La polémica nacional desatada por una nueva marcha de Juan Carlos Blumberg en protesta, supuestamente, por la inseguridad deja varias cosas sobre las cuales reflexionar. Por ejemplo, ¿podrá el ingeniero reeditar alguna vez la fuerza y trascendencia de su primera macha, cuando nadie dudaba de que su intención era honesta y lo único que lo movía era el dolor por la muerte de su hijo? Hoy, por los últimos movimientos políticos de Blumberg –tiene una propuesta del PRO para ser candidato en la provincia de Buenos Aires–, se puede generar una serie de interrogantes en sus objetivos y, como se dijo por allí, da la sensación de que “el ingeniero Blumberg quiere sacar rédito político con la muerte de su hijo”.
No es novedad que al padre dolido que juntó decenas de miles de personas en el 2003 contra la inseguridad sólo impulsado por la pérdida de Axel, luego se lo buscó como líder de un sector que impulsa la mano dura, la estigmatización de la pobreza, la persecución de los marginados y la falta de oportunidades. Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Carlos Menem, personajes como Neustad y Patti y reivindicadores de la dictadura como Cecilia Pando sumaron su apoyo a la marcha de Blumberg, dándole un definitivo tinte político.
Sin embargo, en un estado de derecho, todos tienen las mismas oportunidades para expresar sus ideas, siempre y cuando no constituyan un delito. Por eso, se debe decir, sin medias tintas, que tan poco deseable como algunas de las nuevas compañías de Blumberg son los intentos oficiales por demonizar la concentración de hoy. Estamos en democracia y nadie, ni de un lado ni de otro, debería olvidarlo.
