Los últimos días previos a la elección presidencial estarán dominados por la ansiedad, el nerviosismo, la incertidumbre por el resultado por supuesto, y desde ya que por el despliegue de las nuevas estrategias que harán foco en el armado de un plan de  fiscalización para garantizar los votos por el lado de Javier Milei, y por asegurar el oxígeno que dé continuidad a la clara campaña del miedo que Sergio Massa ha desplegado en general y en varios frentes, incluso con una onda expansiva que ha dado de lleno en la diezmada coalición de Juntos por el Cambio que pone en dudas, claramente, su permanencia en el escenario político después del 19.

En su paso por Mendoza, el libertario estrenó una nueva marcha en la velocidad y el ritmo impreso en la campaña que ha entrado en la recta final: habló ciertamente de un más que posible triunfo, fue menos cauteloso de lo que lo venía haciéndolo y resucitó el “¡Sí se puede!” de aquel Mauricio Macri del 2019 cuando logró una remontada histórica de la que todavía se habla, aunque así y todo no le alcanzara para defender su continuidad. Pero junto con eso, Milei llamó a una cruzada fiscalizadora en todo el país “porque los votos están”, aseguró. ¿Fue un guiño? ¿un reconocimiento quizás, a los dichos previos de Alfredo Cornejo? Un Cornejo que a diferencia del jujeño Gerardo Morales y de la vieja guardia radical bonaerense que se han mostrado jugados con Massa, ha defendido el rol de lo que queda de Juntos por el Cambio: la unidad, el control y la transparencia del acto electoral, la fiscalización y garantizar la legitimidad del ganador, gane quien gane.

Massa, a su tiempo y por su lado, hundió un dedo en la herida abierta del radicalismo. A la advertencia aquella del aumento exponencial en el valor de los servicios públicos en caso de ganar Milei, de campaña por las provincias del norte –lo que no fue para nada accidental ni casual–, sumó la advertencia de que quedarán sin coparticipación de acuerdo con el supuesto deseo del libertario. En sub estados en donde los recursos automáticos y garantizados por ley, los de la coparticipación, mantienen en pie el funcionamiento de lo público, Massa deslizó que los podrían perder. Horas antes, el jujeño Gerardo Morales, el mismo que ha repetido varias veces que haría lo imposible para que Milei pierda las elecciones, advirtió que su provincia se podría quedar sin los recursos para pagar los sueldos de los empleados públicos por no contar con los recursos federales.

Se sabe que muchos de los dichos de Milei a lo largo de la extensísima campaña, elevados al plano del disparate, se convirtieron en el combustible que recibió Massa como obsequio venido de las “fuerzas del cielo”, al que le ha sacado el jugo. A propósito de los dislates de Milei: no se trata de que no los quiera llevar adelante, que no los quiera imponer y ejecutar; al margen de lo que él piense y pretenda, se trata de que muchas de sus propuestas parecen estar reñidas con el texto constitucional de acuerdo con lo que han analizado no pocos especialistas. Pero más que eso: si aun así estuviesen dentro de los límites que marca la Constitución, Milei necesitaría del acuerdo de los gobernadores y de un parlamento que se le presentará esquivo al momento de gobernar. Por eso, también, sus posturas en algún momento han dado pie a describir un populista de derecha, casi un autócrata al frente de un potencial gobierno. Nada comprobable, ni certificado ciento por ciento, claramente; aunque sí algo ensopado de ese halo prepotente que en la Argentina se ha conocido tan bien durante el mejor momento del kirchnerato.

La campaña ha girado, a la vista de todos está, no sólo alrededor de insensateces. Además, ha contado con un nivel, se sabe, chato, intelectualmente muy bajo o, deliberadamente desprovisto de rigor técnico jurídico y constitucional. Massa se aprovechó de eso contando con la complicidad general de la desinformación y la ignorancia. Por caso, no se pueden hacer modificaciones a la coparticipación sin que todas las provincias lo acuerden en un ciento por ciento. Se trata del cumplimiento de un principio convencional, consagrado en la reforma constitucional de 1994. Milei podría, si se le ocurriese, eliminar el impuesto a las ganancias, pero por su carácter coparticipable seguramente enfrentaría un reclamo por la vía judicial. Como el que acaba de presentar Mendoza ante la Corte por las modificaciones que a instancias de Massa aplicó el gobierno nacional para que no paguen ganancias los trabajadores registrados que ganan hasta cerca de 2 millones de pesos. Mendoza dice haber perdido unos 7 mil millones de pesos y con eso peligra el financiamiento de programas basados en la coparticipación. Ya la Corte ha fallado en contra de medidas como esas. Lo hizo en el 2019 cuando el gobierno de Macri implementó un “plan platita” un poco más moderado que los de Massa, pero con el mismo sentido y dirección. Macri le quitó el IVA a casi una veintena de productos alimenticios de la canasta básica para intentar congraciarse con un electorado que le había sacado el crédito. EL IVA también es coparticipable, con lo que los gobernadores peronistas de entonces fueron a la Corte y reclamaron en consecuencia. Más tarde, durante el actual gobierno de Alberto Fernández, la nación le arrebató más de un punto de coparticipación a CABA y la Corte volvió a marcar la irregularidad.

En su último trabajo de campo, de 2500 casos en todo el país, Jorge Giacobbe sostiene que “los dos candidatos llegan a la segunda vuelta significando lo mismo que al principio de la campaña. Ninguno se movió de su lugar. Massa sigue significando ‘panqueque, corrupto y mentiroso’ en la nube de palabras. El componente ‘esperanza’ recién aparece en cuarto lugar. Javier Milei significa ‘loco’ predominantemente. En la desgracia –agrega Giacobbe– tiene cierta ventaja sobre el ministro porque ‘esperanza’ aparece en segundo lugar y ‘cambio’ en el tercero”.

La esperanza de los electores a lo largo del año en el que se está definiendo el futuro institucional del país en un momento bisagra, según se entiende, de una encrucijada ineludible, de la necesidad imperiosa de romper esa constante tendencia a la decadencia general del país, aparece en el trabajo de Giacobbe, pero sin configurarse como tal, lo que determina, a su vez, lo que ha significado y significan las dos propuestas que quedaron con vida para la segunda vuelta. Dice este trabajo que la esperanza no se le pegó entre los atributos a ninguno de los candidatos de forma clara durante todo el año, “y no va a suceder ahora tampoco –agrega y aclara–. Eso va a sentar las bases del próximo gobierno, no importa de quién sea. Si le va bien en lo económico, entonces va a ser favorable arrancar con las expectativas sociales bajas. Si le va mal en lo económico, el permiso social va a durar muy poco”.