No hacen falta poderes adivinatorios para anticipar que, de todas las personas que leerán esta nota, quien mayor atención le prestará será la vocera presidencial, la Ministra de la Verdad, la poco querida Gabriela Cerruti.

Es que cada entrevista que la periodista Silvia Mercado realiza sobre su reciente libro “El presidente que no quiso ser. Traiciones, vicios y secretos del último presidente peronista” es auscultada en sus mínimos detalles por la burócrata cotillera para después enviar mensaje a la autora con recriminaciones y hasta amenazas.

Es de esperar que la de hoy no sea una excepción.

El libro de la colega tiene como valor estar escrito por alguien que tuvo acceso a fuentes muy cercanas al presidente, pero no desde ahora, sino desde hace décadas.

Mercado los conoce, les pregunta, cuenta.

El inconveniente de esta recolección de datos de fuentes de primera mano es que las traiciones, vicios y secretos de Alberto Fernández no quedan anotados frente a escribano ni hay registro fotográfico de las transas, entonces sólo se juega la credibilidad de la narradora.

¿Cómo se prueba el pacto espurio, la palabra susurrada, la puñalada trapera realizada en la penumbra del poder?

Por eso Mercado prefiere ahora que ya todo está revelado en las 255 páginas del libro contestar con una prudencia que la aleje de las amenazas recibidas.

Total, ya está escrito.

– ¿Por qué alguien que decide ser presidente, que consigue que el 48 % de los argentinos lo elijan para eso, una vez logrado su objetivo, no quiere ejercerlo?

– El libro intenta contestar esa pregunta: ¿por qué no asume el liderazgo sobre todo siendo que Argentina es un país presidencialista? Nunca fui de los periodistas predilectos de Alberto, pero he podido comprobar que nunca tuvo vocación de liderazgo, más bien de estar atrás. Estar adelante al principio lo conflictuó, después lo terminó disfrutando, pero no para hacerse cargo del trabajo. Él se imaginó llevando adelante un método que consistía en sostener la coalición, dejar a todos contentos con la gestión y de algún modo cumplir con un pacto que había que él iba a gobernar cuatro años y después el gobierno le iba a caer a un verdadero heredero de Cristina, Máximo (Kirchner) por ejemplo, el que más le interesaría a Cristina.

En el libro, Silvia Mercado dice: “Fue cuando el círculo más allegado al Presidente empezó a comentar que Alberto había cobrado una suma importante en millones de dólares para aceptar la candidatura, que estaba ‘atado’ por ese compromiso del que Cristina tenía pruebas guardadas, como forma de garantizarse que no volvería a traicionarla”. En entrevistas recientes, Mercado aseguró que se habría pagado una parte de un botín de cerca de 30 millones de dólares que sería completado al final del mandato.

En el libro también aclara: “Hasta ahora, sin embargo, no hubo forma de probar que entre Cristina y Alberto haya existido un acuerdo económico que comprometa al Presidente”.

– ¿Qué se sabe de ese pacto?

– Sobre el tema del acuerdo económico no me quiero extender porque no vi el documento, me baso en fuentes muy confiables y seguras que consulté, pero bueno, eso es lo que realmente más le molesta al Presidente y a la que todavía es portavoz.

– ¿Esos son los datos que más molestaron? ¿Te lo dijeron?

– Sí, tengo todas las llamadas en mi teléfono. Entiendo que para el Presidente sea injurioso, pero digamos que en el mundo de la política es un dato que ha circulado muchísimo y finalmente no me parece lo más grave que aparece en el libro, por ejemplo su historia política.

– Hacés hincapié varias veces en los orígenes políticos de Fernández en las filas del nacionalismo, el ocultamiento de ese origen. Vos conocías el personaje. Sin embargo, teniendo esto en cuenta da la impresión de que tenías cierta esperanza en él cuando asumió.

–  SÍ. Yo pensé iba a lograr cerrar la grieta. A mí la grieta no me hace bien, en lo personal, en lo profesional me hace daño porque hay mucha gente de este lado de la grieta que no me gusta, definitivamente me desagrada, por el contrario hay gente del otro lado de la grieta a la que quiero.

– ¿Por qué llegamos a esto?

– Evidentemente es una necesidad del kirchnerismo de hacer de la grieta una estrategia de construcción de poder. Argentina estaba en un proceso de cierre de grieta y llega Néstor Kirchner y le echa sal a esas heridas que son muy dolorosas. A pesar de que no voté a Alberto Fernández, voté a Macri con mucha seguridad y convicción a pesar de que sabía que iba a perder, pensé que Alberto Fernández iba a poder cerrar esa grieta.

