“No nos podemos comparar con Gran Bretaña, porque cuando lo hicimos con otros países (durante los primeros meses de la pandemia), así nos fue”, fue la reacción del gobernador Rodolfo Suarez cuando el miércoles a la noche era entrevistado por Noticiero 9. A Suarez se le había trasladado la crítica visión de la patóloga argentina Marta Cohen, quien, algunas horas antes, pero en los micrófonos de LVDiez, mostró su preocupación por los bajos niveles de testeo en Argentina y en cada una de las provincias, una situación que, de acuerdo con su punto de vista, no les permite a las autoridades del país ni tampoco a los gobernadores conocer en realidad y con un nivel de certeza qué está ocurriendo con los contagiados de COVID en sus territorios.

Los dramas que ha descubierto una inesperada pandemia de coronavirus, al menos hasta fines del 2019, en Argentina no dejan de aparecer ni tampoco de sorprender. Son dramas que se suman a los dramas que ya se sufrían. Lo que ha logrado la crisis sanitaria provocada por el virus, como si el país –y también la provincia– se hubiese colocado frente a un espejo, no ha sido otra cosa que devolverle una imagen de un Estado harapiento, vulnerable por todos lados, sin medios ni herramientas suficientes e idóneas para defenderse con chances de éxito frente a un enemigo muy poderoso; pero, a todo eso, sin perder la altanería, el andar bravucón, prepotente y soberbio del que hace permanentemente gala, como una de sus marcas indelebles que se le aferran y afirman y que la han hecho, a Argentina, famosa y propietaria de una imagen penosa en el mundo entero.

Tampoco se trata de comparar lo que se hace en el país con una de las grandes potencias mundiales, como Gran Bretaña, que logró, incluso, idear una de las vacunas que se están usando contra el virus. De lo que se trata es, cuando menos, de ir hacia modelos probados y exitosos en uno de los varios aspectos que se están utilizando para contener al virus o hacerlo retroceder.

En Argentina no sólo se tiene un grave problemas con las segundas dosis de las vacunas que se están aplicando, por todo lo que ya se sabe y conoce con un nivel de detalle mayúsculo. Argentina no sabe cuántos enfermos o contagiados de COVID tiene en verdad. Mendoza, tampoco.

Marta Cohen contrapuso lo que se hace en una nación desarrollada con el resto del mundo vulnerable, entre los que está Argentina, para develar que en el país es muy probable que se le esté escapando una cifra tres veces superior de la cantidad de contagiados que se identifica por día. Si la patóloga estuviese en lo cierto, no debería extrañar, entonces, que, en vez de los más de 4 millones de personas que se han registrado oficialmente como afectadas por el virus, el número sobrepase largamente los 12 millones de enfermos. La misma ecuación y fórmula debería trasladarse a Mendoza, donde las determinaciones o testeos diarios rara vez superan las 3.000 muestras. Proyectando la especulación de Cohen, Mendoza, que registra 140.000 casos, en total, en números redondos, de afectados por la enfermedad, en verdad podría haber llegado a las más de 400.000 personas.

Según la especialista radicada en la ciudad de Sheffield, en Inglaterra, los testeos que se realizan en Argentina y en las provincias son absolutamente insuficientes. Sólo en algunos días de la semana han superado el número de 100.000 muestras, pero, por lo general, suelen realizarse en algunos 50.000; en otros, 60.000 y hasta 35.000 en algunos casos, como en los días no laborables. Son muy pocos, para Cohen, quien ha destacado que Gran Bretaña realiza alrededor de 1,1 millón de testeos diarios y no sólo a quienes presentan síntomas, sino especialmente –y eso es lo importante– a quienes no presentan síntomas y forman parte los denominados contactos estrechos de las personas que dan positivo.

Esa práctica de testear sólo a quienes presentan síntomas y tomar como positivos a las personas con las que conviven, a las que al término de los diez días se les suele dar de alta, es un proceder equivocado y erróneo para la patóloga. Esas personas, probablemente, o muchas de ellas, dadas de alta podrían ser portadoras del virus de forma asintomática y desparramar y multiplicar la enfermedad.

Por esa razón es que Cohen se suma a la visión crítica de muchos expertos y especialistas que advierten que en Argentina se están haciendo algunas cosas mal, o a contramano de lo que se realiza en otras latitudes, y que eso no le permite ponerle un freno a la pandemia y a las víctimas fatales que está dejando. También, como otros tantos entre sus colegas, descree del número que el Gobierno dice que existe en Argentina de contagios por la variante Delta, la más temida hoy en el mundo. “No puede haber sólo tres casos, eso no entra en mi cabeza”, dijo Cohen.

El otro punto a observar es el de la vacunación. Argentina sólo ha llegado a 9 por ciento de su población vacunada con el esquema completo, con las dos dosis. Una cifra baja ante la inminente multiplicación de los casos por la Delta, afirma. El grave problema por el que atraviesa India con la variante que surgió en ese territorio se originó porque, cuando se propagó la Delta, sólo tenía 3 por ciento de la población vacunada, apuntó la especialista. Y puso como dato lo que ocurre en Gran Bretaña, país que se ha visto envuelto en un brote preocupante que lo obligó a volver a algunas restricciones. Sin embargo, la diferencia, según Cohen, está en el nivel de vacunación, que ha llegado a 81 por ciento con la primera dosis y a 62 por ciento con las dos dosis. “El 5 de febrero, con la segunda ola confirmada, tuvimos 15.000 casos y 740 muertos. Hoy (por el martes pasado), los muertos han sido sólo 11, y eso es producto de la vacunación”, dijo Cohen.

“En Argentina, no sólo hay que multiplicar los testeos; se deben hacer, además, análisis genómicos. Todo esto da como resultado que se escapen hasta tres veces el número de positivos que se reflejan por día. Mientras no sepamos quiénes son los enfermos y dónde están, en Argentina, la pandemia se irá acelerando”, finalizó Cohen.