El caso del pedido de aborto para una joven discapacitada que habría sido abusada en nuestra provincia vuelve a poner sobre el tapete un tema que se sabe más que polémico. Más allá de las posturas a favor o en contra del aborto en las que nuestra sociedad se divide cada vez más profundamente, queda claro que es un debate que hay que darlo urgente y saldarlo de una vez por todas. Es decisivo para la calidad de vida de miles de mujeres, para terminar con muertes absurdas, para terminar con polémicas como la que estamos viviendo, que la sociedad discuta profundamente qué hacer ante un tema que cada día gana más lugar.
Es obvio que sólo hay dos caminos, legalizarlo o no, pero cada uno de los caminos debe tomarse con responsabilidad y convicción. Y cualquiera de los dos caminos es absolutamente necesario complementarlo con programas educativos y de información amplios, sin restricciones ni pruritos. No será fácil, pero estamos ante una oportunidad única de mostrar que, aunque sea en algo, empezamos a madurar.
