“Una bodega mendocina, muy importante del Este, con 80 años de antigüedad está instalando una línea de fraccionamiento en San Juan. A mí esa empresa no se me va. Yo me planto en el cruce de las dos provincias y le digo: ‘¡Vos de acá no te vas!’”, bramó ayer Omar De Marchi, cuando era entrevistado en LVDiez.
Casi exactamente tres años atrás, cuando la provincia se preparaba para otra PASO a gobernador como la que tendremos el 11 de junio, De Marchi también se pertrechaba políticamente para enfrentar a Rodolfo Suarez, el candidato del oficialismo en Cambia Mendoza. Ambos tenían entre ojo y ojo la sucesión de Alfredo Cornejo que se enfilaba a terminar su gestión, hacia fines de ese año. Y a quien quisiera escucharlo, De Marchi hacía campaña poniendo en foco sus diferencias con el gobierno del que formaba parte y, particularmente, con Cornejo, su archirrival y con quien se medirá en breve, una vez más. En aquella interna, el diputado nacional perdería ampliamente en manos de Suarez y de todo un radicalismo que se movilizó en la campaña tirándole el peso de la territorialidad y de los años.
Desde aquel tiempo es que siempre se especuló con el posible salto de De Marchi de la coalición de gobierno para convertirse, oficialmente, como lo es ahora, en un férreo opositor de lo que el Pro, sumado a la poderosa UCR, supieron alumbrar.
Y casi cuatro años atrás, pero con un De Marchi dentro de Cambia Mendoza, el precandidato dispararía duro, por enésima vez, contra la gestión de Cornejo cuestionando lo que calificaría como una posición débil frente al anuncio de la agroindustria La Campagnola, del grupo Arcor, la que había anunciado el cierre de su planta en San Martín para trasladarse a San Luis. Entre 150 y 200 familias se quedarían, potencialmente, sin trabajo, porque si bien la empresa no los despediría, les proponía mantenerle el puesto en el nuevo destino, circunstancia que muchos no iban a aceptar.
“A mí, La Campagnola no se me hubiese ido”, lanzó De Marchi en medio de la campaña electoral de aquel año, al igual que ahora con Los Haroldos, la bodega mendocina a la que ha hecho referencia De Marchi y que aceptó ampliar una inversión en San Juan para su línea de fraccionamiento aparentemente tentada por “unos dinerillos”, dicen con sorna hoy en el Gobierno mendocino, sin pretender polemizar con las políticas de
seducción de la vecina provincia.
Antes con La Campagnola y ahora con Los Haroldos –empresa que hay que aclarar no está dejando Mendoza, sino que amplía sus inversiones a San Juan–, De Marchi saca a relucir una misma receta o plan de acción: “Habría que haber estado encima de ese tema”, para evitar que tomaran tal decisión y buscar convencerlos de hacer lo que tienen que hacer, pero en Mendoza, “preguntarles qué necesitan y que se queden”, dijo en el 2019 respecto de la conservera. Mientras que ahora, con Los Haroldos, aquello de “¡Vos de acá no te vas!”.
Se trata de una campaña que tiene muchas coincidencias con la del 2019, partiendo de los mismos problemas irresueltos que salen a la luz y otros agravados, claro está. En términos estrictamente políticos, hay que sumar que hoy De Marchi está decididamente fuera, y su fuerza puede que quede como una tercera opción a futuro, si es que no termina diluyéndose como ocurriera con la Izquierda, o con lo que le está pasando al Partido Verde de Mario Vadillo y Marcelo Romano, que parece esfumarse de a poco, o como le terminara pasando tras cien años de historia, casi, al tradicional Partido Demócrata del que De Marchi era parte.
La campaña, volviendo a ella, está permitiendo develar la imagen de una Mendoza que, como el país, atrasa en casi todos sus frentes. Hay más trabajo, pero más precario; hay más trabajo, más precario y aumenta la pobreza, como indefectiblemente está ocurriendo en el país, en donde el 30 por ciento de sus trabajadores registrados está por debajo de la línea de pobreza. Un drama y una tragedia, las dos cosas juntas y que está echando por tierra aquella máxima de que el trabajo permite a las personas, además de dignificarlas en su esencia, cuestión de lo que ha hecho toda una bandera el peronismo desde el Gobierno nacional, también ascender hacia otra clase social superior o cuanto menos mantenerse entre los sectores medios, sin descender.
En el Gobierno, como está dicho, les restan importancia a los dichos de De Marchi, como a su nueva fuerza, de la que dicen no saber o no recordar cómo se llama. En reserva sacan a relucir, a modo de chicana, que casi cuatro años atrás, también para la época de las elecciones de aquel momento, la provincia debió intervenir en Luján porque la gestión de De Marchi se demoraba en la erradicación de un basural ubicado sobre la ruta 7, en las inmediaciones de la Penitenciaría, y que hacía peligrar la radicación de Simplot, la elaboradora de papas fritas congeladas que trabaja a todo vapor.
“Casi perdemos esa inversión por él”, dicen en Economía. Y sobre Los Haroldos, en principio, en Mendoza se tiene otra versión a la que se distribuyó en San Juan, desde el Ministerio de la Producción que conduce Ariel Lucero.
En San Juan han comentado que interesaron a Los Haroldos, la bodega que alquila instalaciones en esa provincia, a sumarse a una línea de beneficios fiscales con el fin de radicar una línea de fraccionamiento de sus productos, en vez de traerlos a Mendoza como ha venido haciendo desde unos tres años a esta parte. Para el Gobierno mendocino se trata de otra cosa, más cercana a la política y al marketing que a medidas económicas. Dicen aquí que en San Juan le habrían ofrecido una máquina desalcoholizadora de vino para tentarla a ampliar su operación que no es otra que comprar uva y moler en una bodega alquilada y traer la producción a Mendoza.
“La marca Mendoza pesa más que nada, más allá de la política de subsidios y de atracciones varias que usa San Juan”, cierran, en otro capítulo más de una serie política que discurre por temas cuasi ramplones y de baja estofa.
