El presidente Javier Milei le respondió a Cristina Fernández de Kirchner con un discurso ante políticos y economistas mendocinos.

Javier Milei, al llegar al poder y anunciarle al mundo que lo hacía con tres batallas que dar por delante: una cultural, contra aquella idea de que el Estado es el que soluciona todos los problemas; la estabilización de la macroeconomía, a fuerza del control del gasto y la obtención del equilibrio fiscal y la más estruendosa que está dando, contra la casta, englobando allí al sindicalismo, a los empresarios prebendarios y al populismo, también produjo un cambio drástico en el habitual sistema de negociación política argentino sostenido en el toma y daca, en la billetera y el garrote, en el amigo y enemigo. Como se paró de entrada nomás en el “no hay plata” –y más allá de ciertos renuncios en los que fue descubierto–, Milei dejó en claro que no se sometería a cambiar una cosa por otra, ni con los gobernadores (siempre dispuestos a dar o sacar una mano a cambio de recursos), ni mucho menos con los intendentes; tampoco con los empresarios y menos que menos con las corporaciones sindicales, tanto las del sector privado como las del público-estatal.

Como un bicho raro absoluto, Milei ha llegado al noveno mes casi con los mismos niveles de adhesión que los que tenía cuando asumió, allá por diciembre del 2023. Y lo ha hecho merced al recorte más grande que se haya realizado sobre el gasto público en la historia del país y en tan poco tiempo. A esta altura de los acontecimientos, Milei ordenó un recorte del gasto comparado con el del 2023 del orden del 35 por ciento, luego de haber recibido una herencia monstruosa en cuanto al déficit fiscal de unos 17 puntos del PIB, generado por el enorme dispendio de recursos públicos que se hiciera durante el último año de gestión de Alberto Fernández, a expensas de su ministro de Economía, Sergio Massa, el que había decidido sin más financiar su propia campaña presidencial con una emisión extraordinaria de pesos para financiar el famoso plan platita con el que pretendía alcanzar el poder.

Es notable, al menos hasta ahora –más adelante se verá–, que el apoyo mayoritario al gobierno se sostenga con la mezcla de licuación y de motosierra aplicada sobre las partidas más sensibles del espinel de gastos, en forma conjunta o paralela con otras improductivas, desde ya, aunque no tantas tampoco. Pero el 32,2 por ciento de todo el recorte se ha recostado en el gasto previsional, en el de las jubilaciones; el 13 en las partidas de los subsidios económicos; el 6 por ciento en los salarios públicos, con casi 25 mil menos trabajadores fuera del sistema en lo que va del año; un 7 por ciento en los envíos a las provincias; un 22 por ciento en la obra pública lo que se ha traducido en esa caída descomunal de la construcción en todo el país y en otro 5 por ciento en los gastos que financian los programas sociales de acuerdo con los datos que han publicado organismos especializados como el IERAL y el CEPA entre otros.

La nueva configuración en la negociación política se da en el plano de las emociones y sensaciones, ya no en lo que un gobernador le pueda sacar a la nación a cambio del apoyo o no de una determinada decisión política del presidente. Milei hizo el ajuste sin mirar eso siquiera, e incluso sometiéndose al escarnio de los sectores a los que directamente perjudica con el recorte, como el de los jubilados. Partiendo de ahí, bien se puede suponer que poco pueda interesarle en la actual coyuntura tener de su lado a los gobernadores y a los intendentes y a los legisladores que provienen del ámbito de poder que manejan los gobernadores.

Por lo que les da a las provincias –visto esto con el viejo modelo de la billetera y el garrote–, la inmensa mayoría de los diputados nacionales debiesen hoy votar en contra del veto presidencial a la nueva movilidad jubilatoria que le reconoce a los más de 7 millones de pasivos un 8 por ciento de aumento de enero, el que quedó colgado en la fórmula actual, un incremento mensual al ritmo de la inflación y un ajuste semestral que combina la fórmula de los aumentos salariales con el índice de inflación.

