Es posible que la cooperación entre los gobiernos haya sido para algunos la causa por la cual se evitó una segunda Gran Depresión en la economía mundial, pero el futuro de las negociaciones económicas globales está lejos de ser resuelto.

De todas formas, la crisis económica del pasado año aceleró un cambio en el balance de poder desde los países ricos, que sufrieron profundas recesiones, hacia las potencias emergentes, que lideraron una recuperación mundial.

Hace menos de dos semanas, los líderes del G20, el bloque que congrega a las naciones más desarrolladas y los países en desarrollo, declararon que en el futuro este grupo sería el principal foro de conversaciones económicas.

La decisión fue como una confirmación de la creciente influencia de China, India y Brasil, que crecieron relativamente rápido a pesar de la recesión mundial. Se prevé que la economía china crezca 8,5 por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero, mientras que el surgimiento del G20 representó una gran victoria para el mundo en desarrollo, dejó muchas preguntas sin responder que han avivado las tensiones entre las potencias en desarrollo y las industrializadas.

Los países ricos todavía quieren mantenerse unidos: los ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G7) se reunieron el sábado en Estambul y prometieron continuar con sus encuentros en el futuro.

Entre tanto, Washington, aparentemente, propuso un bloque llamado Grupo de los Cuatro (G4) conformado por Estados Unidos, China, Japón y la Unión Europea para mejorar la cooperación en los desequilibrios monetarios.

Las naciones en desarrollo, que se reúnen como Grupo de los 24, pidieron el sábado su asiento permanente propio en la mesa del G20. E, incluso hay economistas, como Niall Ferguson de la Universidad de Harvard, que han buscado en varias ocasiones la creación de un G2 formado sólo por Estados Unidos y China.

El secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, rechazó de lleno el debate y dijo a la prensa que el mensaje importante que las principales potencias están tratando de dar es que cooperarán más estrechamente en el futuro. De todas formas, el funcionario reconoció que aún hay algunas incertidumbres.

“No hay innovaciones G hoy”, bromeó después del encuentro del G7 este fin de semana.

Además de los asuntos “G” no resueltos, el principal problema es cómo reformar las dos instituciones financieras más grandes del mundo, el FMI y el Banco Mundial (BM), que mantienen sus reuniones anuales esta semana en Estambul.

El FMI recibió más responsabilidades para proteger la economía mundial. En abril, el G20 triplicó sus recursos para préstamos hasta los 750.000 millones de dólares y el mes pasado le dio un nuevo rol de control para ayudar a las principales potencias a mantener sus economías más equilibradas entre sí.

Los países en desarrollo continúan teniendo una representación baja tanto en el FMI como en el BM y sus llamados para un cambio fundamental en los derechos de voto son cada vez más altos.

El ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, argumentó que ambas instituciones están “mal preparadas para enfrentar los desafíos” de la actual crisis económica y que los cambios en su estructura deberían haberse emprendido “hace mucho tiempo”.

Aún debe implementarse un acuerdo del 2008, que le otorga a los países en desarrollo alrededor de 43 por ciento de la participación en los votos del FMI. El mes pasado, el G20 prometió aumentar esta participación en, al menos, cinco por ciento más para el 2011, hasta 48 por ciento.

La promesa del G20 fue aprobada por el comité de dirección del FMI. Pero la misma todavía tiene que satisfacer a las naciones en desarrollo, que están demandando un incremento de 7 por ciento, que les daría una voz equivalente a la del mundo industrializado.

Estados Unidos y Europa también tienen un acuerdo informal desde hace tiempo, según el cual, un norteamericano lidera el BM y un europeo, el FMI. Las potencias emergentes quieren poner fin a esta práctica.

“Un aumento de la cuota de cinco por ciento es vergonzoso. Este es un mínimo lifting cuando se necesita una operación del corazón, dijo Bernice Romero, de la agencia de desarrollo Oxfam. “Los países ricos aún continúan tomando decisiones para el resto del mundo”, añadió.

Los detalles de cualquier reforma del FMI deberán ser negociados el próximo año, pero sobre todo Europa se resiste a perder su gran influencia en la institución. Como ejemplo, Bélgica actualmente tiene más votos en el FMI que Brasil.