– ¿Qué te parece que le pasó? ¿No pudo, no quiso, no supo?

– Lo que no podía darme cuenta en ese momento era que en realidad a Alberto Fernández no le interesa nada; no tiene responsabilidad de nada; no tiene opinión sobre ninguno de los temas; no tiene empatía con Argentina, ni con el proyecto kirchnerista ni con el proyecto antikirchnerista. O sea básicamente es una persona sin valores.

– ¿Y cuáles son sus intereses?

– Continuar con un statu quo que le va marcando la realidad a lo largo del tiempo. Si una persona cuando gobernaba la dictadura estaba en el nacionalismo, cuando gobernaba Alfonsín estaba con el alfonsinismo, cuando gobernaba Menem estaba con el menemismo, siempre se fue acomodando. Es un acomodaticio.

– Cuando sos presidente tenés otras responsabilidades….

– Básicamente hay desprecio por la gestión de un país, por llevar adelante un rumbo. Hoy es un rumbo, mañana lo cambia y es lo mismo. No tiene ninguna responsabilidad.

– Él dijo hace poco: “Lo único que tengo para dejar a mis hijos es la honestidad”. Vos contás casos muy graves de deshonestidad por parte del Presidente.

– Sí, casos gravísimos a lo largo de su historia que nunca lo enfrentaron a la Justicia. En la Superintendencia de Seguros él estuvo al frente, después lo dejó a su íntimo amigo, Claudio Moroni. En la Superintendencia de Salud lo puso a Claudio Capaccioli. En ambos casos él hizo estrategias de inutilización de esos organismos de control que deberían garantizar a los ciudadanos que el Estado controla los abusos de los privados. Hay personas procesadas y él no fue citado nunca ni como testigo.

– ¿Cómo lo consiguió?

– Desarrolló artesanalmente un talento para huir de la Justicia y para tener respaldo mediático. Se dio cuenta de que en esos casos, si no está involucrado en notas periodísticas, la Justicia no lo llama.

– En el libro hablás de Julio Nudler, el periodista de Página/12 que escribió una columna contando los desfalcos de Fernández y Moroni en la Superintendencia de Seguros. El diario prohibió la nota en un claro caso de censura, pero lo más increíble fue que un número importante de periodistas de ambos lados de la grieta salieron a defender la censura. ¿Eso fue por injerencia de Alberto Fernández?

– Si, yo creo que ahí empieza la grieta en nuestro gremio. Un montón de los nombres más importantes del periodismo argentino apoyaron la idea que era funcional a Alberto Fernández. Ese es el don de Fernández, así como no sabe gestionar, no le interesa, le da lo mismo, le interesa hablar con algún grupo de periodistas, le pasa información, le habla mal de sus socios. Le da a algunos periodistas un insumo que es imprescindible, información, y con eso los deja tranquilos. Y bueno, se callan la boca.

– El famoso “para proteger la fuente”.

– Sí, es parte de nuestra práctica, él se dedica mucho a eso. Uno que puede contar esta historia es Alfredo Leuco, que tenía una relación privilegiada con Néstor y Alberto, hasta que se negó a publicar lo que él sabía que eran mentiras. Y ahí empezó a tener problemas. Era otro momento del kirchnerismo donde te perseguían, te mandaban gente para que te des cuenta de que te estaban vigilando. Hoy es más evidente cómo actúa Alberto, sus límites personales, su calidad moral, pero muchos se callan por la información que le puede dar, porque los llama, les dedica tiempo.

– ¿Esto sigue así?

– Sí, se le tuvo a Fernández una paciencia que no se le tuvo a Macri, por ejemplo. El periodismo es esto también y hay que decirlo. Hoy empiezan a aparecer un montón de cosas porque el mismo kirchnerismo entrega esa información. Cuento en el libro lo que me contó el hijo de Julio de Vido, cómo veían en Casa Rosada periodistas que quiero y respeto muchísimo de verdad como Eduardo Van der Kooy o Joaquín Morales Solá que iban a verlo a Fernández y el domingo leía sus notas que eran lapidarias contra Néstor, contra Cristina, contra De Vido, al que mataban y con razón, pero bueno, Alberto también tenía lo suyo y nunca aparecía.

– Claro, era el que hablaba. ¿Esta relación privilegiada con la prensa y su manera de hacerse invisible en la Justicia, son las dos “virtudes” que Cristina vio para elegirlo?

