Hoy empieza el Mundial, lo repito por si algún marciano hay leyendo El Sol y no se enteró.

Porque hay que ser marciano para no enterarse.

Los canales, en un esfuerzo notable en tiempos de vacas flacas, mandan a sus enviados que se fotografían contentos en alegre montón en Ezeiza. Son felices, se lo ganaron con su trabajo, están en un pico profesional, bien por ellos.

La cosa es un poco más peliaguda en la Radio y TV Pública, empresa estatal que este año perderá 14.347 millones de pesos. 

Según el periodista Ezequiel Spillman, la TV Pública compró los derechos de transmisión de 32 partidos por un total de 8 millones de dólares, pero habrá otros dos millones por el gasto de llevar 27 personas para que pasen 40 días en Qatar.

Se supone que habrá una compensación por la publicidad vendida, pero esos datos no son públicos.

Lo que sí hay son pedidos de informes en el Congreso, pero los pedidos de informes no son algo que desvele a Rosario Lufrano, la titular de la TV Pública, que no fue al Congreso a explicar cuando de la RTA se retiraron bolsas con 11 millones de pesos en efectivo ni para explicar la renuncia del director ejecutivo de la TV Pública Leo Flores por cuestiones ideológicas; ni para explicar la denuncia por “abuso sexual de una empleada” en el canal; ni para explicar la no cobertura periodística del Olivos Gate; ni para explicar la indemnización a Orlando Barone ni la intimación/amenaza que la pareja de Lufrano, el abogado Daniel Llermanos, le realizó al colega Alejandro Alfie, quien detalló todos estos destratos.

Si como dice Lufrano, lo que se saca de publicidad cubre con creces los gastos, ¿por qué es tan difícil conseguir una detallada rendición de cuentas?

¿Por qué Lufrano nunca contesta?

Entre otras cosas, porque como bien puntualiza Alfie, la “Comisión Bicameral Permanente de la Comunicación Audiovisual y las Tecnologías de las Telecomunicaciones y la Digitalización” (todo con mayúsculas, faltaba más) está cerrada desde hace un año, por decisión del Frente de Todos. 

Con este despliegue, privado y público, está claro que información de lo que pase en Qatar, y en especial, con la selección nacional, no va a faltar.

Es más, va a sobrar.

Ahora bien, si el Estado pone 10 millones de dólares para alcanzarle el Mundial a los ciudadanos, ¿hace falta crear “un puente entre el hincha y la Selección”, siendo que es difícil encontrar un argentino que no sepa al menos un apellido de los integrantes de la selección?

¿Tan alejado está el argentino promedio de los jugadores de su selección que hace falta crear un “puente único”?

Tanto los jugadores como los periodistas acreditados alimentan sus redes sociales todo el tiempo con una intimidad que antes era imposible imaginar. 

Sin embargo, la AFA creyó que hacía falta más y ahí presentó su “programa de fidelización y beneficios para hinchas del conjunto nacional en todo el mundo”.

Nació así “Mundo Selección”, un negocio del que pocos se hubieran enterado si su debut no hubiera sido con un papelón del que, mal que le pese a sus protagonistas, da la impresión que quedará prendido por mucho tiempo en la memoria frágil de los argentinos.

¿Por qué?

Porque trajo a escena a un muchacho del que poco se conocía y que no tuvo empacho de mostrarse en toda su petulancia.

Hay mucho para aprender de este caso, si uno está dispuesto.

Tomás Massa, hijo de Sergio Tomás Massa y Malena Galmarini de Massa, nieto de Fernando Galmarini, tres conspicuos fatigadores de las arcas públicas, fue contratado por la empresa Mundo Selección para “generar contenido” (que es como se dice ahora a hacer videítos) del Mundial.

El pibe lo anunció en redes y muchos comentaristas, agotados de un país que no da descanso, se la agarraron con el muchacho. De acomodado para arriba y para abajo, le dijeron de todo.

El postadolescente, de 17 años, hizo lo que cualquier muchacho consentido con vida de privilegios de 17 años hubiera hecho.

Primero canchereó, el domingo pasado: “Que lindo saber que estan hablando al pedo, genera numeros para la empresa. Muchisimas gracias, me facilitan las cosas”, tuiteó sin acentos en general, y ese mismo domingo, mostrando que el autocontrol no es lo suyo, tuiteó: “Para todos los boludos que dicen que ‘me fui a Qatar con la del pueblo’ cuando bueno, hoy sabemos que vine con Mundo Selección, les aviso que ahora tamos (sic) haciendo contenido en Abu Dhabi, en unos días recién nos vamos a Qatar”.

Un rato más tarde, volvió a decirle “boludos que hablan al pedo” a los tuiteros que lo desafiaban y los mandó a descansar.

Ni Malena ni Sergio vieron ahí banderas de peligro; no entendieron o no les importó a lo que se estaba exponiendo su hijo, un muchacho con ínfulas y pocos límites.

