En muchas cosas se puede no estar de acuerdo con el Gobierno nacional, pero quién, que sea honesto y que no represente los intereses de siempre, puede no estar de acuerdo con Kirchner cuando dice que Argentina ya no mantiene relaciones carnales con ningún país. Esto a raíz de la posibilidad de que EEUU elimine algunos beneficios arancelarios a productos de los países que no apoyan su postura en la Organización Mundial de Comercio y que, además, se han resistido al ALCA.

    Es obvio que este tipo de “castigos” se parece mucho a una coacción unilateral que no respeta el más mínimo derecho a plantear alternativas al plan económico mundial de la gran potencia. Algo que no debería sorprender, si se tienen en cuenta las “guerras preventivas”, como si eso existiera, que promueve Washington. La postura firme del presidente explora otro camino distinto a los resultados ya conocidos de las “relaciones carnales” de Guido Di Tella y Carlos Menem en los 90.

   A esto se le suma el consejo del FMI de ajustar el gasto público, recomendación que hace el organismo corresponsable de la debacle mayor de la Argentina. El camino elegido parece ser esta vezmirar primero para adentro, y luego hacia los intereses extranjeros, como los que representan los EEUU y el FMI, con su defensa de los bonistas privados que no entraron en el exitoso canje de la deuda pública. Son dos opciones de encarar las relaciones internacionales, una parece ser de un país que aspira ser un poco más serio que en otros tiempos. Sería interesante poder lograrlo.