– Sí, claramente y me lo han dicho. Ella creía que podía utilizar eso a su favor y no pudo. Tal vez Alberto quiso y no pudo, no sé, hay muchas cosas que me hubiera gustado preguntarle para el libro, pero él no quiso darme una entrevista

– ¿Es por ese blindaje de los periodistas que tardamos un año en enterarnos de la fiesta en Olivos?

– Es muy difícil saber exactamente qué pasa en Olivos. Creo que la información de la fiesta la filtró gente del kirchnerismo, ya con Cristina muy cansada del personaje que había elegido como presidente y encuentra un modo de hacer llegar esto en determinado momento, también cansada de las operaciones que supuestamente Alberto hacia contra ella y contra gente del kirchnerismo más duro.

– Lo decía porque el primero que descubrió el caso no fue un periodista de medios tradicionales, sino Gonzalo Vergareche, desde Twitter.

– Sí, él es el primero, es importante rescatarlo y también rescatar que los funcionarios están obligados a dar esa información.

– Entonces Cristina aprovechó que saltó el tema para agregar la foto.

– Hay comentarios que dicen eso. La información se refuerza con la foto y después aparecen los videos que según me contó Guadalupe Vázquez, “donde hay foto hay video”, y ella los consiguió de quienes estaban en la fiesta. Hay que decir que al principio Alberto Fernández niega esa foto, dice que está trucada hasta que aparecen otras fotos.

– ¿Qué dice de él el hecho de que su primera reacción fue negarlo?

– Muestra el limitado compromiso con la verdad y el descuelgue que suele tener, porque uno a veces entra en Casa Rosada y dice como que viven en un tupper; tienen una agenda que no tiene nada que ver con lo que uno ve en la calle.

– ¿Eso lo hacen para despistar o viven en Narnia de verdad?

– No, no, viven en Narnia, no te quepa la menor duda. El poder tiene ese problema, siempre digo que en Casa Rosada algo tiene el agua, algo le dan (risas) que los desconecta. También reconozco que es muy difícil gobernar la Argentina, sobre todo desde la aparición de las redes sociales, la demanda es para ya. Es muy difícil planificar, pero particularmente en el caso de Alberto Fernández, que nunca planificó nada; se reía de los excel de Macri.

– ¿Fue la única fiesta?

– No, no, hay cantidad. De verdad ellos pensaban que no tenían que seguir los protocolos, que eran para los demás. No es que decían “vamos a infringir”, no. Estaban convencidos de que no les correspondía. Es rarísimo. Siempre piensan así; todo es para los demás, para ellos nada. Igual, al final trasciende porque siempre hay alguien que quiere que te enteres.   

– ¿Como son las noches de Alberto?

– Ahora parece que está más tranquilo, pero han sido noches muy agitadas.

– ¿Qué significa eso?

– Él tenía ya una vida así, digamos, divertida, digamos de conquista a través de las redes sociales, con Whatsapp desde hacía muchos años. Lo particular es que siendo Presidente y ya con una pareja constituida y con responsabilidades de Presidente, continuó con esa vida. No lo digo yo, lo dijo Cristina Kirchner muy claramente en dos oportunidades. Hay mucha gente que dice que era su manera de tolerar el poder, como otro toma alguna medicación

– ¿El Presidente tiene una adicción sexual?

– A mí me han dicho que sí. A él le molesta mucho que se diga eso, yo no tengo ninguna prueba, pero la manera en que le molesta me hace pensar que algo debe haber. Hay mucha gente que está muy cerca de él que habla de eso. Yo había desarrollado bastante más sobre el tema, pero no apareció en el libro por cuestiones legales. Hay mucho detalle, muchísima información sobre esto. Es cierto, forma parte de su vida íntima, pero si eso perjudicó todos estos años de su gestión presidencial, excede lo íntimo. Sé que le molesta mucho que se hable de eso por eso trato de evitarlo

– Por eso lo estoy preguntando (risas)

– Claro, yo también entiendo eso, no sé cuánto tiempo más va seguir Gabriela Cerruti como vocera, pero mientras tanto ella me manda mensajes medio feos…

– ¿Por las notas que hacés sobre el libro?

– Sí, de acuerdo con las cosas que digo del libro.

– Te están controlando.

– (Ríe) El último mensaje directamente me dijo: “Consulte un abogado”.

– ¿Cuándo fue eso?

– El lunes (24/10).

– ¿Cómo es la relación actual con la Primera Dama Fabiola?

– Por lo que sé hoy no hay mucha relación entre ellos; era una de las chicas con las que tenía más relación.

