Está cada vez más extendido en la sociedad, tras casi quince años de vivir a un lado u otro de esa fractura o división social que ha afectado a la Argentina, que tal grieta, en todo caso, es moral más que ideológica, separando a respetuosos y virtuosos de perniciosos y tramposos; a los que tienen a la libertad y a la igualdad de oportunidades como bandera que los distingue, de los que se creen con derecho de arrasar la libre decisión de movimiento y de pensamiento de las personas apropiándose de hasta su voluntad, siempre en beneficio de un grupo esclarecido, preclaro, el que representa las banderas de la revolución y el que marca el camino. La grieta no es entre izquierdas y derechas, en definitiva.
Lo acontecido con las elecciones en Venezuela ha colocado en una situación incómoda al kirchnerismo, por ahora y hasta tanto no se demuestre lo contrario, la corriente interna que mueve y conduce los hilos del peronismo opositor. Y como tal, ese estado de molestia también está en Mendoza. Ha sido tan estrecha, lineal e inequívoca esa relación empática entre el kirchnerismo y el chavismo a lo largo de toda su historia, desde los primeros años de Hugo Chávez en el poder hasta estos inclasificables de Maduro, que explica por sí sola el silencio de los principales dirigentes, mendocinos y nacionales como es el caso de Cristina Fernández de Kirchner, por caso, frente a la duda y sospecha que recorre el mundo en torno a que el régimen se robó la elección y la voluntad de la inmensa mayoría del pueblo venezolano.
Ahora todo gira alrededor de la ex presidenta y líder del movimiento K, Fernández de Kirchner, con su presencia en un foro y encuentro de la izquierda en México, prevista para el próximo sábado, y su esperada posición y opinión en torno a la cada vez más segura estafa de Maduro en las elecciones. Es probable que se aleje, que ignore sin hacer referencia alguna, a ese polémico comunicado de Madres de Plaza de Mayo –de las organizaciones K quizás de la más cercana a Fernández de Kirchner–, en el que ha defendido a la dictadura venezolana, ha ratificado el ejemplo para la organización y el país que dejó Hebe de Bonafini y por el que ha tildado al gobierno de Javier Milei de fascista en permanente hostigamiento de Venezuela, de las Madres y de la universidad de la organización.
Ninguna persona de bien, democrática y defensora de los valores de la libertad e incluso de la igualdad puede dejar pasar por alto cuanto menos la duda y la sospecha del fraude y de la estafa en Venezuela. No hay justificación para ello y menos el alineamiento ideológico, si se quiere. Las Madres, en todo caso, han sido consecuentes y transparentes con su pensamiento plasmado en el documento: un demonio autoritario y fascista, prepotente y autoritario se apropió hace tiempo de una organización que se había ganado el respeto del mundo libre. El fanatismo y el modelo de secta la terminó subsumiendo hasta convertirse en una caricatura.
En Mendoza hubo alguien que decidió hundir el cuchillo en la interna peronista, en medio, es cierto, de un debate ardoroso en el que el movimiento está concentrado buscando dónde y en qué hacer pie frente al nuevo orden libertario de Milei en la nación y el poder consolidado de los radicales de Cambia Mendoza en la provincia. Jorge Tanús, que viene de formar parte del BICE durante la gestión de Alberto Fernández y quien fuera candidato a vicegobernador y por varios años diputado y presidente de la cámara baja en la provincia usó su cuenta de X para advertir sobre el silencio: “Maduro celebra el Helicoide, la cárcel política del chavismo, como una referencia moral. Basta. Ni actas de escrutinio tienen. Como argentino me expreso rotundamente en contra del régimen de Maduro. El ícono es este edificio de tortura”. Si bien no hace mención al peronismo, ni a nadie en particular, se sabe que entre los suyos comentó que lo hacía también como peronista y que le causaba extrañeza que el resto de la dirigencia no lo hiciera.
Desde ya que la política argentina, como cualquiera en verdad en el mundo, toma sus propios asuntos y estandartes para provocar la polémica y generar y consolidar el debate sobre las ideas identificando a propios y extraños. Los partidos, los movimientos, las agrupaciones se diferencian entre izquierdas, derechas, centro y liberales y/o libertarios. La izquierda es la que, así lo admiten los pensadores y politólogos, ha sido la que se ha identificado con el progresismo como opción contraria al conservadurismo que se le atribuye a la derecha, según Eduardo Arnoletto; también con el humanismo idealista y la supuesta crítica al principio de la autoridad; al pacifismo frente al militarismo; a esa tendencia a la socialización de los bienes de producción y al dirigismo estatal, frente a la defensa de la propiedad particular y la iniciativa privada de la derecha. Así se entiende y detrás de esa defensa de dirección a la izquierda, en general, en el mundo. ¿Eso es Maduro y su régimen? ¿qué se defiende cuando se lo defiende desde Mendoza y el país? Por eso, la cuestión es clara, lejos de lo ideológico. Por eso la grieta es moral. Se está o no se está, en definitiva, con la democracia. El asunto no resiste grises.
