Si Javier Milei llegase a la Presidencia –y está claro que bien podría hacerlo- ya que emerge como el favorito en las encuestas previas a la clave elección del 22 de octubre, y, si en ese caso diera cumplimiento a pie juntillas con lo que viene prometiendo durante la campaña electoral el libertario, como “el plan de la motosierra”, las provincias se quedarían sin obra pública financiada desde la Nación, al menos, bajo el modelo que
históricamente, se ha aplicado desde el presupuesto oficial y sin los recursos originados en lo que se conoce bajo el nombre de las transferencias discrecionales.

Ambos contenidos o conceptos generales, que envuelve “el plan de la motosierra”, fueron reconfirmados este jueves por el propio Milei en un almuerzo que organi-
zó su amigo Juan Nápoli, candidato a senador nacional por La Libertad Avanza (LLA), el partido de Milei, y dueño del Banco de Valores, en Mar del Plata. El evento, al que asistió casi un centenar de empresarios de las compañías más importantes del país, fue considerado una suerte de contracoloquio al encuentro de IDEA, que todos los años se realiza, de manera tradicional, en la ciudad balnearia. Y Nápoli, el organizador, planificó todo de tal manera que la charla de Milei coincidiera con la que a esa hora daba Patricia Bullrich, acompañada por Luis Petri, en el Sheraton, en el evento oficial que termina
este viernes y que fue convocado bajo el lema “Argentinos: volvámonos a ilusionar.
Hagamos que valga la pena”.

Lo que viene para la Argentina es claramente incierto. Lo único que parece estar claro es que quien gane deberá emprender un camino diferente de todo o mucho de lo que se ha venido realizando hasta ahora. Lo del nuevo contexto, el borrón y cuenta nueva, el fin de ciclo, parecen cuestiones fuera de discusión. Parece fuera de discusión, porque nada puede asegurarse en un país que a lo largo de su historia vio comenzar nuevos ciclos que prometían una configuración diferente de lo conocido y, sin embargo, volvió a caer siempre en los mismos escenarios de angustia, desconsuelo, impotencia y desesperanza. Para no ir más lejos en el tiempo, ese humor social convencido de nueva época o nuevo orden, si se quiere, se pudo percibir en 1983 con Raúl Alfonsín; en 1989 con Carlos Menem; en 1999 con Fernando de la Rúa; en el 2003 con Néstor Kirchner y en el 2015 con Mauricio Macri. Cuarenta años imaginando tiempos mejores por venir, siempre por venir y nunca alcanzados, claramente, a la luz de la realidad que nos rodea.
Si la motosierra de Milei avanza sin contratiempos sobre los bolsones improductivos que el posible sucesor de Alberto Fernández promete eliminar, recortar o transformar, la Mendoza de Alfredo Cornejo sufrirá algún que otro remezón frente a lo que está establecido o que viene como estándar en la relación Nación-provincias desde mucho tiempo. Y, seguramente, Cornejo, quien hace alardes de su virtud de planificar con
tiempo, adelantándose a escenarios que el común de los mortales no advierte, debe tener estudiado el panorama con un Milei gobernando y cumpliendo, lo que no siempre es lo mismo. Un Cornejo que le ha dado a la macroeconomía un rol más que trascendente como condición para el despegue de la provincia, hay que sumar, además.

Si la obra pública se frena y queda supeditada a la iniciativa privada, el nuevo gobierno de la provincia deberá diagramar un plan de acción que, indefectiblemente, deberá tener en cuenta una buena dosis de seducción sobre los empresarios, locales y foráneos, a que se vean tentados de invertir en Mendoza en materia de infraestructura general, más allá de lo que el presupuesto provincial pueda financiar por sí mismo. En ese caso, el uso y el destino de los 1.023 millones de dólares de Portezuelo cobrarán una importancia más relevante que la que ya tienen, quizás. Y si bien es cierto que en los últimos años la Nación no tuvo a Mendoza entre las principales destinatarias del presupuesto nacional para obra pública, hay que decir que eso que llegó como en un par de rutas relevantes todavía en construcción y frenadas, un puñado de viviendas en los departamentos, más otras destinadas al saneamiento y plantas depuradoras, deje de existir obligando a dar cabida a otra estrategia y otro concepto para cristalizar inversiones. Probablemente, no tenga problemas con el recorte o la eliminación de las transferencias discrecionales porque no llegaron en gran número, claramente. Las diferencias políticas entre el Gobierno nacional y la Provincia alimentaron una fuerte discriminación hacia Mendoza.

Sin embargo, si esa forma de asistencia a las provincias deja de existir, no hay que descartar que se afecten otras partidas también que han dependido de la negociación y el poder de lobby de las provincias en la Nación para conseguirlas.

La motosierra de Milei asegura que avanzará sobre otros bolsones improductivos o fuentes de actos poco transparentes y opacos y hasta de hechos de corrupción.

Por caso, Milei enumeró los subsidios económicos que también serán eliminados y que podrán afectar la prestación de servicios públicos como el transporte. Aunque el propio Milei se preocupó de aclarar que, cuando se retiren los subsidios económicos, se hará prestando atención al “recalibre” de la ecuación financiera de los contratos para no desbalancear a las empresas y evitar “que el impacto en los precios sea mínimo”.

Según Milei, el surco cortante de su motosierra pasará por los regímenes de privilegio de las jubilaciones, por el déficit de las empresas públicas, las que serán privatizadas o “entregadas a sus empleados” y desde ya que, reiteró, por la eliminación del Banco Central, usado, de acuerdo con el libertario, por los políticos, para robarles a los argentinos.

Y, a propósito de la casta, Milei también aprovechó para definir el concepto de casta, que asegura enfrentará y atacará: “La casta son los empresarios prebendarios que hacen negocios con el Estado, no los que sirven al prójimo, que han priorizado la calidad y el mejor precio de sus productos: estos son héroes, no casta”, aclaró Milei. Y siguió: “Casta son los políticos corruptos; los sindicalistas que entregan a sus trabajadores; los micrófonos ensobrados, que ocultan los negocios inmundos y los profesionales cómplices del Gobierno que le dan una pátina intelectual al robo del Estado, como algunos economistas, abogados y los encuestadores que mienten”. Lo que se dice, un Milei recargado, que no deja de presentarse como el próximo presidente de los argentinos y el que liderará un proceso de reconstrucción de la Argentina que en 35
años se convertirá en potencia mundial.