En las últimas horas, Mendoza ha sido centro de dos acontecimientos de importancia que tienen que ver con la economía y la discusión de un proyecto de provincia. Por un lado, una interesantísima ronda de negocios para pymes y, por otro, un seminario sobre financiación de exportaciones. En ambos eventos quizás se resuma claramente un camino a futuro de una provincia que apuesta fuerte a esos dos sectores y que, sin dudas, necesita fortalecer ese camino, que no es fácil, porque es absolutamente contradictorio al tomado en la última década y que se tradujo en un golpe profundo a las actividades productivas, no sólo de Mendoza, sino también del país.
El cierre de industrias fue colosal durante la era de la convertibilidad, lo que derivó en la crisis del 2001, junto a otras razones de igual importancia. Es por esto que ahora cientos de pymes tienen una gran posibilidad al alcance de la mano para hacer negocios, inclusive en el exterior, lo que se traduce en un empresariado más fuerte que da trabajo y genera, a su vez, un flujo de fondos a otras empresas que lo proveen de insumos.
La apuesta por un país productivo, con industrias que sustituyan a las exportaciones, que pase de ser un país agroexportador a uno industrial y en el que todo esto vaya acompañado por un empresariado que respete las leyes laborales y entienda que la rentabilidad debe ser razonable y no abusiva –como no pasó con las privatizadas, entre otras, en los 90– es el camino para comenzar a poner de pie el país, uno de los más pujantes a principios del siglo 20, con una población altamente capacitada, con universidades de excelencia, con educación técnica, con posibilidades de movilidad social ascendente y con la vista puesta en las necesidades del conjunto y no de los grupos de poder. Esta es la oportunidad que tenemos, una vez más, y que no debe ser desaprovechada.
