muestra la administración libertaria: asegurarse un bloque de apoyo sólido hacia el 2025 es una obligación y que tenga éxito una condición sine qua non para buscar la consolidación en el 2027 de un proyecto innovador e inédito que configura un cambio radical, estructural, cultural en el manejo del país.

No llama la atención que Cornejo evitara ser parte de ese carrusel organizado por Petri. “No descarto nada”, fue la respuesta del gobernador mirando un acuerdo con los libertarios a propuesta de quien fuera su rival en la interna por la gobernación en el 2023. Cornejo es consciente de las ambiciones de Petri con vistas a su sucesión y mucho más del aumento del apetito político del ministro de Milei cuando observa el camino que se le ha abierto, casi sin malezas ni ortigas detrás de ese objetivo, por la ausencia, hoy al menos, de una figura potente que represente a Cornejo en la continuidad: ningún ministro ni ministra está demostrando contar con esa fibra necesaria para liderar el proceso que se avecina, ni tampoco la de algún intendente afín con la excepción de Ulpiano Suarez en Capital.

Pero el gobernador también está convencido, más allá de aquellas falencias en la construcción de un delfín con potencialidades y habilidades, que Petri se ha apurado y que andar hablando de estrategias electorales en medio del ajuste y las necesidades extremas puede tomarse como una absoluta falta de respeto a la dañada y sufrida sensibilidad social. “Octubre del 2025 está lejos”, comenta por lo bajo y con razón. Pero una luz de alerta se ha encendido desde Mendoza. Luz que puede estar adelantando, por qué no, la irrupción de una expresión política con impacto nacional, más que en la provincia, reflejando, quizás, a una de las dos expresiones en las que puede ya estar dividida la opinión política del país. Un escenario que dio alguna señal en el 2016, con la llegada de Cambiemos al poder, y que prometía lo que fue, en verdad, una fallida consolidación del bipartidismo en el país con la que soñaban no pocos.