La victoria abrumadora del radicalismo correntino dejó para la Casa Rosada algo más que una nueva derrota provincial. Encendió una señal de alarma sobre la posibilidad de que se frustre  la meta central de este turno electoral: conseguir la mayoría propia en ambas cámaras del Congreso. No fue el único mensaje de las urnas de Corrientes.

El Gobierno nacional se limitó a felicitar desde la cuenta del Presidente al radical Gustavo Valdés y auguró un futuro “trabajando unidos en la diversidad por el bien del querido pueblo correntino”. Fuera de la formalidad, hubo pases de facturas, en especial para el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, que antes de sumarse al Gabinete fue designado interventor del PJ correntino y cargó con la estrategia electoral. Y la derrota.

Un sector del peronismo provincial, “Volver a creer”, lo puso sin eufemismos en un comunicado que difundieron este lunes, donde definieron al ministro como el “responsable personal, directo e intransferible de la contundente derrota electoral” y pidieron su renuncia a la intervención partidaria. Desde el entorno presidencial, en cambio, ponderan el trabajo de Zabaleta: “Garantizó la unidad y ahora pondremos toda la energía en acompañar las candidaturas para el Congreso”.

¿Hasta dónde debe participar la Casa Rosada en los procesos electorales provinciales? Esa es la pregunta que resuena ahora en los despachos donde se define la estrategia nacional del Frente de Todos. En principio, el Presidente ha decidido aumentar su nivel de protagonismo y visibilidad. De hecho, suspendió su viaje a Ecuador para poder dedicarle más tiempo a la campaña y organizó un acto partidario en Tecnópolis junto a los gobernadores oficialistas. Está convencido de que el desinterés general se revierte con más visibilidad de la política.

El cuestionamiento sobre el rol de la Casa Rosada se basa en los datos quejaron Corrientes y las tres elecciones previas de Misiones, Jujuy y Salta donde el Frente de Todos fue el gran perdedor. En las cuatro provincias hubo un importante nivel de ausentismo y voto en blanco o nulo que no afectó a las victorias de los oficialismos locales. Es decir, que si hubo ausentismo por apatía o decepción y voto bronca, el castigo no lo recibieron los gobernadores, sino el oficialismo nacional.

“Hasta ahora son elecciones locales, donde no nos metimos demasiado. En noviembre va a ser muy diferente”, analiza un ladero del Presidente que busca despegar a su jefe de las derrotas. En la Casa Rosada confían en que en las generales (no en las PASO) se revertirá el ausentismo. Se imaginen un efecto “No se inunda más” a partir del 12 de septiembre.

Sí. Así llama a la estrategia que encarnó Mauricio Macri después de las PASO de 2019 y que le permitió remontar 10 puntos en unas semanas. Se refiere, por supuesto, a uno de los primeros actos electorales pos primarias, donde el ex presidente abandonó la moderación. “Convenció a una parte importante de la población de que si ganábamos venía el fin. Rompió con la apatía y le fue bien. Si en las PASO quedamos flojos en alguna provincia, los indecisos de hoy van a votar en noviembre para que no vuelva la pandemia macrista”, analiza el funcionario.

Para esa etapa el Gobierno ajustará su mensaje y buscará mostrarse activo, en plan de anuncios e inauguraciones diario. Escenificar la gestión para contrastar con la crisis económica y profundizar el mensaje anti-Cambiemos. “Nosotros o el caos” versión 2021.

Los ajustes en la estrategia luego de las primarias buscarán preservar la ilusión que empuja al oficialismo en estas elecciones: las mayorías parlamentarias. Y acá es donde Corrientes tiene un rol clave. Es una de las ocho provincias que eligen senadores y una de las pocas donde el Frente de Todos arriesga más de lo que puede ganar. Allí el Frente de Todos pone en juego dos senadores y un diputado. Y si se repitiese el resultado de ayer, podría quedarse sólo con la banca por la minoría en la Cámara alta y sin nada en la baja.

El caso de Corrientes no es el único. El oficialismo arriesga este año 15 de las 24 bancas que están en juego en el Senado. Y para sostener el quórum propio y la mayoría absoluta necesita al menos retener 11. En el Frente de Todos descuentan que Catamarca, La Pampa y Tucumán les aportarán 6. Y aspiran, como mínimo, a renovar la banca mendocina de Anabel Fernández Sagasti. Y si por Corrientes también logran sólo una banca, aún necesitarán 3 votos más. Hoy tiene 3 senadores por Chubut que podrían pasar a ser dos o incluso sólo el de la minoría. En Córdoba, tienen asumido que no podrán renovar la banca que hoy ocupa Carlos Caserio y que los tres asientos se repartirán entre el partido de Juan Schiaretti y la oposición macrista. Y algo similar pasa con Santa Fe, donde el oficialismo compite con el Frente Cívico y Social y Juntos por el Cambio. En el mejor de los casos puede retener las dos bancas que pone en juego. Pero también puede quedarse sin nada.

Valga una digresión santafesina: el faltazo que pegó Cristina Fernández este fin de semana al acto que encabezaba la senadora María de los Ángeles Sacnun, pareció una ausencia a medida del gobernador Omar Perotti que, por todos los medios, trata de provincializar la campaña y despegarse de la Casa Rosada. Es una discusión que tiene que ver con la pregunta que se hace en el Gobierno sobre la conveniente o no de sacar al presidente a la calle, en todas las provincias.

El resultado de Corrientes es más que una derrota provincial del Frente de Todos. Es un mensaje sobre la estrategia nacional del oficialismo que apunta el hueso de la discusión electoral de este año. La Casa Rosada se encuentra ante el desafío de revertir un clima electoral que hasta ahora le es adverso. El Presidente ya decidió que su presencia y la “visibilización de la gestión” ayudarán a ese cambio. Pero en su entorno también que la presencia del poder central en los territorios termine profundizando ese desánimo y en lugar de contribuir a la victoria, sea el motivo de un resultado que deje al Frente de Todos sin la ilusión de controlar al Congreso.