Extrañas, imprevisibles, inciertas. Así se presentan las elecciones del 28 de junio en la provincia, advirtiendo que restan dos meses todavía y que la campaña aún no está lanzada. Es un momento especial también, que encuentra al oficialismo algo desestructurado y muy golpeado hacia afuera, aunque pretende y se esfuerza en dar una imagen de unidad y disciplina controlada. A la vez, es un tiempo muy particular para un sector de la oposición que se imagina, sueña y hasta ve un triunfo al alcance de la mano, por el momento de Celso Jaque y de sus candidatos.

    Las encuestas, todas, indican que el panorama viene muy feo para el justicialismo gobernante. Mucho más para el peronismo mendocino, el que encarna Jaque, el de los candidatos Adolfo Bermejo y Omar Félix, que para el oficialismo nacional referenciado en los Kirchner, Scioli y compañía. Mendoza es particular también en eso. Kirchner se basa en las candidaturas testimoniales: el santacruceño puede hasta demonizar a la oposición y se da el tupé de afirmar que si no votan a los candidatos de su esposa, Cristina, se desprenderá sobre el país un infierno.

    Y aunque desde algún sector se cuestione esa estrategia, esas formas, tales bravuconadas, los agravios a más no poder del momento, más lo que está por venir y que no sabemos aún, se descarta que buena parte de ese discurso prenderá y le dará los frutos que espera cosechar. Es cierto que más de uno puede analizar con algo de razón que en 1983, cuando Herminio Iglesias quemó el cajón de los radicales en aquel acto inolvidable, quemó también las posibilidades más remotas que podía tener un peronismo que no lograba seducir a los electores y que ahora, trazando un paralelismo, comparando los movimientos de Kirchner, puede pasar lo mismo.

    Pero son momentos históricos distintos. La hora no es la misma. Tampoco hay en la oposición un referente que pueda capitalizar el espanto que causa el ex presidente con sus llamaradas verbales. Julio Cobos es el único político en condiciones de beneficiarse. Pero el mendocino todavía tiene que ganar Mendoza y demostrarle al país que quiere de verdad conducirlo, que sabe cómo hacerlo, que tiene ideas, planes, proyectos y equipos y, sobre todo, convencer a la comunidad de que será fiel a los intereses comunes y que no sorprenderá con cambios de rumbos en el camino que propondrá a todos caminar juntos. Tiene todo para lograrlo, pero también todo para perder.

    La oposición que lidera Cobos, en Mendoza, se ve victoriosa en junio. Se lo dice la calle, las encuestas, y sus principales hombres están ansiosos para que su nave insignia comience a sobrevolar su encanto por los barrios. La ansiedad también está alimentada por la decisión de Víctor Fayad de ir por afuera. Hacia adentro del frente, lo de Fayad se toma como un indicio de debilidad del cacique capitalino. Como una muestra de su impotencia al no haber podido imponer su criterio y sus candidatos cuando se hizo la negociación entre la UCR y el Confe cobista. Fayad había pedido controlar Capital.

    No lo dejaron. Cobos no lo dejó. El vicepresidente que pudo sojuzgar a su adversario número uno, Roberto Iglesias, no acordó con Fayad, algo que para algunos dirigentes debió haber hecho aunque el precio a pagar lo considerara alto. El tener a Fayad por afuera puede complicarle las chances en la batalla por Mendoza. En el frente eso no se ve como una amenaza. Al contrario, como está dicho, afirman que Fayad enloqueció y que viene en picada.

    Sin embargo, su decisión tiene más sentido hacia afuera de los partidos, de cara al electorado no sólo independiente, también radical y también no radical ni peronista. Y, evidentemente, por supuesto que ha llenado de gozo al oficialismo y a sus candidatos porque estos, precisamente, en las divisiones de la oposición basarán su estrategia de campaña. Esto parece ser así porque tanto Jaque como los intendentes candidatos no desconocen que la imagen del Gobierno está por el piso y que poco se puede hacer si se intenta por convencer al elector de todo lo bueno que está haciendo y que hará esta administración.

    Primero, que no hay tiempo de mostrar nada y, segundo, que la gente parece no estar dispuesta a que le muestren nada porque está fastidiada y muy enojada. Entonces, mientras más alternativas existan en la oposición, mucho mejor para quien hoy está gobernando. Enrique Bollati, quien mide constantemente el humor del electorado, afirma que hoy gana el radicalismo, que el oficialismo no está en campaña todavía y que pelearía el segundo lugar con el PD de De Marchi y los Aguinaga.

    Pero, agrega, es mucha más la gente que no sabe qué hará. En ese contexto, el que sale beneficiado es el oficialismo, porque significa que, con toda la debilidad que muestra el Gobierno, hay una oposición que no saca ventajas todavía de ese plato servido en bandeja. Kirchner hará cualquier cosa para evitar que los allegados a Cobos se impongan el 28 de junio. Esa orden ha bajado en Mendoza: Cobos no debe ganar, cueste lo que cueste.

   Por eso se especula con que la jugada, al menos en recursos, puede costarle buena plata al propio oficialismo al alentar expresiones opuestas a su gobierno pero opuestas también a la UCR-Confe. Allí está el PD, allí está Victor Fayad y allí estarán todos los que se muestren distintos al Gobierno pero distintos a Cobos también. Para ellos habrá de todo. A falta de virtudes propias, bienvenida sea la confusión y el río revuelto.