Podrían haber previsto que esto no terminaba acá, pero en esa burbuja permanente en la que viven, en esa justificación de que la tengo porque lo valgo, en la habitualidad de la casta, ni se mosquearon.

Por lo demás, es bastante ostensible lo cómodo que se siente Zelig Massa en relación con los medios de comunicación. Todavía se recuerda cuando a fin de julio de este año, cuando todo su lobby para llegar donde llegó estaba causando efecto, mientras el país ardía, él apoltronado cómodamente en Tigre, zappineaba frenéticamente controlando que los graphs de los noticieros destacaran en grande “Súperministro”.

Y a los canales que no lo ponían así, que osaban simplemente nombrarlo “ministro”, los llamó por teléfono PERSONALMENTE (sic) para que lo hicieran.

Así es el control férreo que mantiene -él y los suyos- con todo lo que se publica.

Habrá pensado entonces que ningún medio se animaría a cuestionar lo que estaba ocurriendo.

Medio que tuvo razón.

Pero están las redes.

Como en el caso de la Fiesta de Olivos en cuarentena, no fue el periodismo tradicional el que se puso originalmente a ver de qué se trataba. En aquél momento fue @gonziver quien con una solicitud de información pública destapó la olla que los medios tardaron varios días en publicar.

En este caso, el que se puso la historia al hombro fue @traductorteama. Con una simple búsqueda en internet encontró y dio a conocer algunos datos inquietantes.

Mundo Selección efectivamente es un emprendimiento de la AFA que, se supone, permite el famoso puente entre los jugadores y el hincha pero, curiosamente, es una empresa cuya sede central está en el Estado de Florida, Estados Unidos. Más precisamente en el mismo edificio que el Consulado argentino. Be Smart Mobile es una Compañía de Responsabilidad Limitada, lo que se conoce como LLC, una Limited Liability Company. Es eso que cuando no está hecha por peronistas se critica como offshore, una empresa que no lleva a cabo una actividad económica en el territorio en el que están constituidas para aprovecharse de ciertas ventajas, generalmente fiscales.

La profundización de esos datos opacaban cada vez más la historia. El CEO de Be Smart Mobile es Nicolás Fernández, que con distintas empresas tuvo millonarios contratos con el Estado Nacional, según denunció la diputada nacional Graciela Ocaña. Otro miembro del staff, Juan José Napolitano, es empleado del Senado de la Nación en categoría A-3.

Para colmo, el muchacho, sin una guía paterna que lo ubique, lanzaba más leña al fuego.

En una entrevista con María O’Donnell por radio contó que esta empresa es la que en su momento hizo “Mundo Arjona”, un recital en plena pandemia auspiciado con 100.000 dólares por el ministro de Turismo Matías Lammens. Sí, 100.000 dólares en el recital de Arjona para atraer turistas mientras las fronteras estaban cerradas. En esa misma entrevista, Tomás reconoce que “terminé el colegio y al día siguiente estaba viajando a Qatar”. Raro calendario escolar maneja el muchacho, que termina las clases a comienzos de noviembre. No hubo quejas sobre “trabajo infantil”.

Los aliados de Sergio salieron a defender al hijo de Zelig -después del llamado de rigor desde Tigre- al grito de “es menor, con los hijos no”. La diferencia con otros casos -por ejemplo, los ataques homofóbicos que recibe Dhyzy Fernández, o cuando en enero del ’19 Hebe de Bonafini pidió probar las pistolas taser con la nena de Macri o las hijas de Vidal, sin el enojo de quienes ahora piden límites- es que acá no se lo critica a Tomás por las acciones de su padre, sino por su propia falta de empatía y su prepoteada virtual.

Cuatro años tenía Antonia Macri cuando la revista Barcelona se hacía el festín dibujándola de la peor manera, riéndose cruelmente de una niña que no había sido contratada por ninguna offshore pecaminosa.

Con medio país pasando hambre, con la idea férrea bajada por el gobierno de que estar en el exterior colisiona con el derecho de trabajar, la ostentación es más que un error grave.

Es el padre del muchacho el que abre o cierra el grifo de los dólares para todos los demás.

El pibe no fue a Qatar como cualquier argentino que hubiere conseguido de donde fuere dólar a dólar.

No fue como cualquier argentino que está dispuesto a pagar el 30% más de lo que sale el dólar oficial por el impuesto PAIS más la percepción del 45%, más el 25% que debe pagar cualquier ciudadano como peaje a la libertad para poder salir del país. O sea, cualquier argentino que esté dispuesto a pagar $ 340,44 lo que el Estado Nacional dice que cuesta $ 169,25 (dólar oficial).

No, el pibe fue a Qatar porque una empresa opaca muy relacionada con el gobierno del que su padre y su madre forman parte, lo contrata pese a contar con nula experiencia.

Y se ganó un apodo cruel que -es de suponer- tardará mucho en sacarse de encima: “Niño Ñoqui”.

Pocas veces un hashtag duró tanto tiempo en las redes.

¿Por qué?

La explicación que le encuentro es, además de la indignación obvia, es porque los tuiteros querían, pedían, exigían que los medios se ocuparan del caso.

