Lejos, muy lejos estuvo la Semana Santa del recogimiento y la reflexión para la política mendocina. Omar de Marchi pretende que la nueva asociación electoral que está liderando, divorciada de Cambia Mendoza, dé la impresión de cuanto menos duplicar en partidos y adhesiones a todo lo que pueda reunir su enemigo íntimo, Alfredo Cornejo, para la batalla final que ambos protagonizarán por la gobernación en dos tiempos, las PASO del 11 de junio y el round definitivo del 24 de setiembre. Será muy interesante observar con detenimiento quién y quiénes se sentarán a su lado para la presentación del frente y cuántos de los que, desde el peronismo, particularmente, lo han venido animando para dar aquel paso del martes pasado, cuando anunció su partida del oficialismo para poder ir por su sueño con mejores armas, pondrán el cuerpo y el rostro en la aventura, más que el aventón entre las sombras.
Más que inquietar por demás a Cornejo y a todo un oficialismo que esperaba y se había preparado para todo lo que terminó por resultar (“ya no tenía otro camino que tomar”, sintetizan en el gobierno de los radicales), la movida de De Marchi ha puesto en convulsión al peronismo. El miércoles por la noche, en los dominios del barrio Bombal de la Fundación Hacer Mendoza que conduce Roberto Righi, un festival de sofocones excitados por la decisión del diputado nacional del PRO se apoderó de la platea, la que asistió animada para discutir los posibles caminos que tiene el peronismo frente al nuevo escenario. Y cuando uno de los presentes tomó la palabra para invitar a los compañeros a analizar las fortalezas que ahora sí cree que posee el PJ para pasar por el medio ayudado por la división del oficialismo, una vocinglería en contra literalmente lo tapó: “¡La opción es De Marchi y el objetivo es ganarle a Cornejo, aunque terminemos terceros!”, le gritaron de todos los costados.
En el demarchismo, sin embargo, no alientan demasiadas expectativas sobre un apoyo explícito del peronismo. Por el contrario, todo lo que han venido analizando desde que comenzaron los contactos entre De Marchi y los intendentes, les ha permitido concluir en que ninguno de ellos terminará de sacar los pies del plato que administra La Cámpora. Y si bien las diferencias con los cristinistas son importantes, como se sabe, es con ellos con quienes tienen que discutir los cargos electivos. Y en eso andan y han andado en los últimos días. Le han puesto el ojo, ambos sectores, a una docena de cargos de legisladores provinciales que creen poder conseguir en las elecciones. Como es obvio, el camporismo propone quedarse con la mayoría y el sector de los intendentes hace lo que puede por impedirlo.
Ese es el panorama del peronismo que De Marchi ve en la superficie, mientras que por debajo lo que el movimiento opositor le está ofreciendo es una promesa de apoyo sostenido por una monstruosa especulación que de a poco se hace más visible, como lo ocurrido en el barrio Bombal, alrededor de Righi, el más entusiasta en animar a De Marchi seguido por Matías Stevanato, el intendente de Maipú. Tampoco dejan sin atención lo que puede llegar desde el sur: como la fundación Hacer Mendoza de Righi, cobra forma algo parecido al ofrecimiento de una ayuda por la vía de Proyecto Sur Mendoza, un movimiento sanrafaelino apadrinado por los hermanos Emir y Omar Félix, los capataces del cuarto distrito.
“Vamos a ganar”, repite y machaca De Marchi desde la semana pasada. Se entusiasma por los mensajes de apoyo que ha estado recibiendo, algunos de forma, otros que estaban seguros y “de cajón” y un par que lo han sorprendido provenientes de las filas del radicalismo nacional enfrentado a Cornejo. No lo confirman, pero tampoco lo desmienten, pero en el teléfono de De Marchi han quedado guardados dos escritos inquietantes de ser ciertos. Serían el de Gerardo Morales y el de Martín Lousteau, ambos aliados estratégicos de Horacio Rodríguez Larreta en su enfrentamiento con Patricia Bullrich, amiga y entusiasta defensora de Cornejo en el plano nacional y de las reformas que, en seguridad y en la administración de Justicia, más que nada, llevara adelante el senador nacional en la gobernación del 2015 al 2019.
Precisamente todo aquello que comenzó a forjar Cornejo al frente de Cambia Mendoza cuando llegó al gobierno y que se convirtiera en la marca distintiva de la gestión, terminó siendo el germen del divorcio con De Marchi. El diputado nacional ha dado el golpe político de estos días, quién lo duda, con su salida del gobierno. Pero en los hechos concretos, el líder del PRO en Mendoza, estaba afuera desde bastante tiempo. De Marchi justifica su salida describiendo el deterioro institucional que se ha visto, según su crítica, en los dos gobiernos del que dice ha estado afuera aun siendo parte. Dice que con Cornejo comenzó la colonización de la Justicia consolidándose con Rodolfo Suarez. Y el punto de quiebre, afirma uno de los más cercanos colaboradores de De Marchi, sucedió en agosto del 2022 cuando el Ejecutivo avanzó en la reformulación del funcionamiento de la Suprema Corte de Justicia; proyecto que fuera modificado por los propios miembros del tribunal y que destrabara un conflicto que amenaza con escalar peligrosamente. “Ahí vimos que Cornejo, sobre todo él, avanzaba por todo”, dice la fuente de confianza del diputado nacional.
Ha sido, todo así lo indica, la estrategia hegemónica del radicalismo, a los ojos críticos de De Marchi, de controlar todo el funcionamiento del Estado. El mismo cuestionamiento que ha hecho Gustavo Gutiérrez desde la Coalición Cívica el que viene de oficializar también su alejamiento de Cambia Mendoza. En lo económico, no haber provocado cambios de fondo, más profundos y estructurales de lo que se ha hecho desde el 2015 en adelante. A todo esto Gutiérrez suma una mirada más puntillosa y quirúrgica: los procesos opacos que han rodeado hechos de alto impacto como la expropiación del complejo Penitentes; la administración de Potasio Río Colorado (PRC) y la creación de Impulsa Mendoza, la nueva empresa estatal destinada a promocionar y administrar proyectos mineros en la provincia y la participación del Ejecutivo en IMPSA, la metalúrgica que fue insignia de la provincia en manos de la familia Pescarmona y que quedara en manos de una combinación del Estado nacional y el provincial bajo el supuesto de salvarla, aunque el quebranto para el Estado se multiplique.