– Una de las…

– Sí, la ventaja que tenía Fabiola era que era más ordenada…

– ¡Fabiola era la más ordenada y es la que hizo la clandestina en Olivos? ¡Cómo habrán sido las otras!

(En este momento de la entrevista, disculpen queridos lectores, el profesionalismo se fue al diablo y largué sonora carcajada, respondida por la entrevistada. Continuemos.)

– …Y ahora no tienen mucha relación…

– No, no. Se quieren, pero hay una relación distante. No podría decir que hay amor. Alberto ha estado muy enamorado por ejemplo de Vilma Ibarra, que es la actual Secretaria Legal y Técnica de la Presidencia, estuvo muy enamorado. Fue una relación muy larga, ahora están en muy buenos términos. Diría que Vilma tiene una gran capacidad de conducirlo; no le salieron bien algunas cosas, pero no es culpa de ella.

– De hecho, el cumpleaños de Vilma Ibarra también fue una fiesta clandestina en Olivos, hasta con Pedro Aznar.

– Sí, con los hijos de Vilma; el cumpleaños de Eduardo Valdéz también. Era el lugar ideal para festejar los cumpleaños. Estábamos todos encerrados, si vos eras amigo del Presidente, fantástico, te ibas a festejar la fiestita a Olivos.

–  Decís en el libro que entre Alberto y Cristina Fernández mantienen una relación tóxica.

– Alberto, con Néstor y Cristina, de algún modo conformaban un triángulo de poder, que fue eficiente en el sentido de que Alberto cumplía un rol de balanza entre Néstor y Cristina, que eran un matrimonio del poder y se transformó en un triángulo de poder. Realmente da para una novela fantástica porque es apasionante cómo se tramitaba ahí toda una escena de manejo de la Argentina. Al no estar Néstor, Cristina se sintió muy sola y bueno, todo indicaría que buscaba de algún modo recomponer algo de ese estadio donde ella se sentía segura, y bueno, cuando reconstruye eso, lo hace en el modo en el que está ahora, donde se odian, se disputan poder, compiten permanentemente, pero a su vez no pueden despegarse. Si eso no es una relación tóxica… Ni Alberto se despega de Cristina ni Cristina se despega de Alberto. No sirve para nada lo que tienen armado, pero no lo pueden cortar. También digo esto en relación a un libro de investigación muy bueno que pasó casi inadvertido porque salió en una época de enamoramiento de la sociedad con Alberto Fernández, el libro “Fernández y Fernández” de Franco Lindner.

– Él ahí da a entender cierta relación amorosa que hubo entre los dos.

– Sí, previa a que Alberto conociera a Néstor.

– Con todo lo que sabemos del Presidente, ¿qué año nos espera?

– Un año muy difícil. En parte escribí este libro para decir “bueno, miremos un poco lo que hacemos para adelante, y sobre todo lo que creemos”. Tampoco le exijamos al próximo presidente porque a éste no se le exigió nada al principio, pero miremos bien porque es muy angustiante lo que se viene. No sólo el próximo año, el último de Alberto, sino lo que va a ser la próxima gestión en medio de una situación económica gravísima. Entonces, me parece que hay que reflejar dónde estamos parados, hacia dónde va la Argentina, qué ha hecho el peronismo con nosotros individualmente y con el país.

– ¿Que hizo el peronismo con vos?

– Me quitó la ilusión de que éramos los buenos. Yo estaba convencida de que nosotros éramos los buenos de la película. Me di cuenta que no éramos los buenos leyendo “Perón y los medios de comunicación” que escribió Pablo Sirven. Me dije “¿qué es esto?” y empezó un proceso de despegue definitivo del peronismo, pero bueno, uno siempre le termina perdonando, hay algo de la personalidad peronista que es empática, protectora, que es muy argentina.

– Una vez en una entrevista José Pablo Feinmann me dijo que peronista se es para toda la vida, que así como nadie es ex cura, nadie es ex peronista.

– No lo creo para nada. El peronismo era esa familia a la que siempre podías volver y siempre te esperaba con los brazos abiertos, pero me parece que ya no. Se ha transformado en una maquina detestable, sólo les interesa la plata, es muy horrible.

– Sabemos que la entrevista va a ser leída con mucho cuidado por Gabriela Cerruti, ¿tenés algún mensaje final para ella?

– Que se tranquilice. Yo ya le dije: “Tranquilízate Gabriela, es un libro que sale para pensar quién es el presidente. Estamos obligados como argentinos pensar quién es el presidente de la Argentina, tranquilízate” y me dijo: “Yo estoy retranquila, la que tenés que preocuparte sos vos”.