“A ningún investigador le voy a preguntar cómo piensa ni a quién vota. Así que… ¿cómo se llamaba? –pregunta Alberto Fernández y, a viva voz, alguien le menciona su nombre– Sandra Pitta, no tengas miedo. Te prometo que te voy a cuidar, como a todos ellos, porque vos valés mucho, igual que todos ellos”.
La escena discurre el 31 de julio del 2019 en uno de los pabellones de la Ciudad Universitaria. El por entonces aspirante a la Presidencia Alberto Fernández se encuentra presidiendo un acto de campaña ante científicos. Horas antes, la farmacéutica, biotecnóloga e investigadora del Conicet Sandra Pitta, usando su cuenta de Twitter, ha observado con tono crítico que, desde un dominio oficial de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, se ha girado una convocatoria para asistir a ese acto en favor del aspirante K, Alberto Fernández. Las redes se ensañan con la científica no sólo por esa crítica pública, sino por haber firmado por esos días con otras 150 personalidades de la cultura, la ciencia y la academia, una solicitada en apoyo del presidente Mauricio Macri, el mismo que unos pocos días después, el 11 de agosto del 2019, perdería de forma apabullante la PASO frente a un ascendente Fernández, quien comenzaría de esa manera su camino a la Presidencia, que ganaría en octubre del mismo año.
“Esta mañana, cuando leía en tuiter el cruce con Sandra –a quien no tengo el gusto de conocer– la verdad, decía ‘qué equivocada está’. Sandra, sacate ese miedo. Es un miedo incomprensible”, agregaría Fernández en medio de la vocinglería a su favor del grupo de científicos y académicos que habían ido a vivarlo y alentarlo, y algunos silbidos de repudio destinados a Pitta.
“Me atacaron muchísimo. Tuve algunos insultos y agravios. El kirchnerista fanático es de atacarte. Sin hacer comparaciones estrictas, la última vez que viví de cuidarse de hablar fue durante la dictadura”, sumaría Pitta ese día a una radio, en medio de una polémica con sus compañeros, que había arrancado con la firma de una solicitada a favor de Macri y por no estar en otro escrito, en este caso, a favor del candidato de Cristina Fernández de Kirchner, que había sido suscripta por 8.000 científicos de todo el país. “Prefiero irme del país antes que tener miedo. Mucho miedo en este país. Demasiado”, había escrito Pitta en esas horas de cruce verbal, con fuerte carga ideológica en torno a la ciencia y al uso del sector en términos de apoyo político.
Cuatro años después, el aspirante a la Presidencia que marcha primero entre los tres con más chances, Javier Milei, ha vuelto a poner en discusión el Conicet y el espacio de la ciencia en la Argentina; un lugar visto más que como estudio, como un campo de militancia y entrenamiento para la misma, copado por el kirchnerismo. Milei ha ido al hueso, provocador y sin vueltas, al decir que, si llega a la Presidencia eliminará el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet. “Te ganarás el pan con el sudor de la frente”, dijo el libertario, para explicar que será mucho mejor que los científicos se dediquen a cumplir acciones solidarias que a seguir en ese organismo del que duda esté sirviendo y siendo útil para el país.
La reacción en su contra ha sido inmediata. Ignorante es lo mínimo que le han dicho, por supuesto, desde la dirección del centro de investigación. Desde la oposición evitaron, por su lado, la agresión violenta. Sólo se limitaron a señalar que al Conicet hay que transformarlo para que preste un buen y mejor servicio al país y que de ninguna manera será privatizado. Lo dijo Luis Petri, compañero de fórmula de Patricia Bullrich, entrevistado en LVDiez este miércoles.
El kirchnerismo, se sabe, con un efectivo método de la micromilitancia en algunos espacios de la juventud universitaria, a los que sedujo para sumar a la causa; un lugar acompañado por la inestimable ayuda de fuertes sumas de recursos públicos destinados a una campaña de colonización ideológica y política, alcanzó a encaramarse en altos puestos de dirección y jerarquía de ciertos organismos, como el Conicet, desde ya. También lo logró en otros lugares en manos del Estado más conocidos como Aerolíneas, el PAMI, la Anses, algunos sectores de la petrolera YPF, en otras tantas facultades de universidades públicas, particularmente, las vinculadas con las ciencias sociales (las áreas directivas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, es un ejemplo) con el mismo recurso y estrategia. Otro de los ámbitos, claramente, ha sido el artístico, donde ha reunido a un ejército de actores y actrices más o menos relevantes sumados en alma y cuerpo en defensa de la causa y en contra de la “derecha maldita”, a la que se le ha apuntado, señalado y sindicado como el origen de todos los males que padece la gestión de gobierno.
Para el caso del Conicet hay varios estudios, elaborados por algunos de sus propios integrantes, que reivindican las políticas del kirchnerismo puestas al servicio del organismo –dicen que, en apoyo de las investigaciones científicas, claro–, y que explican de alguna manera la defensa ideológica y política que hacen algunos de sus integrantes militantes, “fanatizados” según los llama Pitta.
¿Y en qué se apoyan y qué argumentan? En la recomposición del Estado de derecho “a través de la política de derechos humanos que implica el juicio y castigo a quienes cometieron delitos de lesa humanidad en la ejecución de la acción represiva del Estado; y la progresiva transformación de la Justicia que comenzó con el mejoramiento de la Corte Suprema (…) El intentar desde el Estado la conformación de un bloque social que lleve a cabo una política de desarrollo económico con equitativa distribución de la riqueza, lo cual implica en la industrialización del país y el fomento de la innovación científica y tecnológica”. También se destaca, entre otras cosas, el hecho de haber tomado distancia de Estados Unidos con dependencia y optar por una política más alineada con los países sudamericanos; se festeja el término y la concepción de la Patria Grande, que adoptó el kirchnerismo junto a Hugo Chávez; se destaca el fortalecimiento que se hiciera de organismos tales como la Unasur y la Celac y especialmente, en un paper publicado en el 2014, el hecho de que hayan sido los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner “parte de un programa político integral de restauración del Estado argentino, el cual estuvo al borde de la disolución en el 2001”.
