La Justicia concretó, hace escasas horas, un hecho histórico: la condena de uno de los máximos exponentes de la represión ilegal durante la última dictadura militar a cadena perpetua por el delito de genocidio. Se sabe que la piedra fundamental de la reconstrucción de cualquier sociedad es la recuperación de la justicia, arma fundamental para combatir y cerrar las heridas del pasado. Por eso le hicieron tanto daño a la sociedad argentina decisiones como las del ex presidente Menem de indultar a militares represores y dictadores y a los máximos exponentes de las organizaciones terroristas de la década del 70.

    La decisión de la Justicia abre, sin dudas, una nueva etapa. Sin embargo, esa nueva etapa deberá trabajarse y consolidarse por la sociedad en su conjunto. En los últimos días, hechos preocupantes abren interrogantes sobre el futuro y la reconstrucción de esta sociedad. Por un lado, la aparición de grupos que reivindican la dictadura militar con actos públicos. Por el otro, grupos de militantes que, muy lejos de los trabajos ejemplares de organizaciones como Abuelas, hacen todo lo posible, al igual que los que reivindican la dictadura, para que la sociedad argentina nunca pueda pensar el futuro con la Justicia cerrando el pasado.

    Los hechos de violencia desencadenados por estos grupúsculos durante la lectura del fallo en el juicio al médico Etchecolatz demuestran que ni siquiera respetan a la Justicia de una democracia que cuesta mucho reconstruir cada día. El olvido es el peor de los remedios, y quedó demostrado. Pero no respetar a la Justicia ni acatar sus fallos tampoco es el camino para que nuestra sociedad pueda comenzar a construir un futuro donde un país mejor sea posible.