Ubicado en Uspallata, sobre la ruta que conecta Argentina con Chile, este parador de 700 m² combina raíces familiares, arquitectura moderna y una propuesta gastronómica interesante. Forastero Errante no es solo una cafetería; es el resultado de un legado familiar.
La historia comienza con los abuelos Orlando y Edith, que llegaron a Uspallata como “forasteros” en busca de un futuro. Ese espíritu fue heredado por Rodrigo y Alejandra -creadores de la Casita Suiza en 2008- y hoy alcanza su máxima expresión con la tercera generación, conformada por Orlando, Julieta y Rosario.
“Hace 9 años a mis papás se les ocurrió la idea de abrir un parador distinto, algo que elevara la experiencia del turismo de montaña”, explica Orlando. Posteriormente, los cinco integrantes de la familia Molina retomaron este proyecto que estuvo en pausa durante años para convertirlo en un parador diferente.
Una marca con alma de viajero
El nombre del local rinde homenaje a quienes transitan la ruta hacia Chile o el Aconcagua. “Todos los que pasan por aquí son forasteros buscando un lugar donde sentirse bienvenidos”, explican sus dueños.
El concepto busca transformar lo que se considera una “parada técnica” en una experiencia sensorial, donde el diseño minimalista y rústico del local -que combina piedra, madera y hierro- ofrece un refugio de calidez y estética moderna.



Montar un establecimiento de estas características a más de 2.000 metros de altura no fue tarea sencilla. La logística se convirtió en el principal desafío: cada material de construcción debió ser trasladado desde la ciudad de Mendoza, enfrentando las exigencias del clima y la distancia.
“Hemos conformado un equipo de trabajo cálido, comprometido y apasionado por brindar una gran experiencia al visitante. Muchos de nuestros colaboradores son de Uspallata, lo cual nos llena de orgullo porque sentimos que este proyecto no solo es nuestro, sino también del pueblo”, añade Orlando.
Café de especialidad y sabores con raíz
El corazón del parador es su barra de café de especialidad. Trabajando con granos del tostador mendocino Cumbal, y bajo el liderazgo de Rosario como barista, buscan que cada taza sea perfecta. El “Latte Errante” es la creación estrella que combina café con jarabe de caramelo y nueces garrapiñadas trituradas.
El menú, diseñado por Alejandra para “ser una carta que tenga alma”, se apoya en los productos de estación, apostando por lo casero con opciones como la Forastero Toast, una reversión que incluye el tradicional tomaticán mendocino y huevo poché o el Omelette Forastero, con queso azul, nueces de la finca familiar y tomillo silvestre de la zona.



La cocina es 100% casera y rotativa, con platos dulces como lemon pie, torta de zanahoria, brownie con nuez, entre otras, que cambian según la temporada. El rango de precios va desde $3.900 para los cafés, productos dulces desde $4.500 y platos salados entre $5.500 y $11.500.
El futuro: de Uspallata al mundo
A pocos meses de su apertura, la familia ya proyecta la expansión de la marca.
“Nuestra visión es escalar Forastero como una marca que trascienda Uspallata, con productos propios como alfajores y nuestras nueces, y llegar a otros puntos del país o incluso al exterior. Y por supuesto, que todo eso mantenga el espíritu con el que nació: el de una familia que se animó a soñar en grande desde un pueblito de montaña“, concluyen.
El local funciona todos los días, en horario de 8 a 21.
