Fueron trece minutos potentes, plagados de una serie de definiciones y descripciones de las más creativas y acertadas, como críticas y preocupantes, que se hayan hecho recientemente sobre la situación y salud del sistema educativo argentino. Guillermina Tiramonti, de las más prestigiosas especialistas que en materia educativa haya dado el país, sino la más, no tuvo empacho alguno en ratificar –como lo ha dicho tantas veces–, que los sindicatos tomaron el sistema educativo para gobernarlo y conducir al Estado, el instrumento para ello, –un Estado débil y sin capacidad de reacción, aclaró–, a ordenar las decisiones y medidas más alejadas del beneficio de los chicos en edad escolar que se hayan podido asumir. “Es un desastre”, sintetizó en un momento, en esa entrevista que concedió el martes al programa Opinión, de LVDiez.
La economía, la inflación, la crisis cambiaria, la situación del empleo, el ingreso, la pobreza y, por supuesto, la inseguridad, han sido los grandes temas que abrazó la campaña electoral por la Presidencia que se pone en juego el 13 de agosto con las PASO y, en octubre, con las generales. Y si bien está más que claro que los candidatos de los frentes que competirán se han entretenido en vaguedades sobre tales asuntos –de los más trascendentes, claro está, y que han venido alimentado el enojo y ese malestar constante y en crecimiento de los ciudadanos argentinos–, sobre educación no se ha dicho nada de fondo, salvo aquella propuesta del libertario Javier Milei de eliminar el Ministerio de Educación y dejar en manos del sector privado la formación y educación del país, al que los chicos accederían por medio de un sistema de vouchers de distribución estatal. Tiramonti calificó de “locura” la idea.
Las expectativas en general ya son bastante magras en torno a la llegada de las soluciones a los problemas tras el cambio de gobierno. Los sondeos sobre el clima y humor social lo atestiguan día tras día y, quizás, ese aspecto de las encuestas sea el único en el que las consultoras parecen estar acertando, en un contexto donde sus previsiones sobre los resultados de cada una de las elecciones que se están llevando adelante en las provincias han sido, en su inmensa mayoría, erróneas. El mal humor y ese estado de angustia, intolerancia, impotencia y hasta desgano también ha sido confirmado este martes por el psiquiatra Benigno Gutiérrez, en diálogo con la misma radio. “Estamos mal, y no es que tengamos un delirio entendido desde la salud mental. Más que llamarlo tristeza, estamos padeciendo de disforia, que es una mezcla de angustia, de falta de esperanza y una sensación de bronca constante sin saber muy bien por qué”, describió el experto.
Pero, así como todos los candidatos le incorporan a sus relatos y discursos el tema educación, porque no puede estar ausente, lo han hecho en verdad para cumplir, porque de fondo no se ha mostrado mucho, teniendo en cuenta que desde una buena y sólida educación se consolida una sociedad con más chances de ser exitosa y de alcanzar los objetivos colectivos que todo el mundo busca. Para Tiramonti, “son todas generalidades, pura retórica”.
La especialista ha puesto el foco de atención en que ninguno de los líderes políticos tiene interés en la educación, porque, además, “no se piensa en la escuela”. Mientras ha confesado su pesimismo en torno a lo que podría venir desde el Estado nacional, en contrapartida se ha mostrado optimista respecto de lo que se ha podido hacer desde las provincias, las primeras en darse cuenta de los graves problemas que dejó la pandemia, aunque no todas hayan caminado en la misma sintonía, sino un puñado, entre las que ha contabilizado a Mendoza.
Según la especialista, hay problemas graves que no están atendiendo porque se ha dejado de lado el foco de atención y el principal objetivo, que es el que los chicos aprendan y logren adoptar los conocimientos. “La escuela pública dejó de lado el aprendizaje; hoy la escuela es un lugar de contención y si aprenden o no aprenden, es algo secundario”, dice Tiramonti, agregando que se trata a todas luces de una metodología equivocada y que debe ser revisada, porque hoy se deja al chico para que aprenda por sí mismo, lo que se conoce como “la metodología directivista”, asumida desde el Estado como perniciosa. “Hoy se ve al docente con poca presencia en el esfuerzo para que el chico aprenda”, según la experta de la Flacso.
Y no todo el problema queda supeditado al Estado, a los gremios y a las metodologías equivocadas. Porque Tiramonti no ha dejado de lado la responsabilidad de la sociedad, la que ha dejado de reclamar por la educación, como sí lo hace –con razón, por supuesto– por otros aspectos, quizás los más vinculados con la economía y su situación. También, lamenta la especialista, la división que se ha venido dando entre la educación estatal pública con la privada. En la primera, que tiene el 70 por ciento de predominancia sobre la otra, está siendo elegida por los sectores más vulnerables y más pobres de la sociedad, mientras que a la privada acuden más los sectores medios y adinerados. Y si bien la calidad ha caído en ambas, en el sector público estatal ha sido más marcado, agravando la situación de los sectores más pobres de Argentina. “Es un error que sólo por la parte privada se está dando el reclamo por una mejor educación, cuando debiese concentrarse en el público estatal”, ha dicho.
