El trabajo que está llevando adelante el ministro de Eduación de la Nación, Daniel Filmus, es casi indiscutido. Tiene prestigio, es respetuoso y respetable, ha impulsado medidas muy positivas, los gremios no lo ven como a un enemigo y los maestros hablan de él con cierta admiración. Al menos, en general, esta situación se repite en todo el país. Filmus ya mandó el borrador de la nueva ley de educación a las escuelas para que se debatan sus alcances, para que se pulan cuestiones que puedan estar equivocadas y para que se llegue a una norma consensuada.
Todo lo contrario a lo que se hizo con la Ley Federal de Educación aún en vigencia, creación del gobierno de Carlos Menem. Las diferencias entre Filmus y los personeros menemistas que cranearon una educación que iba en contra de los intereses de un país industrial son tan grandes, que no hace falta enumerarlas. Entre los cambios que se esperan, está el retorno a la estructura de primaria y secundaria, tan simple, que ahora suena a una estupidez cambiarla como se hizo en los 90.
También se buscará llevar los años de obligatoriedad de 10 a 13 y se incluirá con fuerza la eduación técnica en los secundarios, una orientación que el menemismo eliminó de las escuelas argentinas por considerar que no hacía falta: hoy, lo que escasean son los técnicos. En fin, el futuro es mejor, pase lo que pase, de lo que era cuando se puso en marcha la Ley Federal de Educación, hoy, por suerte, agonizando.