Pedían que los periodistas hiciéramos periodismo.

Y veían, desahuciados, que eso no estaba pasando.

Lo mismo que ocurrió con la Foto de Olivos.

¿No van a hablar de la coronita de esta gente?

¿Cómo, esto que indigna y molesta, no es tocado por los medios?

¿Por qué nadie dice qué es esa empresa?

Las noticias apenas consignaban el caso, y si lo hacían,  no mencionaban los improperios del muchacho, las zonas oscuras de la situación.

Hay un montón de preguntas que los medios no se hicieron y que nada tiene que ver con “meterse con la vida de un pibe”.

Más bien, tienen que ver con cierta salud republicana enferma.

¿Por qué la AFA trabaja con una empresa offshore para algo tan simple que podría dar trabajo en Argentina a profesionales que hoy están desocupados y responder impositivamente acá?

¿Cómo es que Mundo Selección, a dos semanas de creada, contrata a alguien sin ninguna experiencia, casualmente, hijo de una de las personas más poderosas del país?

AFA y Aysa trabajan juntos una campaña para el cuidado del agua, ¿no hay conflicto de intereses en este caso? La titular de Aysa es la madre del muchacho que es contratado por la empresa  que contrata la AFA. 

¿Cómo es que el muchacho, que no tenía un número importante de seguidores en redes para ser considerado “influencer” es contratado por una empresa norteamericana?

¿Qué tanto de “tráfico de influencia” puede haber en una empresa offshore auspiciada por empresas estatales argentinas y la contratación del hijo del ministro de Economía?

¿Es cierto como dice Graciela Ocaña que el otro miembro de Be Smart Mobile es Christian Ruggeri, dueño de Corporate Corp. SA y Computer Depot, ganador de la licitación por más de 400 millones de pesos para la iluminación del CCK?

¿Por qué no es un tema a investigar?

La AFA es esponsoreada por Aerolíneas Argentinas, YPF, entre otras. Empresas con evidentes lazos con el ministerio de Economía, ¿por qué no pensar en una devolución de favores?

Eso, claro, sin hablar de la calidad del trabajo mostrado, bastante pobre por lo que puede verse. Pese a que en la página oficial hablan de 7.1 millones de seguidores y 20.000 hinchas oficiales, no queda claro qué es esa cifra.

La página prácticamente no tiene contenidos.

En Instagram tiene 36,8 k seguidores, y sólo muestra placas anunciando cuánto falta para el Mundial y mucho menos información que en la página individual de los jugadores.

Tomás subió unas imágenes a su Twitter (la empresa no tiene presencia en esa red, pese a que es una empresa de redes), en donde se lo vio más como pibe admirado por estar ahí que como profesional.

Mientras todo esto iba pasando día a día durante la semana en las redes, los medios en general mantenían un sospechoso silencio.

Y la bronca iba creciendo.

Viene entonces el viejo desprecio del peronismo por la meritocracia. ¿Qué problema había en que Tomás fuese escogido para un trabajo soñado sin ningún mérito para ello si Malena misma llegó a dirigir la empresa de aguas más importantes del país gracias a sus nulos conocimientos del tema?

Así, Sergio Massa como ministro de Economía y marido autorizó a la empresa Aysa, dirigida por su esposa Malena, un déficit para este año de 79.892 millones de pesos, mientras prevé aumentar la planta de personal.

Con estos ejemplos, ¿es responsable Tomás de su irresponsabilidad o es el aire cotidiano en su casa?

Mientras el escándalo estallaba, Sergio y Malena se mostraban en Tigre regalando tablets, como si esa fuera misión de sus respectivos cargos. No, no lo es, pero todo es imagen en Zelig.

Finalmente, el viernes, el muchacho en un comunicado en donde se victimiza habla de la pérdida de su sueño por los odiadores y coso, que son todos aquellos que pidieron un poco de claridad en las cuentas públicas, un poco de empatía en medio del desastre, un poco de respeto en el enchastre en el que vivimos.

“Para dejar de perjudicar a mis compañeros, mi desicion (sic) personal es regresar. Con mis 17 años no puedo emocionalmente seguir adelante”, escribió Tomás.

Todas las lecciones están a la vista.

La sociedad está muy enojada y más alerta.

Los medios pueden mirar para otro lado, ya no importa.

Los datos están ahí, al alcance de cualquiera.

La posibilidad de difundirlos, también.

Tomás podrá aprender de empatía, si es lo suficientemente inteligente.

Y a escribir “decisión”.

Sergio y Malena podrán aprender que ya no hay más permisos y que no alcanza con disfrazarse de papanoeles con plata del contribuyente.

Los políticos en general podrán aprender a tener más cuidado con toda esta gente que está en carne viva.

Los medios podrán aprender que ya no son los dueños de la conversación.

No lo entendieron con la foto de la fiesta de Olivos.

Tienen una nueva oportunidad.

Ojo que es muy probable que sea la última.   Ahora sí, los que quieran, a disfrutar del Mundial que está por comenzar.