Sin embargo, hoy, cerca de unos 90 diputados entre los oficialistas, el PRO y algunos radicales que votarán divididos, lograrán frenar la ley y dejar vigente el veto de Milei a una norma que el presidente ha criticado por poner en riesgo su meta de equilibrio fiscal o déficit fiscal cero con la que ha asumido en diciembre. Dicen no recibir nada a cambio porque no hay nada que repartir y sin negociar compensaciones. ¿Por qué lo hacen entonces? Hablan de responsabilidad y que el tiempo y las reformas ordenarán las cosas pese al sufrimiento. ¿Son los nuevos tiempos? ¿esos en los que se sufre, se pena por los cambios, pero se los apoya en su gran mayoría? ¿oponerse al discurso de Milei hoy no da réditos político y los electorales por venir?

En esa gran ensalada de legisladores más o menos afines a las medidas del gobierno, se alistarán muchos radicales sumando votos para rechazar la ley y para dejar firme el veto de Milei. Los radicales mendocinos votarán divididos y los tres con motivaciones distintas. Julio Cobos se mantendrá firme en contra del veto, votando a favor de la ley y en línea con una posición claramente opositora al gobierno liberal de Milei. Lisandro Nieri, uno de los impulsores y defensores de la ley hoy cree que la norma le traería dificultades financieras al gobierno y en los últimos días se mostró partidario de que el gobierno presentara una opción alternativa, sin los artículos que obligan al gobierno a pagar la deuda con las provincias, pero con el reconocimiento del 8 por ciento que quedó colgado de la inflación de enero. Milei se mantuvo sin cambios, con lo que Nieri, aun creyendo hoy a medias en la ley que defendió en su momento, rechazaría de igual manera el veto para evitar un papelón. Y es probable que Pamela Verasay se incline hoy a votar junto al gobierno, en línea con lo que el radicalismo más dialoguista, el que cree que el camino del país va por el cambio de representa Milei y el que también cree que Milei está cometiendo mala praxis. Allí está Alfredo Cornejo y Gustavo Valdés de Corrientes y también Rodrigo de Loredo, el cordobés que conduce el bloque. Todos ellos enfrentados a Martín Lousteau y quienes lo puedan seguir en el otro frente de la UCR, más cerca de las posiciones de la oposición dura K, que la del radicalismo que en la campaña estuvo detrás de Patricia Bullrich como candidata.

Y el resto de los diputados deja un camino más claro: los liberales como Mercedes Llano y Facundo Correa Llano votarán a favor del veto como también lo hará Álvaro Martínez. Es una incógnita el voto de Lourdes Arrieta, quien se alejó del bloque de La Libertad Avanza y se sabe que los peronistas Liliana Paponet, Martín Aveiro y Adolfo Bermejo lo harán en contra del veto.

Son tiempos extraños para lo que la Argentina ha estado acostumbrada a ver. Porque incluso en los años en los que reinó el menemismo, el líder de aquellos tiempos negociaba con los viejos y conocidos métodos de la política tradicional: Menem palmeaba el hombro, manejaba quirúrgicamente la indiferencia y premiaba generosamente las lealtades, incluso mucho más aquellas que provenían de los sectores de la oposición. Hoy, y acá parece estar la diferencia con todo lo conocido, Milei parece tener hilo suficiente en el carretel para negociar con los climas y los humores de la sociedad, los que parecen jugar a su favor, aunque los sufrientes se vean cada vez más con el agua al cuello. Milei parece descansar en una visión que sostiene a rajatabla: Pero si se bancaron más de veinte años de frustraciones y de estafas, o más de cincuenta de chamullos con eso de que es el Estado el que te protege, aunque sólo fabricó pobres y se hizo experto en esos de postergar planes y esperanzas, cómo no lo van a hacer ahora cuando se ha tomado un camino que ha sido el que llevó a todos los países del mundo a su normalización.

Bueno, eso es lo mismo que podrían estar viendo e interpretando los opositores dialoguistas. El punto de inflexión de todo esto puede que se tenga en el 2025 electoral, cuando vayan a disputar con el oficialismo posiblemente el mismo voto para ambos.